Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Peligros Del Complot
Eduardo García Gaspar
10 febrero 2003
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Creo que todo empezó cuando hace muchos años, realmente muchos, en una conversación un amigo expresó la idea de que nosotros en México éramos pobres porque eso era una ventaja para los EEUU, a cuyo gobierno le convenía tener un vecino miserable.

Nunca he entendido esa manera de pensar.

Digo, no sé a quién le conviene que en la casa de junto viva un familia cuyos miembros entran a la suya sin permiso.

Igualmente, la mayoría de las inversiones de países desarrollados se hacen en otros países desarrollados y no en las naciones pobres. Las inversiones japonesas se hacen mayoritariamente en EEUU y no en México. Holanda, Suiza, Francia tienen grandes inversiones en EEUU y ese país las tiene en Europa.

Nunca he entendido ese razonamiento de mi amigo y, peor aún, creo que pensar en complots así lleva riesgos que son graves. Uno de esos riesgos es el de explicar la pobreza propia como voluntad de un tercero.

Los fracasos propios no son así una responsabilidad individual, sino el acto de otro.

Esto es un fomento total a la irresponsabilidad personal, pues la causa de mis fallas es trasladada a otros y yo aparezco como la víctima inmaculada. Vaya, que sostener esa teoría es igual a renunciar de por vida a explicar que es lo que yo hago la causa de mi éxito o de mi fracaso.

Peor aún, apoyar teorías de complot con ésa, paraliza la razón. Es una bobada.

Cuando yo encuentro satisfactoria una explicación de un fenómeno ya no me preocupo por buscar otras explicaciones que pueden ser mejores y conducirme a mejores decisiones.

Si, como mi amigo, creo que la causa del subdesarrollo mexicano es un complot del gobierno americano, me quedo contento, sin buscar causas de miseria como las políticas mexicanas de economía y, cuando mucho, mis acciones estarán orientadas a hacerle recordatorios maternales a los norteamericanos.

Las explicaciones que utilizan la complot como explicación de lo sucedido no tienen límite.

Allá por los años ochenta, por ejemplo, se manejó con seriedad la idea de que los norteamericanos habían desarrollado una tecnología que era capaz de desviar huracanes y que lo habían hecho para hacer que las lluvias llegaran a sus tierras y no a las mexicanas.

Supongo que de haber sido cierto eso, la primera prioridad de los EEUU hubiera sido la de hacer llover en el sur de California, lo que no sucedió.

Otro peligro de los complots es el crear terquedad mental. Quien está convencido de que algún complot explica algo, ya no oye más razones, especialmente las contrarias.

El complot se convierte en la verdad revelada, aunque sea ella una fantasía contraria a toda evidencia. Y, como desde luego, el complot es un secreto bien guardado, no existen pruebas para demostrarlo, pero tampoco para negarlo.

La sola hipótesis de un secreto es causa suficiente para aceptar la existencia de un complot perfectamente organizado, exitoso y sin fallas.

Es ése otro de los peligros de creer en complots, el de partir de la idea que existen seres humanos sin fallas, que reunidos en algún lugar secreto, son capaces de predecir el futuro sin que nada se les escape y realizar actos perfectos planeados sin errores. Bahía de Cochinos habría sido exitoso de acuerdo a la teoría del complot.

Sin embargo, hay que reconocer que muchas cosas se hacen en secreto. Si dentro de una familia existen secretos acerca de, quizá, alguna parranda del marido o la receta secreta de la abuela, es obvio que también haya secretos en el resto de la sociedad.

Pero tener un secreto o intenciones ocultas no significa la existencia de un complot de recursos ilimitados y perfectos planes de largo plazo.

En otras palabras, los complots tienen sus peligros y los más grandes peligros de los complots provienen de creer en ellos a ciegas y de darles el poder de explicar todo lo que acontece en el mundo.

¿Hay reuniones secretas? Desde luego, hasta en los hogares. ¿Hay intenciones ocultas? Sí, también las hay, como en las en las familias y en empresas. Pero creer en los complots corre el riesgo de anular el uso de la razón y fomentar la irresponsabilidad. Prefiero pensar que todo lo que no puede ser probado debe ser negado.

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