Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quién es el Dueño?
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Volví a encontrarme con uno de esos críticos mesiánicos que al mismo tiempo predican a favor de la igualdad total de las personas en la sociedad y se quejan del consumismo.

Es decir, quieren que todos tengan las mismas cosas pero critican que la gente quiera cosas.

La idea de la igualdad total en la sociedad no merece siquiera ser considerada, pues va no sólo contra el sentido común y la lógica, sino contra los mismos fundamentos Cristianos.

Sin embargo, la idea del consumismo sí merece un examen mayor, pues es compleja y en la mente de demasiados recibe un tratamiento francamente primitivo.

La crítica principal al consumismo está dirigida al materialismo creado, con lo que se quiere decir que las personas colocan todo su énfasis en los bienes materiales, descuidan una parte de la naturaleza humana, la espiritual, y caen por tanto en vicios, malos hábitos y, desde luego, pecados.

Creo que eso es correcto. Y por eso resulta criticable por materialista la persona que fundamenta su existencia en bienes materiales exclusivamente.

Hace poco escuché uno de los ejemplos más claros de esto: una señora recién casada exigió a su marido una minivan porque que todas sus amigas tenían una, a pesar de que el marido no contaba con los recursos para comprar la marca deseada; la señora al no poderla comprar, lloró y sintió que no podía presentarse ante sus amigas con el carro viejo.

Ese caso es claro, demuestra materialismo, pero manifiesta algo bastante más útil para analizar al consumismo. Ese algo es la diferencia entre las cosas y sus dueños. Y es que es muy útil establecer quién es el dueño real, si la cosa o la persona.

Una señora cualquiera demuestra que ella es la dueña cuando puede dejar su minivan y no le sucede nada importante, pero la señora que no puede vivir sin esa carro demuestra que ella no es la dueña, que es la minivan la que realmente la posee.

Las cosas se transforman en dueñas de las personas. Ésa es una gran diferencia que no tienen en cuenta los críticos del consumismo, para quienes todo el consumo que se haga tiene una buena dosis pecaminosa.

Por mi parte, no creo que haya algo intrínsecamente malo en comprar un auto de lujo, ni en tener la computadora más avanzada, ni en comprar un par de camisas que realmente no se necesitan.

Lo malo está cuando ese coche, esa computadora y esas camisas se adueñan de las personas. No hay materialismo ni consumismo cuando usted decide hacer un viaje de placer, ni cuando usted compra una pluma Mont Blanc, ni cuando alguna señora compra un bolso de Gucci.

Eso es simplemente una compra cualquiera, no diferente a la adquisición de naranjas y manzanas. No hay crítica posible en realizar esas compras que son una decisión personal y libre.

El problema surge, le digo, cuando esas cosas se tornan propietarias de la persona. El fondo de esto es el dominio personal que se tiene, que sí es dónde pueden darse críticas válidas. Cuando se pierde el dominio personal surgen los problemas y los planos se invierten, haciendo que la minivan sea tan indispensable que sin ella no pueda vivirse.

Es decir, las compras que hacemos no son problema mientras seamos nosotros los dueños de eso que adquirimos.

Los problemas surgen cuando las cosas se convierten en nuestros dueños. El error que cometen los críticos superficiales del consumismo es el condenar la compra de todo bien que ellos no consideran indispensable. Ese error es grave, pues los lleva a ignorar la variable que de verdad importa y que es el interior del hombre.

Por eso es que esos críticos sueñan con imponer sus criterios dictatoriales sobre el resto de la sociedad, prohibiendo lo que ellos consideran bienes de lujo (como si eso pudiera se definido).

Yo tengo una pluma fuente Mont Blanc, de esas que son gordas y muy caras. Por más que la veo y veo, nada encuentro en ella que sea malo por naturaleza.

Fue un regalo que yo me hice un día en el que conseguí el empleo que quería. Cada vez que la veo me acuerdo de ese momento de alegría. La pobre pluma no tiene culpa de nada.

Me considero el dueño de la pluma y si llegase a perderla, haría un buen coraje, pero mi vida podrá seguir sin ella. Tendría graves problemas si es que la pluma llegase a convertirse en mi dueña.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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