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Selección de ContraPeso.info
1 junio 2003
Sección: Sección: AmaYi, SOCIEDAD
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Muy pocas personas en el mundo han sido ajenas a situaciones en las que se expresa animadversión en contra de alguna minoría, típicamente de extranjeros, dentro de un país. Posiblemente no haya caso más notorio que el de los “judíos comerciantes”, uno de los estereotipos sociales.

Entrar en este tema tan concreto es un buen ejercicio, pues así puede lograrse un mejor entendimiento del funcionamiento de la economía, y también obtenerse una mejor base para entender a la sociedad.

El libro consultado para esta carta fue el de Sowell, Thomas (1996). MIGRATIONS AND CULTURES : A WORLD VIEW. New York. BasicBooks. 046504588X, Chapter 1, Migration Patterns, Middleman Minorities, pp 27-35.

Uno de los tipos especiales de inmigrantes es el intermediario de una minoría racial o cultural. Esto incluye a todo tipo de detallistas, desde comerciantes callejeros hasta prestamistas internacionales.

Desde luego, son más numerosos los intermediarios pequeños que los grandes, sin embargo, la modesta prosperidad de estas minorías de intermediarios produce más resentimiento que la opulencia de otros grupos sociales como las celebridades o la aristocracia.

Más aún, quienes llegan a la opulencia de esas minorías suelen ser vistos como representantes de toda la minoría cuando son sólo una pequeña parte de ella.

Así comienza Sowell esta parte de su obra, señalando con datos reales que esas minorías raciales de comerciantes son producto de la imaginación. No todos los integrantes de la minoría en cuestión son comerciantes y tampoco todos tienen un éxito extraordinario.

Los intermediarios ayudan a llevar los bienes del productor hasta el consumidor sin necesariamente ellos producir nada por sí mismos. Los intermediarios de minorías hacen estas actividades de distribución en lugares en los que otros grupos son la mayoría de la población.

Para que esto tenga posibilidad de mantenerse con éxito debe existir una diferencia cultural entre el intermediario y sus clientes. De otra manera cada una de las comunidades produciría sus propios intermediarios.

Pero no hay un patrón cultural entre  las minorías de intermediarios. Algunos son africanos, como los Ibos en Nigeria, otros son Libaneses, otros son Chinos. Todos esos grupos son diferentes entre sí culturalmente.

Pero cuando esas minorías son vistas desde la perspectiva de sus hábitos de trabajo y sus habilidades laborales, así como su fuerza para realizar el trabajo demandante del intermediario, se puede ver que esas minorías tan diferentes en lo cultural son similares en sus hábitos de trabajo.

Tienen en común un tipo de capital humano, la experiencia y el conocimiento que son necesarios en la realización de una actividad económica.

En otras palabras, cuando dentro de una sociedad alguna minoría realiza actividades de comercio en mayor proporción a la población local, eso es muestra de diferencias culturales entre la minoría y el resto de la población.

Y esas diferencias culturales están más relacionadas con la forma de trabajar que con otras variables culturales.

Las relaciones entre el grupo minoritario de intermediarios y los grupos mayoritarios muestran fricciones y llegan a presentarse situaciones de extrema violencia entre ellos, incluso en la actualidad.

Lo que las víctimas de muchos hechos sangrientos han tenido en común es el representar a minorías de intermediarios en algunas naciones. La mayoría de esas minorías no eran intermediarios, pero se les representaba como intermediarios.

¿Qué es lo que hace tan violenta la reacción en contra de las minorías de intermediarios? Otros grupos minoritarios han enfrentado situaciones de rechazo y violencia contra ellos, pero ninguno ha enfrentado el nivel de violencia tan grande como los intermediarios de una minoría.

Más aún, las minorías de intermediarios han sido rara vez violentas ellas mismas.

La violencia contra las minorías y los inmigrantes han sido un fenómeno común en la historia en muchas regiones del mundo, pero esto no puede explicar la intensidad del odio en contra de lo intermediarios minoritarios.

Quizá, dice Sowell, lo que intensifica la reacción en su contra es que realizan una actividad económica que ha sido muy malentendida e incluso condenada a través de la historia, independientemente de quien haya  realizado esa actividad.

Es decir, esas minorías de intermediarios causan recelo por ser culturalmente diferentes y ese recelo se amplifica por dedicarse ellas al comercio, una actividad económica vista con sospecha.

Más aún, el aislacionismo o clanismo de las minorías intermediarias hace fácil que otros se imaginen lo peor y que de eso se aprovechen los demagogos que juegan con la imaginación de los ciudadanos ocasionado odios en contra de esas minorías.

La minoría intermediaria existe y florece donde la población local no genera sus intermediarios propios. Puede ser que esas ocupaciones no atraigan a las personas de la mayoría cultural. A menudo los intermediarios locales no pueden soportar la competencia de grupos con más experiencia en esa actividad.

Por ejemplo en Argentina, dice Sowell, los propietarios argentinos de tiendas perdieron negocio en favor de intermediarios judíos que daban precios más bajos y mejores condiciones de crédito.

Operar con márgenes más bajos requiere una administración más fina y genera ingresos más bajos, hasta que exista un volumen mayor de negocios. Igualmente, dar crédito requiere experiencia y agudeza para saber a quien se le presta y en qué condiciones.

La experiencia de esas minorías en las actividades de intermediación, de siglos, tiene ventajas en un trabajo demandante, duro, de jornadas largas y donde los grandes riesgos son la norma. El éxito en el comercio de esas minorías no es gratuito.

Los judíos no son de hecho la minoría detallista más grande del mundo, ni la mayoría de ellos se ocupa en estas tareas. Sin embargo, a través de la historia, los judíos han estado desproporcionalmente dedicados a las actividades de intermediación, desde los tiempos que seguían a las legiones romanas para realizar ventas entre los pueblos conquistados.

En siglos más recientes y en sociedades más abiertas, los judíos y otras minorías de intermediarios han tendido a dar educación profesional a sus hijos, después de haber logrado cierto nivel económico.

Pero aún antes de llegar a niveles de buena situación financiera, han mostrado habilidades en actividades de producción, como la manufactura de zapatos, de ropa y otras.

Estas no son ocupaciones de intermediación. Por ejemplo, los armenios en Rusia, donde la mayoría de las fábricas textiles son de su propiedad en la provincia de Astrakhan.

El punto de Sowell es mostrar que la noción de minorías dedicadas al comercio es mucho más compleja cuando se ve la realidad. La mayor parte de esa minoría es posible que no se dedique al comercio, sino a otras actividades productivas.

Y, más aún, con el tiempo, las minorías de comerciantes desaparecen cuando sus descendientes poseen ya educación profesional.

Muchas minorías de intermediarios han dominado el comercio local en varias partes del mundo, como los hindúes y pakistaníes en Africa del Este y los griegos y armenios en el Imperio Otomano. Este dominio se mantiene hasta la actualidad en algunas partes, pero ha ido desapareciendo con el tiempo.

O bien, esas minorías han sido expulsadas masivamente, un destino muy común en varios países de Europa, Asia y África, debido a la hostilidad que han enfrentado, un hecho tan notable como el éxito que esas minorías han tenido.

El autor va ahora al origen de las supuestas fortunas de esas minorías de comerciantes. En rara ocasión las minorías han iniciado sus carreras de intermediación llevando riqueza con ellos al país al que han emigrado.

Casi invariablemente ellos han creado riqueza, para ellos mismos y para el resto de la sociedad en la que viven, no solo en negocios específicos sino en industrias enteras y en negocios que antes no existían.

Comenzado en la pobreza, las minorías de intermediarios han sido comerciantes y ambulantes en gran número, como los libaneses en el sur de Australia. De esas minorías han salido firmas como Levis en los Estados Unidos.

Desde luego, la mayoría de los comerciantes no llegan a esos niveles de éxito, pero muchos han creado sus tiendas propias y cadenas de tiendas.

Las minorías de intermediarios han sido generalmente urbanas, incluso en sociedades predominantemente campesinas. A menudo la mayoría de ellos se concentran en una sola ciudad, como los libaneses de Francia viviendo en París, o los chinos de Perú, en Lima.

La ocupación misma de los intermediarios minoritarios puede explicar su urbanismo, pero la concentración en una sola ciudad sugiere la necesidad de mantener un contacto entre sus compatriotas.

Con el paso del tiempo ellos van haciéndose a la cultura del país y esas concentraciones se hacen menores, al igual que la concentración de ocupación en el comercio, también desciende por entrar las generaciones siguientes en actividades profesionales.

En sociedades primariamente campesinas, los intermediarios minoritarios han con frecuencia financiado a los agricultores. Por ejemplo, en lo que ahora es Kenia, Uganda y Tanzania, los agricultores locales llegaron al mercado mundial por causa de hindúes que los financiaron y compraron sus cosechas.

A pesar de sus contribuciones, los intermediarios minoritarios han sido vistos como parásitos sin papeles útiles en la economía. Esas minorías, entonces, sufren una situación compleja; vistos con recelo cultural, se les ve aislados del resto, exitosos y dedicados a una actividad vista con desconfianza.

Esta supuesta inutilidad de los intermediarios es una idea encontrada con frecuencia en los gobiernos coloniales de Africa y Asia, entre los intelectuales y los ignorantes, los religiosos y los laicos.

El tener utilidades por el simple hecho de mover una mercancía a la que no se le hace ningún cambio físico, huele a brujería, al igual que el prestar dinero con la condición de devolver más dinero, algo que ha obtenido condenas religiosas.

Desde luego, el intermediario podría desaparecer si todo lo que hace es ponerse en medio sin hacer ninguna contribución importante. Los productores simplemente podrían abrir sus propias tiendas de fábrica o los consumidores ir a las fábricas a comprar.

Sólo donde los riesgos y los costos de esas opciones exceden lo que cuesta el intermediario, éste puede sobrevivir.

Los costos y los riesgos son menores en el intermediario porque él se especializa en manejo de inventarios, trato con clientes y el resto de las funciones que realiza. El intermediario puede dar crédito a clientes de bajo ingreso porque los conoce individualmente y más que el fabricante.

En resumen, el intermediario baja los costos de las transacciones económicas y si no lo hiciera, no le darían negocio ni los fabricantes ni los clientes.

La creencia del intermediario como parásito ha sido probada empíricamente en diversas partes del mundo y en diversos momentos de la historia, cuando los gobiernos han expulsado en masa a las minorías de intermediarios.

Sólo después de que los precios suben y los intereses se elevan, e incluso la economía cae, se ha hecho clara la contribución del intermediario. Sin embargo, ni siquiera esas lecciones dolorosas de economía práctica han servido para evaluar de nuevo las políticas de los gobiernos, mucho menos dar marcha atrás, por vergüenza de la mala imagen de la autoridad.

A menudo la minorías son intermediarios no sólo en el sentido económico, sin también en el político y social.

Las minorías de intermediarios han sido usadas para recolectar dinero de grupos mayoritarios con los que el grupo en el poder no quiere tratar directamente; por ejemplo recolectar impuestos, una actividad que difícilmente logra popularidad: la British East India Company trató con la gente de Bombay por medio de los parsees para la recolección de impuestos y el comercio.

Igualmente, los intermediarios minoritarios han sido en ocasiones intermediarios culturales que facilitan las transacciones entre grupos cuyas costumbres hacen difícil el trato directo.

La historia de las minorías de intermediarios no es únicamente económica, sino social y política también. Las diferencias raciales, religiosas, lingüísticas,  y de otro tipo entre las diversas minorías de intermediarios en el mundo hacen notable la prevalencia de un patrón político y social general en sus relaciones con los que los rodean.

El odio especial dirigido al intermediario de minoría tiene implicaciones escalofriantes que van más allá de asuntos raciales y culturales. Que quienes han sido de tanto beneficio en una sociedad sean odiados por quienes son los recipientes pasivos de esos beneficios, habla de la parte irracional de los seres humanos y de su susceptibilidad para ser manipulados por hábiles demagogos.

Esos ataques son malos y crueles, pero no surgen espontáneamente. Esos grupos viven en paz dentro de las sociedades, hasta que algo sucede para hacerlos blanco de ataques.

Muchas veces esos instigadores son competidores de negocio o sencillamente demagogos que busca de un beneficio personal, como los líderes de la comunidad que instigan a los negros americanos en contra de los coreanos o vietnamitas que  tienen tiendas en los ghettos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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