Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Ocios Divinos
Eduardo García Gaspar
11 junio 2003
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Se dice que todo puesto en una empresa genera su propio trabajo hasta el punto de saturarse, sea o no necesaria la función.

En los gobiernos, toda institución crea igualmente sus propias tareas, sean o no necesarias, hasta llenarse de trabajo.

Y esto viene a cuento por las declaraciones que escuché por radio de un funcionario que pertenece a la Procuraduría de la Defensa del Consumidor, en México.

Dijo ese funcionario que “vigilarán las discotecas y bares para evitar que en ellas se discrimine a la gente y para evitar que las mejores mesas estén condicionadas a la compra de una botella”.

A eso se dedican nuestros impuestos. Vayamos, si usted quiere, a examinar esa actividad de la Profeco. Lo que, desde luego, comienza por ver algo de esto con sentido común.

Digo, porque hasta donde yo sé las discos y bares no están bajo un régimen de control de precios, ni pertenecen a la canasta básica.

Si yo soy dueño de un bar y las mejores mesas deben comprar una botella, allá yo y mis precios. Si tengo éxito o no, ése es mi problema y no necesito a un burócrata que me venga a decir los precios que deben tener mis tragos.

Yo, como propietario, decido mis precios y mi estrategia. Por ejemplo, puedo tener un bar en el que toda la cerveza es gratis, pero cada ida al baño vale mil pesos.

Si la gente va o no, ése es mi asunto y de nadie más. Yo invertí el dinero, inventé el negocio y sufro las consecuencias de mi éxito o fracaso. Nada tiene que hacer allí ese funcionario que nada tiene en qué ocuparse.

El asunto va más allá. Si me obligan a acomodar a las personas en el orden en el que ellas llegan, para evitar discriminaciones, y poner en las mejores mesas a quienes llegan primero, eso es discriminación. Estaría discriminando contra quienes no pueden llegar temprano, por la razón que sea (quizá trabajan más).

Porque, en última instancia, lo que se hace en todo negocio se hace discriminando. Por ejemplo, Ferrari discrimina contra todos los que no pueden pagar los precios de sus autos y el orden en el que lleguen a la distribuidora de autos de nada sirve.

El Chevy pequeñito discrimina contra los que pesan más de 100 kilos o miden más de 2 metros.

Nadie se queja de eso. Las computadoras discriminan contra quienes no saben leer o ignoran cómo funcionan los programas. Los museos discriminan contra quienes no gustan del arte. Los bares discriminan contra los alcohólicos.

Las discotecas contra quienes odian el ruido. Los restaurantes de mariscos contra quienes odian esa comida. Las lociones bronceadoras contra los negros. Y esas discotecas contra quienes no quieran pagar una botella para lograr una mesa.

Nada hay de extraño en todos esos hechos diarios. Si alguien pone un restaurante que sólo admita a los gays, no creo que la gente de la Profeco se ponga en la entrada para forzarles que admitan a los que no son de ese tipo.

Si alguien pone un restaurante vegetariano, nada tiene que hacer la Profeco para obligarles a poner platillos de carne y no discriminar contra los que no son vegetarianos.

Un negocio es una propiedad privada cuya estrategia de negocio es responsabilidad de su propietario, sin que venga un burócrata a modificar su estrategia. Mientras no lastime a nadie, puedo hacer lo que yo quiera.

Si se me ocurre poner una tienda de objetos para zurdos, nadie me puede reclamar que estoy discriminando contra los derechos.

Los precios de lo que vendo son mi decisión. Porque siguiendo esa actividad tonta de evitar que se cobren con una botella las mejores mesas, la siguiente actividad lógica de la Profeco sería el poner a uno de sus burócratas para que se impida cobrar más por un Lincoln que por un Focus.

Las mesas mejores valen más que las mesas peores, igual que las casas de lujo valen más que las de interés social.

Cuando nada se tiene que hacer, el ocio extravía a la mente y le hace emprender las más extrañas acciones, como ésa de la Profeco para cuyo distorsionado propósito se emplean impuestos que pagamos amenazados con penas corporales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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