Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Mangos de Las Sartenes
Eduardo García Gaspar
11 abril 2003
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si reconocemos que nuestro país es uno de personalismos, eso nos ayudará a entender lo que sucede en él. Me explico.

Para los mexicanos, los presidentes han sido monarcas. Los presidentes no han recibido el tratamiento lógico que les da una democracia, sino el tratamiento de seres privilegiados.

Puesto en otras palabras, nuestros presidentes no han sido servidores públicos, sino guías mayores de los que esperamos soluciones amplias y todopoderosas. Prueba de esto es que desde principios de la Revolución, nuestros ismos no fueron los que se dieron en otras partes.

México no habló de liberalismo, ni de socialismo, ni de capitalismo, ni de comunismo. Los ismos que usamos fueron relacionados con los personajes del momento, como carrancismo, villismo, zapatismo, obregonismo.

Luego nos movimos a ismos más actuales que se recuerdan fácilmente, como echeverrismo, salinismo, zedillismo y desde luego, ahora, el foxismo.

La desventaja de esto es obvia, con el ocaso de cada uno de los personajes también cae su ismo, para surgir otro que retoma las consideraciones de ser el salvador mágico que guiará al país al destino que merece. Esto, desde luego, inevitablemente produce una nueva desilusión que es sustituida por una nueva.

De estos casos de nuevas ilusiones y expectativas fantásticas, ninguna tan espectacular como la creada por Fox y, destinada sin remedio, a producir lo irremediable, una nueva serie de desilusiones tan grandes como fueron las ilusiones creadas.

Otra prueba de esto es la serie de desilusiones que el país tiene con la presente administración. Por irreal que haya sido esperar grandes cambios en estos años de foxismo, el hecho es que se esperaban.

Y al no tenerlos, es casi seguro que la población votante se mueva al siguiente ismo, el que más popularidad alcance y más ilusiones cree entre los ciudadanos.

Si desnudamos el asunto de los ismos, podemos ver que sí funcionaba antes, pues dentro del sistema anterior el presidente no se preocupaba por la división de los poderes. La posibilidad de oposición de diputados y senadores era tan remota como la que yo tengo de salir a cenar con Nicole Kidman.

Todo se arreglaba tras bambalinas con el presidente teniendo los mangos de todas las sartenes. Gobernar no era sencillo, pero no existía la posibilidad de enfrentar al presidente, el gran dispensador de favores y castigos.

Eso era antes, porque ahora las cosas han cambiado en serio. Nos llegó la democracia, la división de poderes, pero no hemos cambiado el papel del presidente. Seguimos creyendo que es el todopoderoso guía capaz de lograr milagros.

Es decir, lo que pensamos que el presidente es no tiene nada que ver con la democracia. Ya no puede ser el todopoderoso redentor del país, aunque quisiéramos que lo fuese. Dentro de una democracia, el presidente deja de ser un personaje mágico para convertirse en un simple ser humano (recuérdese a Clinton y Kennedy con sus asuntillos).

El presidente deja de ser un ismo personal para ser lo que debe ser una institución entre varias dentro del gobierno y eso irremediablemente causa desilusión. El ser mágico resulta ser un simple humano.

Igual que si uno cena con Nicole Kidman y resulta que ella tiene mal aliento. La idealización que uno hizo del personaje cae por los suelos. Eso nos sucede en México.

Por tener ismos que están basados en personas, la desilusión es pan de todos los sexenios. El remedio, desde luego, está en pensar más en instituciones que en personalismos, en ideas más que en personas. Pero eso es muy nuevo para México. Recibimos la democracia de golpe, como un juguete ansiado que llegó sin instrucciones.

Aún creemos que la democracia es sólo tener elecciones que dan la victoria a un candidato que va a producir milagros y al que debemos dar rienda suelta para que haga lo que desee. No, la democracia es bastante más complicada y, desde luego, no es un ismo personalista.

La cosa empeora notablemente con la actuación de la administración de Fox, un ser humano lleno de defectos como el resto de los humanos, a quien se le quieren pedir los mismos milagros que hacían los presidentes cuando ellos tenían agarrados todos los sartenes por el mango y a los diputados y senadores por otras partes corporales.

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