Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Eduardo García Gaspar
27 enero 2003
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Muchas veces tengo la impresión de que nuestro sentido de justicia en México tiene la forma de un árbol torcido, muy torcido.

El caso del Canal 40, de las protestas campesinas y muchos más sacan a la superficie un sentido de justicia inexistente y guiado más por cuestiones de popularidad basada en la ayuda a los grupos de mayor tamaño, con mayor voz y que son o presumen ser los desprotegidos del país.

Creo que hay pocas cosas tan efectivas para inclinar la justicia hacia un lado como el declarar que se es un desprotegido.

Supongamos un caso en el que dos partes están en conflicto. Una de ellas tiene la razón de acuerdo a la ley y puede demostrar con pruebas contundentes que fue defraudado por la otra parte.

Pero la parte que tiene la razón es un tipo millonario, con varias empresas y, por la otra parte, el defraudador es un tipo que se ostenta como campesino, o cualquier otro grupo social considerado como desprotegido.

La justicia dudará en darle la razón al millonario si es que el asunto llega a los terrenos públicos.

Columnistas, periodistas y ciudadanos tenderán a dar la razón al desprotegido simplemente porque lo es. Más aún, al ser un desprotegido o autonombrase como tal, la justicia se tuerce permitiendo que esa persona viole la ley abiertamente, quizá cerrando una carretera.

En otras palabras hay una clara, me parece, inclinación de la justicia a favor del que es o se ostenta como desprotegido o víctima de algo cuando el caso se ventila públicamente.

Una justicia que se inclina es una justicia que no lo es. Presupongo que hasta aquí algunas personas chocarán contra lo dicho antes y corra yo el riesgo de ser visto como un ser insensible, cruel e inhumano, al que no le mueven las miserias ajenas.

Pero, si acaso piensa usted eso, déjeme citarle un pasaje de la Biblia, un libro al que difícilmente se le puede tachar de inclemente y ajeno al dolor humano.

El pasaje viene del Libro del Éxodo, muy al principio de la Biblia y dice lo siguiente.

“No levantes testimonio falso, ni ayudes al malvado dando testimonio injusto. No sigas a la mayoría para hacer el mal, ni te inclines en un proceso por la mayoría en contra de la justicia. Tampoco favorecerás al pobre en su pleito” (23, 1-3)

Como siempre, la Biblia en unas pocas palabras dice mucho, de verdad mucho.

Es bastante claro que según esa cita, se presupone la existencia de una justicia objetiva, ajena a la persona, exterior a ella. Es decir, existe un criterio de justicia independiente del individuo.

Más aún, señala los peligros en la aplicación de la justicia, como el unirse a la opinión mayoritaria cuando ella es contraria a la justicia. La frase que golpea es la última, “Tampoco favorecerás al pobre en su pleito”.

Podemos suponer que quien eso escribió quiso ser claro en las menos palabras posibles: la justicia no debe favorecer a nadie dependiendo de su condición y, desde luego, la manera más efectiva de llamar la atención hacia esa idea es la mención de que incluso ante el pobre la justicia no debe dejar de respetarse.

¿Duro y fuerte? Absolutamente sí. Si alguien ha cometido una falta, su condición no puede alterar la aplicación de la justicia, sea pobre o rico, hombre o mujer, joven o mayor.

Cuando alguien entra a caballo al Congreso, cuando alguien cierra una carretera, cuando alguien chantajea laboralmente a una empresa, es posible que sus intenciones puedan ser el logro de algo que alguien considera bueno para algunos, pero la violación de la justicia lastima a todos.

Por eso creo que no nos viene mal una segunda opinión al respecto de la aplicación de la justicia y la ley. Cada vez que ella deja de ser respetada, sea por corrupción del sistema o por simpatías hacia grupos sociales, el país entero sufre consecuencias malas para todos.

Así se incentiva la impunidad, se fomenta la ilegalidad y se mina el respeto hacia esa autoridad que a los ojos de todos ha sido débil en la implantación de la justicia. El resultado neto es un ataque a la confianza razonable en un futuro estable y cuando eso sucede la persona deja de trabajar pensando en sus mejoras futuras.

Todo se hace pensando en el presente, lo que es quizá el mayor factor de falta de progreso que pueda existir. Le digo, no está mal de vez en cuando echar un ojo a la Biblia y regresar a cosas que son básicas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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