Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pensar Con Claridad
Eduardo García Gaspar
19 agosto 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


El asunto de la legalización de matrimonios entre personas del mismo sexo ha tomado un tono de afortunada seriedad, excepto por unos pocos destellos emocionales.

En el se reúnen varios sucesos, como la ordenación de un obispo homosexual Anglicano, el mismo asunto para la iglesia Episcopal, la legalización canadiense y el documento de la iglesia Católica en contra de esa legalización.

Uno de los varios escritos sobre el tema, de un autor muy respetable, menciona la siguiente idea,

“Legalizar los matrimonios entre homosexuales sería un paso correcto para reconocer la dignidad y la libertad de las personas. El Estado no debe meterse en la alcoba”.

Este razonamiento que parece resumir la principal defensa de ese tipo de matrimonios, hasta que se examina más a fondo. Tomemos primero eso de que “el Estado no debe meterse en la alcoba”.

La idea central es muy positiva y muy aplicable a otras áreas en las que el gobierno se mete sin que sea necesario. Lo que debe adicionarse es una condicionante, que el gobierno no se meta en la recámara de nadie siempre y cuando no se viole ningún derecho personal.

El caso más obvio y extremo es el de un acto sexual no voluntario por parte de una de las personas. No hay mucho más que agregar a eso. Sin embargo, el asunto va más allá.

¿Es deseable darle una figura legal a todo lo que es libre de hacer una persona en su alcoba? No necesariamente. Todos podemos imaginar que dentro de una recámara pueden suceder cosas que no deben lograr una figura legal.

Si yo con tres mujeres me encierro en una recámara y eso se convierte en una tendencia social, no quiere decir que deba instituirse una figura de matrimonio de cuatro personas.

Aunque eso se pueda hacer, contando con la libre voluntad de las personas, es obvio que no es válido el argumento de que lo que sucede en la recámara deba tener un reconocimiento legal que sea aprobatorio.

Si el Estado no se debe meter a la recámara, no debe hacerlo con ningún propósito, ni para prohibir, ni para legalizar.

Vayamos ahora a los actos homosexuales. Si ellos se ven como acciones de promiscuidad sexual, son tan reprobables al menos como los heterosexuales. Cierto, se realizan ambos, como producto de la libertad humana y una mala decisión personal, pero eso no les quita lo contrario a la moral.

La existencia de actos inmorales, por numerosos que sean, no cambian su naturaleza.

Por mucha corrupción que exista en un país, eso no hace que ella sea posible de ser autorizada moralmente. Pero queda por ver una posibilidad, que ya traté antes en otra Segunda Opinión hace poco.

¿Qué sucede con el matrimonio homosexual que no comete actos de promiscuidad fuera de su casa? En apariencia eso le daría legitimidad.

Sin embargo, para examinar ese matrimonio homosexual fiel en todo momento habrá que contrastarlo con la naturaleza del matrimonio, no sólo contra un estándar de fidelidad.

Un matrimonio tiene en su esencia un rasgo importante que es la posibilidad de procreación, es decir, la capacidad de tener hijos. Es obvio que eso no sucede en el caso homosexual, lo que lo coloca fuera de la esencia matrimonial.

Sin necesidad de acudir a argumentos religiosos, hasta aquí, podemos ver que existen serios problemas para aceptar como matrimonio legal a una pareja homosexual.

Si se acude a argumentos religiosos, encontraremos una enorme cantidad de ellos, con diferentes resultados si se acude al Anglicanismo o al Islamismo. Ese problema yo lo he resuelto después de mucho tiempo, aceptando el criterio Católico que es más sólido y no está sujeto a vaivenes.

El Catolicismo tiene una opinión muy clara al respecto.

Luego está la consideración del impacto en los hijos adoptados por los matrimonios homosexuales, con el lógico impacto que en ellos tendrá un matrimonio fuera de la tradición humana. El impacto en los niños puede ser muy negativo.

Y al final, definitivo es que los homosexuales deben ser vistos como personas con dignidad esencial, por lo que no deben ser sujetos de tratos injustos. Se trata aquí de distinguir entre la persona y los actos que ella realiza, una distinción sabia que ilumina todo el asunto.

En fin, el tema es muy serio y de consecuencias enormes, sobre el que todos tenemos la obligación de tener una posición sólida y justificada.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Pensar Con Claridad”
  1. Contrapeso » Carta de un Lector Homosexual




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