Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Hay Moral en Los Negocios
Eduardo García Gaspar
27 enero 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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Lo más importante sucedido en el 2002 en el ámbito de los negocios fue el surgimiento de la preocupación acerca de la Ética de los Negocios.

Los escándalos financieros de Enron, WorldCom y otros escandalizaron al mundo y sirvieron para dos cosas.

Una de ellas fue el servir de argumento para apoyar las causas contrarias a los mercados libres y la otra fue poner de moda el tema de la moral en el terreno de las empresas.

Vayamos a esta consecuencia de los escándalos financieros, la de colocar en la mesa de las discusiones como la más alta prioridad al tema de la Ética de los Negocios. Supongo que para estas fechas no hay universidad en el mundo que no haya incluido el tema, incluso abriendo algún curso que lo trate.

Lo que me temo es que el enfoque dado a esta cuestión sea el equivocado. Me explico.

Me puedo imaginar con facilidad que el tema sea visto desde el punto de vista exclusivo de los problemas éticos de los negocios y que eso lleve a un tratamiento muy flaco del problema real.

Se verán cosas como la transparencia de los estados financieros, las compensaciones ejecutivas y los problemas políticamente correctos del momento, como la discriminación femenina y otros similares.

Muchos de los temas se verán analizando cada uno de los casos y, repito, enfatizando los asuntos que estén de moda, como la contaminación.

Mi punto aquí es que ese enfoque es positivo, pero que no se dirige al fondo del problema. Las personas entenderán algo sobre la Ética de los Negocios, pero alcanzarán a entender dónde radica el origen del problema.

Terminarán poniéndose de acuerdo en la conveniencia de que las empresas apoyen causas promocionadas por las ONGs más exitosas; verán que deben hacer relaciones públicas por sus actividades en pro de alguna causa como sus programas a favor de la ecología; y, desde luego, aplaudirán las reglas de una mayor transparencia de los reportes financieros.

Pero hasta allí. No irán más allá en la inmensa mayoría de los casos y eso, mucho me temo, dejará incompleta la tarea.

Lo que digo es que el tema es importante y que merece un tratamiento que hable expresamente de la conducta personal y de la moralidad individual. Las decisiones de negocios, al igual que las decisiones de familia, son tomadas por las personas y en ellas radica la moralidad o inmoralidad de las acciones.

No hay de otra. Usted podrá tener todas las leyes y reglamentos que quiera para obligar a declarar información financiera transparente, que no por eso tendrá el resultado que persigue, pues lo moral de una acción sale de la persona y no de las leyes, ni de los reglamentos.

Y lo que esto significa es, en serio, volver a enseñar moral y religión en las escuelas y universidades.

Sin esa base, usted podrá tener todos los cursos de Ética de los Negocios que de poco servirá, pues los actos se deciden en el fuero personal de cada uno de nosotros.

Visto de otra manera quizá puede decirse que no hay moral en los negocios, que lo que existe es la moral personal construida sobre reglas estables, que no cambian, que son las mismas independientemente de si actuamos como ejecutivos de empresas, como inversionistas, o como padres de familia.

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