Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Para Variar
Eduardo García Gaspar
20 junio 2003
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


En esta época de elecciones, la verdad es que los mexicanos nos jugamos una gran carta.

La carta de la que depende una de las dos o tres grandes variables de nuestro futuro: la capacidad de los gobernantes para llegar a acuerdos de gobierno que sean favorables para el futuro, muy en especial la de los miembros del congreso.

Y en las elecciones se dan duelos tremendos, dadas las luchas por seis gubernaturas y, desde luego, por las diputaciones locales.

En esos enfrentamientos se dan todo tipo de campañas, en las que se tratan multitud de temas. Uno de esos temas inevitables es lo que conocemos como “alternancia”, una idea vaga que es invariablemente usada por los candidatos contrarios al partido en el poder, el que sea.

Por ejemplo, digamos que un alcalde en un municipio cualquiera pertenece al PAN. Entonces es de esperar que el candidato a alcalde de cualquier partido contrario use la idea de “alternancia” para indicar que es conveniente variar de partido y que por eso conviene que sea él el ganador.

Esa misma idea de alternancia ha sido usada por el PAN y, en realidad, puede ser utilizada por cualquiera. Lo cierto es que la “alternancia” es una idea bastante tonta. Me explico.

Alternancia tiene un claro significado de ejercer un cargo por turnos, ahora uno, luego el siguiente y así sucesivamente. Aplicado al caso de los dos partidos mayores, eso significaría que si el PRI está en el poder, el siguiente sería el turno del PAN, la que de nuevo seguiría el PRI y así nos vamos.

Si incluimos al PRD, el asunto se resolvería dando turnos a cada uno. Le digo, es bastante tonta la idea.

Primero, porque en un santiamén manda al basurero la voluntad de los ciudadanos. Bajo ese concepto de alternancia, los ciudadanos no cuentan y los partidos acuerdan sucederse el poder aislándose de la sociedad.

Vista de esta manera, la alternancia crearía una dictadura de partidos que se turnan el poder. Más o menos como los sexenios de antes, pero ahora con varios partidos que ignoran a los ciudadanos.

Segundo, porque la alternancia ignora la posibilidad de que un buen trabajo por parte de un gobierno sea premiado con la reelección de ese partido.

Cuando un gobierno sabe que haga un trabajo bueno o malo, él no tendrá manera de mantenerse en el poder es muy lógico que haga un mal trabajo, pues no tiene incentivos para hacer uno bueno. No es una cuestión de física cuántica esto.

Tercero, porque hay muchos niveles de gobierno y la alternancia supondría que en todos ellos mandaría el partido en turno.

Por ejemplo, si el turno es de los panistas, entonces de ese partido deberían ser todos los diputados, todos los senadores, todos los gobernadores, incluso hasta el nivel de presidentes municipales. Esto, desde luego, mataría a la democracia al cancelar la división de poderes en el gobierno. Sería una sencilla dictadura alternada de partidos.

Cuatro, porque habría que determinar los tiempos de esa alternancia. Por ejemplo, los del PAN podrían argumentar que al PRI le tocaron setenta años de gobierno y que a ellos les tocan los siguientes setenta años.

Aunque eso suena lógico, podrían ponerse de acuerdo para cambiar de partido en el gobierno cada sexenio presidencial, lo que alteraría a los estados en los que se tienen elecciones de gobernador a mitad del sexenio, lo que se debería cambiar.

Mi punto es esta segunda opinión es que demasiadas veces aceptamos ideas que en la superficie tienen una lógica mínima atractiva, pero que vistos en detalle son nociones peligrosas si es que en realidad se llevan a cabo.

Un ejemplo clásico es éste, el de la alternancia. He escuchado a personas muy razonables hablar elogiosamente de esa idea.

Y, sin embargo, la alternancia en la realidad significaría la anulación de la democracia y el surgimiento de un grupo gobernante dictatorial cuyo desempeño no podría ser evaluado por los ciudadanos a quienes gobierna.

Porque recordemos que nuestras épocas pasadas de sexenios, eran eso, alternancia de personas sin que el voto contara. ¿Queremos regresar al sitio del que salimos asqueados?

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