Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Predicar con el Ejemplo
Eduardo García Gaspar
20 febrero 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace muchos días que un par de actos de violencia muy marcada en dos estadios de futbol crearon una reacción obvia y simple, la de buscar maneras por las que ese tipo de actos violentos puedan ser evitados y prevenidos.

No está mal hacer eso, pues el castigo a los culpables de esas acciones es siempre un buen medio para prevenir futuros hechos similares.

Sin embargo, la cuestión va bastante más allá de eso. El asunto es importante y, creo, merece una segunda opinión. Es más, merece añadir una dimensión que hasta donde he visto no ha sido tratada y debe serlo.

Es decir, la influencia que el espectáculo mismo tiene en la mente de los espectadores.

A lo que me refiero es que lo que los aficionados ven en la cancha tiene efectos en lo que ellos hacen en las gradas. Desde luego, no todos los aficionados reaccionarán igual, pero me parece que no puede haber duda sobre las consecuencias de lo que los jugadores de fútbol hacen en la cancha sobre lo que los aficionados hacen en las gradas.

Cuando los jugadores se comportan indebidamente ante la presencia de miles de personas y estas personas notan que se trata de algo indebido, me parece razonable suponer que se da un ejemplo evidente de una mala acción permitida.

¿Si él lo hace, por qué no puedo hacerlo yo?

Es decir, en cada falta de respeto al árbitro, en cada grosero ademán, en cada intención de engaño, en cada falta cometida arteramente que los jugadores cometen, está implícita una invitación a hacer lo mismo en las gradas.

Claro que esa invitación puede caer el personas razonables y, entonces, no sucede nada. Pero si cae en personas inmaduras e irresponsables, la probabilidad de un suceso malo se eleva.

Si el jugador ha intentado engañar al árbitro para que marque un penalti, ¿por qué no puedo yo también engañar a la policía de la entrada introduciendo un cohete?

Si el jugador le falta el respeto al árbitro haciéndole señas insultantes, ¿por qué no puedo yo hacer lo mismo con la policía que vigila las gradas?

Si el jugador golpea a otro buscando que el árbitro no lo vea, ¿por qué no puedo yo en las gradas esconder mis actos de los ojos de la policía?

Lo que digo es que el ejemplo de lo que los jugadores hacen en la cancha se va directamente a las tribunas y allí provoca sucesos malos cuando lo que se ve en el campo es malo.

En otras palabras, el jugador tiene una buena dosis de responsabilidad de lo que sucede en las tribunas y querer evitar actos violentos en los estadios sin tener en cuenta lo que los jugadores hacen, es un acto de ignorancia. Lo que digo es que los jugadores violentos, irrespetuosos, sucios, mentirosos, son una causa de la violencia en las tribunas.

Los árbitros no se escapan de su responsabilidad, pues su posible mal desempeño, por ejemplo no señalando faltas, no estando cerca de la jugada y demás, produce emociones negativas en los jugadores y en los aficionados.

La falta de calidad del arbitraje, por tanto, también tiene su responsabilidad en la violencia en los estadios. Y esto es importante en un juego en el que por diseño el arbitraje está consistentemente por debajo de lo aceptable.

Me parece, por tanto, que la búsqueda de una solución al problema de la violencia en los estadios mexicanos de futbol es una tarea loable. Pero ella estará incompleta si no considera lo que sucede en la cancha, es decir, el ejemplo que ponen los jugadores y los árbitros.

Es correcto vigilar, encontrar y castigar a quienes realizan actos indebidos en las tribunas y eso debe aplaudirse, sin embargo hay más.

Y eso que se puede hacer más allá, es el convencer a los clubes de que sus jugadores realmente son ejemplos de conducta para los aficionados y hablar con los árbitros para persuadirlos que su calidad es una ayuda para mantener la calma en las tribunas.

Todo porque me parece algo extraño poner toda nuestra atención en lo que sucede en las tribunas olvidando totalmente lo que sucede en la cancha de juego, con engaños, violencia, falta de respeto y carencia de calidad en el arbitraje.

La buena conducta en la cancha no remediará el problema, pero será de ayuda para moderar las conductas violentas de los aficionados.

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