Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Promesas
Eduardo García Gaspar
7 julio 2003
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Una vez dos rancheros, muy amigos, se reunieron en el recién adquirido nuevo rancho de uno de ellos. No paraba este orgulloso ranchero de hablar de lo maravilloso que era su nuevo rancho.

Al final, después de disfrutar de la abundante comida y bebida, cuando ya se retiraba su amigo, el nuevo propietario le dice a su amigo,

“Mire, compadre, mi rancho es muy grande, mucho más que el suyo, pues para cruzar toda la propiedad hay que levantarse muy temprano, manejar la pick-up todo el día, y si hay suerte para cuando ya está anocheciendo se llega al otro lado del rancho”.

Y su amigo el responde de inmediato,

“Sí, compadre, yo lo entiendo muy bien, de verdad que muy bien. Hace años yo también tuve una pick-up que estaba en el mismo lamentable estado”.

Esto prueba, con simple sentido común, que todas las cosas son como las peleas en los matrimonios, al menos hay dos lados en ellas.

El cuento viene a colación debido a las recientes campañas electorales de mitad del sexenio, aunque la verdad vendría mejor comentarlas durante la época de Navidad, pues los candidatos no hacen otra cosa que prometer regalos.

Vea usted cualquiera de las campañas electorales de cualquier candidato de cualquier partido y lo que usted observará son dos cosas: una, frases publicitarias supuestamente creativas y dos, promesas, promesas, promesas.

La parte de las promesas es, supongo, la porción más interesante, incluso morbosamente atractiva. Las ofertas y los ofrecimiento de los candidatos políticos son la razón de ser de su candidatura. Ellas van desde los compromisos de no colocar el IVA en las medicinas hasta tener gasolinas mejores a precios más reducidos.

Los candidatos más refinados van un paso adelante y utilizan encuestas. Gracias a esas encuestas, obtienen datos acerca de las principales preocupaciones de los ciudadanos y con esa información elaboran las promesas consecuentes: poner un alto a la delincuencia, crear empleos, mejorar infraestructura y todo lo que a usted se le ocurra, incluyendo la construcción de parques deportivos para combatir la drogadicción y el pandillerismo.

No es algo complejo hacer esto y sigue la tradición del más puro priísmo ahora convertido en práctica universal de partidos.

Hay partidos con otro tipo de promesas, unas de tipo más doctrinal, como las del partido que quiere tener leyes que aprueben el aborto y que permitan la legalización de parejas homosexuales. Al fin y al cabo, promesas, promesas y más promesas.

Ésa es la parte de la historia del ranchero que presume de un rancho muy grande que tarda un día en recorrerse.

Ahora, es tiempo de una segunda opinión para ver el otro lado de la historia. Todas esas promesas tienen un costo, pues nada hay gratis en esta vida, nada, ni siquiera el aire que respiramos.

Es la parte que no se toca en las campañas electorales, pues les quita su tono festivo. Los candidatos no quieren hablar de la realidad, no les conviene.

Digamos que el candidato promete construir canchas deportivas y habla de ellas ensalzando lo previsor que él es y lo preocupado que está por las causas sociales. En ese terreno de la fantasía desbordante y febril que ataca a los candidatos, jamás cruzará por su mente que esas canchas tienen un costo.

Igual para otro candidato que promete electricidad gratis a los de la tercera edad, o cualquiera que sea el eufemismo que ahora se emplee. Dirá que a esas personas no se les va a cobrar ni siquiera el agua, que recibirán medicinas gratis.

De tonto, bajo la práctica actual, se le ocurrirá mencionar que todo eso cuesta y que para hacerlo realidad va a tener que seleccionarse entre los parques deportivos, las carreteras, las medicinas, la electricidad subsidiada y miles de opciones más.

Este es el otro lado de la historia del ranchero, el de tener una pick-up en mal estado.

La conclusión es muy sencilla y solamente existen dos opciones. Una es la de que los candidatos son verdaderos tontos y no saben que las cosas cuestan, lo que es una alternativa alarmante. Otra es la opción de que ellos sí saben que todo cuesta pero que creen que las personas no lo saben.

Es decir, o ellos son tontos perdidos o creen que los electores somos los tontos irremediables. Seleccione usted la opción que crea más realista. La que sea, es para poner los pelos de punta.

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