Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No le Entendí Nada al Jefe
Eduardo García Gaspar
12 mayo 2003
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Hace ya tiempo leí un artículo en alguna perdida revista de negocios, cuyo autor citaba una investigación en la que se vio que el ochenta por ciento de los problemas que las empresas padecían tenían como causa una falla en las comunicaciones de las personas dentro de la empresa.

Nada que causara una sorpresa a nadie, hasta que encontré el siguiente caso real que me relató una persona que vivió la situación en carne propia.

Narro a continuación, brevemente, lo que me contó esa persona, un amigo mío, ejecutivo de primer nivel dentro de una empresa localizada en México y considerada grande.

Me dijo que en una época en la que la empresa pasaba por problemas normales de crecimiento, la compañía realizó cambios de organización, especialmente en la función de distribución, con una política de mayor descentralización y autonomía en las decisiones locales.

Para descentralizar y hacerlo bien, el director de la empresa convocó a una reunión nacional de un par de días a la que fueron sus principales ejecutivos, con énfasis en las personas que habrían de manejar las zonas autónomas de distribución.

Los ejecutivos oyeron durante esos días varias intervenciones del director que intentaba comunicar la idea de lo importante que era respetar las políticas centrales en las decisiones locales. Los asistentes recibieron, además, documentos con las políticas centrales, en bonitas carpetas.

Cuenta esta persona que al despedirse los asistentes, varios de los ejecutivos de ventas formaron un grupo en el que todos comentaron que nada habían entendido de lo que el jefe les había dicho y que la redacción de las políticas era igualmente inentendible.

Pocos meses después la empresa regresó a una organización centralizada de ventas tras el fracaso de la descentralización en la que cada zona de ventas había hecho lo que quería en su región y producido pérdidas a la empresa.

¿Cuál fue la causa de ese fracaso? Según mi amigo había dos causas principales.

Una, el director de la empresa nunca supo expresar en las reuniones lo que perseguía, ni lo que quería, ni cómo se alcanzarían las metas. “Es más, nunca supimos con claridad cuáles eran las metas”, me dijo. Continuó, “los cuadernos de políticas estaban mal hechos, eran confusos, largos y se contradecían. Los dejamos de consultar después de dos o tres días”.

La otra causa, según mi amigo, fue la incapacidad del director para hacer respetar las políticas. Nunca nadie fue ni siquiera regañado por las más obvias violaciones a las políticas de descentralización. “El director nos llamaba, nos explicaba algo, nosotros no entendíamos y conservábamos nuestro puesto como si nada hubiera pasado, hasta que hubo otra reunión y se nos avisó que volvíamos a una organización centralizada de ventas”.

Entre amigos, digo, la lección es más clara que el agua de manantial: la causa de los problemas, la principal, fue la incapacidad del director general para hablar correctamente y comunicar su mensaje.

Tener esas cualidades, pues, son requisitos del buen administrador, quizá más importantes que sus conocimientos técnicos, de finanzas o de mercado.

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