Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Molestias en el Cine
Eduardo García Gaspar
16 junio 2003
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El cine es una de mis aficiones. Como muchas personas, gozo yendo a ver películas, incluso las extrañas de festival.

Me maravilla la excentricidad de Fellini y la paso muy a gusto viendo cintas en las que los actores tienen acento inglés.

Sin embargo, el cine no deja de tener sus molestias, detalles que retiran parte del placer que da ese arte.

Por ejemplo, no hace mucho intenté ver la secuela de Matrix, pero encontré que la fila para entrar era enorme. Decidí no comprar boleto. Ninguna película vale la molestia de hacer una fila mayor de cinco o seis personas. Las filas molestan.

Por eso trato de ir a funciones escasamente masivas, cuando me puedo sentar donde yo quiera.

Molestan en el cine las personas que no apagan sus teléfonos móviles, los que suenan durante las escenas clave de la película.

Esos teléfonos siempre pertenecen a personas que no saben que su teléfono está sonando, por lo que el timbre se repite numerosas veces. Peor aún, muchas de esas personas tienen la desfachatez de sostener una conversación con quien les habla. “Sí, pues aquí en el cine, una película de Tom Hanks que no está muy buena, pero vine con unos amigos. Se trata de un náufrago que juega que le habla a una pelota de básquetbol, muy raro, como que no le entiendo”.

Y son capaces de seguir hablando.

Molestan en el cine los restos de comida que dejan las personas, especialmente los fragmentos de sustancias innombrables de pegajosa naturaleza que están en el piso. A veces en los asientos.

Lo que sucede es que muchas personas han decidido que ir al cine es equivalente a ir a comer. Lo malo es que la comida de los cines es mala. Las palomitas son saladas, los refrescos son de máquina, las golosinas son caras, los nachos son grasosos.

Pero nada de eso detiene al cinéfilo derrochador que come lo que le ponen en frente. Desde luego, la transportación de esos alimentos pone en riesgo a quienes están alrededor.

Los refrescos pueden terminar encima de inocentes espectadores , por no mencionar trozos de nachos, dulces y palomitas.

Molesta también, la asistencia de infantes que se posesionan de los asientos cercanos a uno y no paran de moverse en ellos, preguntando cada nanosegundo al adulto que los acompaña de qué se trata la película. Varias veces he sido víctima de matrimonios que han tomado la decisión de llevar a su recién nacido al cine.

El bebé permanece callado hasta el momento en el que empieza la película, que es cuando decide llorar a todo pulmón. Lo asombroso no es que llore, sino que sus padres no salgan de la sala con el llorón.

Otra molestia del cine es la de las películas en las que sin causa aparece una escena de cama, fuerte y explícita. Ya he escrito que las películas de antes eran más claras. Las de vaqueros eran de vaqueros, las de espías eran de espías, las de guerra eran de guerra.

Y las de sexo eran pornográficas. Todo era más claro antes. En cambio ahora, las de guerra tienen sexo, las de espías tienen sexo, las de vaqueros tienen sexo. Y eso hace que no pueda llevar a la familia con la tranquilidad que daría el saber que no hay escenas de cama.

Lo mismo para las cintas con palabras vulgares, que me molestan en serio.

En una ocasión me tocó presenciar el caso de una madre de familia que estaba viendo una película a la que había llevado a sus hijos pequeños, de entre diez y quince años los dos. La película, sin venir a cuento, repentinamente mostró una serie de escenas de epidermis abundantísima, lo que puso nerviosísima a la señora.

Trataba ella de distraer a sus hijos de esas escenas, sin mucho éxito por lo que se pudo ver.

Y, al final, desde luego, están el molesto conversador que platica con su compañero durante la película. El molesto inquieto de pies que da patadas al asiento de enfrente donde está uno sentado.

El tipo de más de dos metros de altura que se sienta frente a uno. La pareja de enamorados que no ven la cinta por darse arrumacos. Pero, sea lo que sea, a pesar de estas molestias, el cine es un placer.

ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras