Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Santa Claus y Superman
Eduardo García Gaspar
4 junio 2003
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Más que en otros momentos, ahora se habla de política. No es novedoso que eso suceda en México, donde la democracia llegó de golpe, sin instrucciones y, gracias a Dios como debe ser, sin que el país se trastornara.

Porque, después de todo, ése es el efecto tangible de la democracia, el cambio pacífico de gobierno (imagine usted en Cuba cómo se realizaría un cambio de partido para apreciar lo que sucedió aquí en el 2000).

Mi primer punto es ése. Lo que aconteció con la salida del PRI de la presidencia es algo para quedarse con la boca abierta, pues el país siguió viviendo como si nada.

Sin embargo, muy pocos parecen tener conciencia de lo que fue un real milagro político. Lo excepcional es visto como normal. No he visto a nadie, literalmente, que trate este asunto, lo que es una omisión como pocas se han tenido en nuestra historia. Estamos miopes en serio.

Otro punto es el de que, debemos reconocerlo, somos un pueblo perezoso y haragán, como pocos. Mi forma de demostrar esto está a la vista de todos.

Elegimos a un presidente y unas personas más para ocupar puestos en el gobierno, y luego sentarnos sin hacer nada para que ellos solucionen nuestros problemas. Y si no lo hacen vamos a elegir a otros sobre la misma base, para irnos así tratando de elegir al que queremos que haga el trabajo en lugar de hacerlo nosotros.

Lo vago y ocioso nos brilla, porque ni siquiera le damos tiempo a pensar el asunto del gobierno. Leemos las noticias, si es que lo hace el mexicano, sin analizar, sin razonar. Por eso tenemos las campañas políticas que tenemos.

Imagine usted el tener la expectativa de que un cambio de presidente, nada más, iba a producir resultados en menos de tres años. Creer en la existencia de Santa Claus es más realista.

El tercer punto, creo que es el más curioso. Durante decenios hemos tenido gobiernos metiches en todo y, a pesar de eso, seguimos creyendo que la solución está en tener gobiernos interventores, que nos den subsidios, que sean dueños del petróleo, que produzcan electricidad.

Años y años de gobiernos intervencionistas que poco han logrado, pero queremos más.

Votamos, los elegimos y esperamos que ellos hagan todo el resto. El asunto es serio, porque los gobiernos colocan gran poder en personas que están lejos de ser perfectas. Los gobernantes son humanos y, por eso, imperfectos.

No son mejores que el resto de la gente e incluso, quizá sean peores. Pero resulta que a ellos les confiamos todo. Creemos que son la maravilla andante, cuando no lo son.

Si usted creyó que Fox sería un gobernante fuera de serie, el hombre perfecto y sin defectos que llevaría a México a resolver todos sus problemas, usted partió de una premisa absolutamente falsa. Ningún gobernante es perfecto y si no me cree, vaya y déle a un político todos sus ahorros y las escrituras de su casa.

Lo que sucede después es lógico, la desilusión emerge inevitablemente.

El señor maravilla que se creyó haber elegido está lleno de defectos, lo que nos lleva a la siguiente elección: a la misión imposible de buscar otro ser perfecto. Le digo, Superman es un alfeñique, débil y enclenque comparado con lo que nosotros creemos que tenemos en la presidencia el primer día de su mandato.

Pasando el tiempo, llegamos a tal punto que nos sentimos traicionados por ese súper héroe que no resultó tal porque nunca existió.

Esto es una corroboración de nuestra holgazanería, queremos súper héroes que hagan las cosas por nosotros. Al final acabamos pidiendo lo que más nos daña. Queremos más gobierno, cuando lo que necesitamos es menos gobierno.

Porque si el asunto del progreso se resolviera con dosis masivas de intervención gubernamental, Cuba y Corea del Norte estarían entre las potencias económicas de mayor importancia, junto con Libia, Irán y otros muchos.

Si todo sigue como va, las siguientes elecciones van a llevar al poder a los siguiente súper héroes, para crear de nuevo otra desilusión variable dependiendo de la suerte circunstancial que ellos tengan.

Y así seguiremos, holgazaneando, creyendo en Santa Claus y en Superman…con fiestas ocasionales de deportes y de protestas contra los EEUU.

Post Scriptum

Creo que vale la pena reslatra la idea del Ciclo: Ilusión-Desencanto, tratado también en Es un Don Juan, un Casanova.

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