Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mande la Pizza al 10C
Eduardo García Gaspar
24 febrero 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Quienes viajan mucho por razones de negocio suelen jugarse a sí mismos una broma.

Dicen ellos que en caso de tener que pedir una pizza a domicilio, lo que harían es hablar y pedir su entrega al asiento 10C de la aerolínea que más utilicen.

Reconozcamos de entrada ese fenómeno, que es muy común. Yo lo he vivido en casi todas las etapas de mi carrera.

Cuando trabajaba en Leo Burnett, una de las más grandes agencias de publicidad, era cuestión de rutina estar en Chicago, Bogotá, Caracas, San Juan, Madrid, Ciudad de México y Chicago otra vez.

Más tarde, en lo que fue Seguros Comercial América, durante doce años, hice más o menos, entre cincuenta y sesenta viajes anuales en promedio. Viajar tiene su encanto.

Casi siempre es un motivo de estatus alto entre los ejecutivos. Digo, hablar de haber estado en Nueva York y tener que ir a Santiago es lucidor, lo mismo que haber comido en La Grenouille o en el Gran Vatel. Tratar con otras personas de otras culturas en otros ambientes tomando grandes decisiones… todo tiene su fascinación.

Pero viajar tiene su desencanto también. Todos los aviones son iguales, aunque se viaje en primera clase. Todos los hoteles son iguales. Todas las oficinas son iguales, y las salas de reunión, y los reportes y los aeropuertos.

Hacer maletas es una molestia, lo mismo que pasar la aduana y esperar en los aeropuertos los retrasos en los vuelos.

Todo lo anterior es la faceta personal del ejecutivo que viaja. Hay otra faceta, la de la empresa, que es más sencilla, pues sólo se trata de calcular si la inversión en el gasto de viaje más el costo por el tiempo ejecutivo es redituable.

Ignoro si se han hecho cálculos de rentabilidad al respecto, pero en general mucho me temo que los viajes ejecutivos rentables sean más la excepción que la regla. Si tomamos la posición extrema lógica, cada empresa local tiene un director general que debe ser capaz de manejarla por sí mismo.

Es decir, los viajes de supervisión a la empresa local parten del supuesto que ella no es capaz de administrarse, lo que pone en tela de juicio la selección de los ejecutivos locales.

En lo general, no parece una buena idea viajar por motivos de supervisión, al menos con frecuencia. La reuniones aisladas, poco frecuentes, de tipo general, sí creo que sean útiles, al igual que los viajes que significan intercambio de experiencias o transferencia de know-how, siempre que no puedan hacerse por otros medios.

Pero lo que me temo es que una buena cantidad de viajes de negocios tengan una escasa justificación de rentabilidad y sean buscados por el ejecutivo que está en la inercia del viajero frecuente.

A dos años de dejar de ser un viajero ultra-frecuente, creo que puedo echar de nuevo un ojo a la idea descentralizadora, la de dejar que la gente local sea responsable por sí misma, sin necesidad de supervisión in situ, abriendo un espacio a la posibilidad de que el ejecutivo tan apreciado como para darle una jugosa cuenta de gastos de viaje, nos dé resultados locales y tenga una carrera en la que su familia y sus hijos jueguen el papel que deben tener y que es el principal.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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