Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Martillos y Clavos
Eduardo García Gaspar
18 julio 2003
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace más de treinta años aprendí una lección que nunca se me olvidará.

Trabajando en Chicago, varios mexicanos pasábamos por un entrenamiento en técnicas de investigación de mercados.

Una de ellas era particularmente atractiva, tanto que todos nos “enamoramos” de ella. La queríamos usar para resolver todos los problemas que se nos presentaban… hasta que uno de los viejos lobos de mar que actuaba de instructor nos dijo algo que se me quedó grabado.

Literalmente nos dijo,

“Nunca se enamoren de técnica alguna. Cada metodología tienen sus ventajas y desventajas, tienen sus usos. Es como el mecánico que tiene sólo un martillo como herramienta favorita. Quien en su mente únicamente tiene un martillo, por todos lados va a ver clavos. Y el mundo no está formado solamente por clavos. Hay tornillos, tuercas, bandas y muchas cosas más en el mundo”.

La historia viene a cuento por una de las facetas menos estudiadas de nuestra política y que, desafortunadamente, crea serios problemas.

Nuestros políticos padecen sin lugar a la menor duda el síndrome del martillo y por todas partes ven clavos. Me explico y pruebo mi punto.

Suponga usted que en una ciudad se padece un problema de inseguridad; esto, de inmediato, como reflejo condicionado, provocará una reacción cierta en el político, la de crear un organismo gubernamental encargado de resolver el problema.

Suponga usted que existe el problema de violencia familiar, en automático el gobernante va a pensar el crear el Instituto de la Conciliación Familiar.

Si acaso existe en el país una preocupación por el desarrollo de deportistas, como perro de Pavlov, el político creará el Instituto del Deporte. Si existiera la preocupación por hacer cine mexicano, igual, el político creará un organismo como La Comisión para el Desarrollo del Cine Nacional.

A todo eso, se acumulan otras cosas. Por ejemplo, los institutos para la promoción del arte, los de la vivienda popular, los del campo, los de lo que usted quiera pensar. A lo que hay que añadir algo muy relacionado, la otra cosa que los gobiernos saben hacer es emitir leyes.

Ninguna ley es imposible de emitir de acuerdo con los gobiernos. Por eso es que usted puede tener leyes para la atención de poblaciones marginadas, para el fomento de la música autóctona en la radio, para lo que se le ocurra a la mente más jadeante.

¿Tiene usted un problema de conductores alcoholizados? Siempre hay una ley que pueda prohibir la venta de alcohol después de las doce de la noche.

Tenemos pues que los gobiernos poseen en su caja de herramientas a la fundación de organismos, a la emisión de leyes y a una cosa más, el cobro de impuestos.

Con esas primitivas herramientas van por todas partes queriendo componer todo lo que creen que anda mal en la sociedad.

El problema, desde luego, es que la sociedad es un mecanismo muy fino y sutil, que no admite a las tres toscas herramientas en manos de los gobiernos. Ni un fino reloj con decenas de engranes, ni una refinada computadora pueden ser mantenidos ni reparados con martillos y pinzas.

Los efectos de esto son notables y se encadenan produciendo daños crecientes.

Abra usted el delicado mecanismo de la más primitiva de las computadoras y trate de arreglar un desperfecto a martillazos. Lo que producirá serán más desperfectos, los que una vez notados, querrán ser arreglados de nuevo a martillazos.

El ciclo se repite hasta que usted ya no tiene una computadora, sino un montón de componentes echados a perder que tiene que llevar con el especialista que sí tiene las herramientas adecuadas.

Mi punto es que existen herramientas más refinadas que los martillos gubernamentales y esas herramientas están diseñadas para que las usen los ciudadanos, con iniciativas propias y libres. Más aún, existen caminos indirectos que los gobiernos deben reconocer.

¿Quiere fomentarse el empleo? Si atacan el problema de la inseguridad y hacen una ley fiscal sencilla, van a lograr más empleos que si fundan el Instituto para el Fomento del Empleo.

¿Quieren elevar los salarios? Si se eleva la calidad de la educación con el desmantelamiento de la estructura educativa actual, van a hacer más que emitiendo disposiciones de salarios mínimos.

No son cuestiones difíciles de entender.

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