Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mayorías y Minorías
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2003
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En mi concepción, la democracia es más el respeto a las minorías que el obedecer a las mayorías.

Todo porque la mayoría puede ser una fuerza dictatorial tremenda, aún más poderosa que un gobierno totalitario.

Sin embargo, en nuestros tiempos, se presentan casos que son fascinantes, en los que la minoría impone sus creencias en la mayoría.

Resumo una nota de Zenith, una agencia de noticias especializada en el Vaticano y luego hago comentarios. El asunto en esencia es el retiro de un crucifijo de una escuela en Italia, pedido por un musulmán, quien alegó que le ofendía ese símbolo.

La orden fue dada por un juez y aplicada a la escuela Antonio Silveri en Ofena en un juicio solicitado por Adel Smith, el presidente de la Unión de Musulmanes en ese país. El asunto no ha parado allí, ya que se ha ordenado una investigación adicional a la decisión del juez, pues la ley italiana previene la exhibición pública de crucifijos.

Desde luego, también se han dado comentarios, como el del Cardenal Tucci que ha hablado de “la dictadura de las minorías… para que en nombre de la laicidad se quiera cerrar la boca a todos”.

Más la lógica mención de que en Italia los musulmanes tienen más libertades que los cristianos en países islámicos.

Ya que las cuestiones religiosas sin orden tienen el probable efecto de calentar las discusiones más de lo necesario, hagamos a un lado ese aspecto pero sigamos al sentido común. La realidad se ve clara.

Hay un símbolo de la religión A en cierto lugar público y una persona de la religión B alega que eso le ofende, exigiendo su retiro.

La autoridad, basada en argumentos de laicidad y libertad religiosa, accede al retiro. Y, desde luego, se arma una discusión posterior natural. Para aclarar esto, conviene proyectarlo a otras situaciones extremas.

¿Se debe ocultar el templo de una religión porque está en un lugar que todos ven? No, sería ridículo hacerlo.

Tendríamos que ponerle camuflaje a la Basílica de San Pedro y a cuanta mezquita y sinagoga existiera, incluso hasta a las pirámides mayas. Obviamente aquí no está el problema que se plantea. Las religiones tienen sus templos y ellos se ven en sitios públicos. No hay problema aquí.

Puede ser que se objete la existencia de símbolos religiosos en sitios que no necesariamente lo son. Por ejemplo, en una calle puede encontrarse alguna escultura religiosa; o en una tienda, un escaparate muestra biblias que vende.

Tampoco suena lógico pedir que se retiren. Podría yo alegar que me ofende que exista una estatua de López Portillo en cierta avenida, o que alguna fuente tenga la escultura de Zeus o de Pancho Villa. Por mucho que me ofenda eso, no veo justificación en retirarla para satisfacer mis creencias.

No tiene sentido, pues si me dan gusto a mí, tendrían que darle gusto a todos por igual y terminaríamos, literalmente, sin esculturas, símbolos, estatuas.

Nada. Vaya, no habría ni siquiera iluminaciones por Navidad en las calles. Vemos que esa petición, llevada a sus consecuencias lógicas, carece de fundamento racional. Pero, el crucifijo retirado estaba dentro de una escuela, aparentemente pública, y veamos si eso justifica el que sea quitada de allí.

Si alguien tiene el poder de hacer eso, entonces debería también otra persona tener el poder de retirar otros símbolos presentes, quizá la escultura de algún héroe de la patria con el que no se esté de acuerdo.

Lo que vemos es que el asunto no es sencillo, aunque sea claro que la mejor posibilidad es una actitud de apertura y tolerancia, que no impone nada en los demás. La cuestión, sin embargo, es seria también, pues pone sobre la mesa los derechos de las minorías.

Mi punto es sosegado, espero. Si proyectamos ese hecho al resto de la sociedad, bajo el principio de respeto a las peticiones de todas las minorías, la situación sería absurda.

Tendríamos que aceptar que no se mataran reses ni pollos para respetar a los vegetarianos; que no hubiera peregrinaciones religiosas para no herir a los ateos; que no hubiera libros técnicos para no acomplejar a los literatos. No tiene sentido.

Hay, le digo, una actitud más humana y lógica. No imponer sobre los demás por la fuerza nuestras voluntades. Es una moneda de dos lados, pues supondría que si alguien coloca a una deidad de otra religión en algún sitio muy visible, los del credo mayoritario tendrían la obligación de aceptarlo.

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