Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Piratería en Duda
Eduardo García Gaspar
24 octubre 2003
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No creo que exista persona razonable que considere positivo el robar, es decir, el afectar la propiedad de un tercero quitando parte de su patrimonio.

Robar es considerado negativo, pues causa un daño en los demás.

Visto desde el otro lado, eso significa tener el derecho a poseer cosas a las que puedo pensar mías y ese derecho impone una obligación en los demás, la obligación de no robar mis propiedades.

La idea de un ladrón que entra a una casa, la de un asaltante que roba un automóvil y similares son acciones claras de robo. Menos obvias y menos violentas son las acciones de robo que comete un comerciante que manipula la báscula de su tienda para marcar menos de lo que debía.

O la acción de un empleado que se lleva a su casa materiales que pertenecen a la empresa, por ejemplo, un mesero que lleva a su casa un par de filetes del restaurante en el que trabaja.

Toda persona razonable tiene una clara idea de que esos actos son robos y que son negativos. Hace un robo, igualmente, el que promueve un esquema de inversión maravilloso que resulta en fondos que luego él retira para jubilarse fuera del país.

Lo mismo va para el constructor que utiliza materiales de segunda en un edificio, pero que cobra como si fueran de primera. Todos esos casos de robo suelen ser muy claros.

Pero hay un robo que no está muy claro.

Me refiero a la piratería. Desde luego, hay varios casos de piratería. Me concentro en uno de ellos nada más, el de los discos con música que son reproducidos en clandestinidad para luego ser vendidos con el atractivo de tener precios al menos 10 veces más bajos que el original.

Aquí hay dos actores muy fácilmente visibles, el productor de la copia pirata y el comprador de ese disco. El productor de esa copia puede ser visto sin esfuerzo como alguien que comete un robo.

Compra un disco legal o adquiere una copia robada de un disco y la reproduce con fines de venta. Es sencillo ver que viola un contrato presupuesto en la compra del disco, que establece que esa compra no autoriza ningún uso con fines de lucro, que es para uso personal, que no puede reproducirse para uso comercial posterior y demás.

En otras palabras, es un ladrón muy fácilmente identificable. Podrá argumentarse todo lo que se quiera, pero la situación es muy clara para este productor. Tan se reconoce que es un ladrón, que las facilidades de producción de las copias piratas del disco son clandestinas.

Vayamos ahora al otro jugador, el comprador, quien es la persona que más sorprende en esta situación.

Personas incapaces de asaltar, de robar, de engañar, sin embargo, compran discos piratas con la mayor facilidad del mundo e incluso piensan que no está mal hacer esa compra. No tienen razón, pues ellas saben que están comprando mercancía robada.

Pero aún así, no deja de sorprender la falta de conciencia de estar ayudando a un robo.

Son, sin duda, cómplices. Pero insisto, hay una fuerte tendencia a no reconocerlo, tanta que he visto en varias ocasiones a personas decir abiertamente que los discos piratas que compran no lastiman a nadie y que no son robos.

Para justificar sus acciones hay todo tipo de malabares intelectuales, como el decir que los discos originales cuestan demasiado y que eso está mal.

Sería lo mismo comprar un Ferrari robado pagado 50 mil dólares solamente porque el comprado legalmente es demasiado caro. La propiedad intangible sobre una grabación pertenece al que la hizo y no es diferente en esencia a la propiedad tangible de la casa de cualquier persona.

Le costó dinero hacerla y la vende a un precio que él fija.

Si el precio es alto, pues el disco no se compra y ya. Igual que yo no compro un Ferrari. Lo que sucede es que un disco puede ser reproducido a precios muy bajos y el Ferrari no, pero eso no altera nada. Sigue siendo un robo. Y no, no se me ha olvidado el comerciante que vende esos discos, que es el otro actor del juego.

También él está violando el mandato de no robar como otro cómplice, igual que si se pusiera a vender espejos laterales desvalijados de autos. En fin, lo que sorprende de todo esto es la escasa conciencia que tiene el comprador de discos piratas de estar también él robando y eso habla muy mal de la conciencia moral.

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