Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ratings y Política
Eduardo García Gaspar
7 abril 2003
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Abundan las críticas a la televisión por ser ella influida por los ratings.

Se le señala a la televisión los defectos de guiarse por esos números que miden a las personas que ven cada uno de los programas y que, dicen sus críticos, hacen que la televisión cree programas monstruosos, de mal gusto, vulgares y contrarios a todas las normas.

Déjeme trasladar esa crítica de la televisión al gobierno mexicano y proponer la tesis siguiente. Las autoridades mexicanas están obedeciendo sus ratings, dando lo que sea con tal de mantener sus números altos en las encuestas de popularidad.

Así como la televisión puede crear programas tan criticados como Big Brother o La Academia, el gobierno crea igualmente sus engendros como las leyes fiscales, los subsidios y otros programas de pésimas consecuencias.

La diferencia es clara entre la televisión y el gobierno, pues mientras que yo puedo apagar el televisor, no puedo dejar de vivir bajo los programas que la autoridad me impone por la fuerza. Puedo dejar de ver telenovelas, pero no puedo dejar de pagar impuestos.

Puedo no ver programas cómicos llenos de tontos albures y gente gritona, pero no puedo dejar de comprar luz a la CFE, ni gasolina de PEMEX, ni pedir que me cuide otra policía y me juzguen otros jueces.

Por tanto, los programas del gobierno son mucho peores que los programas de la televisión. Ambos se rigen por ratings y se sujetan a todo lo que dé popularidad inmediata.

Y allí está el problema serio que enfrentamos en México, el gobierno por encuesta de popularidad. Un gobierno así es garantía de fracaso. Por ejemplo, si alguna cifra de encuesta indica que cierta medida es popular, se realizará independientemente de si es buena o no.

Haga usted una encuesta sobre si conviene o no dar subsidios al agua, a la electricidad, a lo que sea, y verá que la mayoría dirá que sí. No importa que conduzca a crisis, el gobierno por rating lo hará.

Peor aún, un gobierno por rating deja de justificarse a sí mismo. Contando con encuestas los diputados, los senadores y todo el sistema judicial salen sobrando.

La teoría dice que los gobernantes están allí para gobernar, es decir, hacer lo mejor posible las cosas decidiendo sobre cuestiones especializadas que el resto de los ciudadanos no podría hacer. Pero si los gobernantes no cumplen con esa función, todo lo que el gobierno necesita para funcionar es un gigantesco departamento de investigación de opinión pública.

Más todavía, es posible que las encuestas de popularidad aconsejen hacer lo que no debe hacerse.

Una votación popular podría favorecer, por ejemplo, perdonar a los ladrones que demuestren tener menos de dos salarios mínimos. Igualmente podría aprobarse, por encuesta, una ley que quitara las propiedades intelectuales de los programas de computación.

La teoría de la democracia es elegir representantes de las personas para que ellos gobiernen, hagan leyes, juzguen y demás aplicando conocimientos que el resto de la ciudadanía no tiene o su tiempo no le permite realizar.

¿De dónde viene esta espantosa tendencia a gobernar por rating de popularidad?

La contestación es muy clara. Los mexicanos hemos confundido a la democracia con las elecciones y con la voluntad de la mayoría. La democracia va bastante más allá de las elecciones y su teoría se basa en la división del poder para el respeto de la libertad individual. Por eso debe haber federalismo y por eso debe haber división de poderes.

Y, desde luego, la democracia no es la voluntad de la mayoría, pues ella se puede erigir en una fuente de presión a las minorías. El problema del gobierno por rating no es sencillo.

Está apoyado en ideas arraigadas dentro de los gobernantes y en la población. Ideas equivocadas y que llevan a acciones erróneas por necesidad lógica. No hay un remedio de corto plazo, que no sea la existencia de gobernantes que vean más allá de la reciente encuesta, de los que no hay muchos.

De largo plazo, la maduración de la democracia irá corrigiendo ese problema y será una maduración lograda a golpes y errores. Es lógico que así suceda, después de todo, para los mexicanos el concepto liberal de la democracia es muy nuevo.

Lleva poco más de dos años y recibimos a esa democracia como un aparato electrónico que llegó a nuestras manos sin instrucciones. Nos costará trabajo comprender que gobernar por rating es malo y que eso no es democracia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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