Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Otros Matrimonios
Eduardo García Gaspar
1 diciembre 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


A pesar de que no lo crea usted, muchos ejecutivos de alto nivel se casan dos veces o más.

Un matrimonio es el normal que todos podemos conocer. Los otros casamientos son sus terquedades con ciertos proyectos e ideas que ellos crearon y sostienen.

E incluso, algunos, son más fieles a sus proyectos que a sus esposas. Me explico.

En mis más de 30 años de trabajo, muchas veces he visto ese síndrome, del que también he sido víctima: un proyecto dentro de la empresa, por ejemplo, el lanzamiento de un producto o la instalación de un sistema, se convierte en el favorito de uno o más ejecutivos.

Ellos van a defender ese proyecto hasta el límite de sus fuerzas y más allá de toda demostración contraria.

En este matrimonio contraído entre el ejecutivo y su proyecto, no todas las cosas son malas como podrían suponerse a primera vista. Es muy posible que la idea del proyecto sea tan nueva que todos lo rechacen sin ver su enorme potencial.

Recuerdo un caso de los años 70, en el que un cliente de la agencia donde trabajaba yo se oponía a una campaña realmente novedosa. Un grupo de ejecutivos de la agencia nos empeñamos en luchar por esa campaña y ganamos.

La campaña fue quizá la más memorable de esa década. Pero las más de las veces sucede que ese matrimonio se hace con una idea mala, de escaso potencial. No importa.

El ejecutivo o grupo de ellos la defenderá a capa y espada, durante un largo tiempo, sin considerar otras ideas, ni siquiera modificaciones ligeras. Generalmente ése es el resultado del orgullo, pues las ideas así resguardadas suelen serlo por tratarse de invenciones propias.

El ejecutivo defenderá su idea porque es suya. Esa actitud no está mal en sí misma y de hecho es bueno que suceda, pero cuando se pasa de cierto límite, constituye uno de los mayores errores que se pueden cometer. Desde luego, el asunto empeora cuando es toda la organización la que se ha casado con un proyecto malo.

Recuerdo la historia que me narraron sobre el lanzamiento de una cerveza de cierto tipo, en la que todo indicaba que era una mala idea, pero la empresa lo hizo con un mal resultado final.

Mi punto es ir más allá de lo que usualmente se afirma en la literatura de negocios. En ella se considera un error el casamiento con un proyecto y su defensa fuerte y dura. No necesariamente.

Primero, desde luego, es de admirar al ejecutivo que pelea por sus ideas, pues él es mejor que el ejecutivo conformista que dice que sí a todo.

Hay una posibilidad de que el ejecutivo y la idea con la que está casado tengan la razón y sólo sean rechazados por una organización miedosa y envidiosa.

Pero también existe la posibilidad de que sea una terquedad sin sentido que llevará a gastos innecesarios e inversiones fracasadas. Por mi parte, aún no tengo un principio para distinguir claramente entre ambas posibilidades.

Mi único consejo es ver caso por caso y hacerlo con la ayuda de una persona externa que permita un punto de vista fresco, ajeno a la organización, sin que eso sea un juicio final. Y es que demasiadas veces las organizaciones son muy poco inclinadas a aceptar lo que más les conviene.

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