Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Posiciones Riesgosas
Eduardo García Gaspar
16 diciembre 2003
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Mi posición personal acerca del conflicto en Irak me ha valido algunas reprimendas, especialmente por parte de quienes se oponen a la intervención armada de las fuerzas aliadas que entraron a ese país.

Francamente no encuentro ninguna solidez en la posición pacifista extrema que niega toda posibilidad de uso de la fuerza sea cual sea la situación.

La manera más sencilla de anular el pacifismo extremo es usar el argumento de la defensa. Las invasiones nazis con las que se inició la II Guerra Mundial dieron pie al uso de la fuerza contra el invasor, igual que el bombardeo de Pearl Harbor para la entrada de EEUU en esa guerra.

Lo mismo para la Guerra del Golfo hace unos 10 años, cuando invadió Kuwait. La conclusión es clara, sí hay situaciones en las que es justo el uso de la violencia y por eso, una guerra estaría plenamente justificada.

Ésa es una buena razón para anular la posición del pacifismo radical que muchas personas defienden si darse cuenta de lo que significa. Hasta aquí no hay dificultad.

Pero vayamos a una consecuencia no intencional de quienes han tomado posiciones radicales en contra de la intervención en Irak. Es muy posible que esa posición sea la más razonable, pero si se aplica mal tiene un problema severo con efecto colateral.

Muchos de los movimientos y protestas en contra de esa intervención aliada, se convierten en la defensa no intencional del régimen de Sadam Husein, una despiadada dictadura que usó la guerra y la tortura sin que eso ocasionara las protestas que ha producido la invasión aliada a Irak.

Es decir, una posición válida contraria al uso de la fuerza por parte de un grupo de países se convierte en una defensa del uso de la fuerza por parte de un gobierno a todas luces sanguinario.

Y resulta así que algunas personas con sanas intenciones no poseen ese balance razonable que implicaría el juicio objetivo que incorporara también la calificación del régimen de Sadam.

Todo se les va en atacar la invasión externa sin mención alguna del gobierno dictatorial de Sadam, lo que para propósitos prácticos equivale a una defensa de ese dictador. El mejor juicio que he escuchado al respecto fue el siguiente.

“Es muy probable que la invasión a Irak no estuviera justificada, pero al mismo tiempo no se puede dejar de ignorar que Sadam sostenía un gobierno que violaba sistemáticamente los derechos humanos, usaba la tortura masivamente y sostuvo dos guerras injustificables”.

Por eso, no me puedo unir a los movimientos antibelicistas, porque no puedo adoptar las causas que tienen el efecto colateral de ignorar la existencia de un gobierno como el iraquí.

Desde luego, mi posición personal tiene sus consecuencias porque al no unirme a esas protestas contra la invasión, muchos concluyen que soy un defensor incondicional de la invasión aliada a ese país y, como un lector me dijo, “estás vendido a los EEUU”.

Mi posición personal es bastante menos clara que el estar vendido. Desde luego, me opongo como principio al uso de la fuerza, pero creo que existen casos en los que no hay otro remedio y la guerra es justificable.

Lo que nos manda al punto es cuestión. ¿Fue esa invasión algo justificable?

Visto sin aspavientos emocionales, existen argumentos sólidos para defender las dos posiciones posibles, la de que no era justificable y la de que sí lo era.

La resolución 1441 de la ONU es literalmente un ultimatum acordado por los gobiernos de muchos países y nos manda a entender que la invasión sólo se debió a un desacuerdo sobre el momento de invadir.

Esta resolución puede ser leída, es muy breve (PDF): UN Resolución 1414. La verdad es que me alegra la desaparición del gobierno de Sadam, y mucho, pues millones estarán libres de ese monstruo.

Pero al mismo tiempo, veo a esa invasión como algo que puede ser justificado o no en una discusión razonable. Lo que me niego a hacer es unirme a esas protestas tuertas que terminan ignorando los crímenes de Sadam o incluso defendiéndolo.

No quiero ser parte de quienes usan las emociones y hacen de lado el análisis. Igualmente no puedo aceptar la posición pacifista extrema, pues ella causaría más violencia que la empleada en defenderse.

Al final, todo se resume en examinar con detenimiento el fondo del asunto, ¿estaba justificada esa invasión? Y contestarla con el don Divino que tenemos, la razón. No hay mucho más que hacer que eso.

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