Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sirven Para Nada
Eduardo García Gaspar
3 octubre 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una de las modas de los programas noticiosos de radio y televisión es la de hacer encuestas.

La técnica para realizarlas es en extremo primitiva: el conductor del programa plantea una pregunta, la que sea, y se pide al público que escucha o ve el programa que llame a un número de teléfono, gratuito, para opinar en una respuesta dicótoma, por ejemplo, un sí o un no, o un a favor o en contra.

Estas encuestas sirven de nada, absolutamente de nada, digo, si es que usted las toma como el sentir de la gente.

Déjeme explicarle las razones.

Primero, la más poderosa de ellas. Para que los resultados de una encuesta sean considerados aceptables, ellos deben ser representativos de una población y esa representación puede lograrse solamente seleccionado a las personas a las que se les hace la pregunta de una manera aleatoria.

Visto de otra manera, no debe haber sesgos de selección de personas. Todas las personas en la población deben tener la misma probabilidad de ser seleccionadas.

En cambio, dentro de uno de esos programas, sólo puede ser seleccionados aquellos que están viendo o escuchando el programa, es decir, una minoría de la población y no representativa de nada excepto de quienes son espectadores del programa.

Por esto, a lo mucho, podrá alguien decir que los resultados de esas encuestas representan a quienes ven el programa.

Bueno, pues ni siquiera eso, porque los resultados vienen no de quienes lo ven u oyen, sino de quienes llaman y los que llaman no son iguales a los que no llaman. Desde el punto de vista de la representatividad de esas encuestas, es posible decir con total certeza que ellas no son sino un desperdicio, o en el mejor de los casos una curiosidad sin aplicación práctica.

Peor aún, ellas pueden ser distorsionadas por llamadas intencionales de gente a la que afecta la pregunta, las que pueden poner a llamar a personas para alterar el resultados. Cuando eso se hace bien, no hay manera de detectar el intento de engaño.

La cosa empeora con la manera en las que las preguntas son hechas. No he visto todas las encuestas realizadas todos los días en todas partes, pero las que sí he visto tienen en su mayoría serios problemas en su planteamiento y redacción.

Una buena pregunta es clara, sencilla, directa, sin ambigüedades y carece de sesgos.

La más reciente de las preguntas que escuché plantear en un programa nacional de radio decía lo siguiente. “Los nuevos legisladores han tenido muchas faltas ¿Cree usted que esos diputados estén haciendo un buen trabajo?” Las personas debían contestar sí o no.

Desde luego la inmensa mayoría que habló dijo que no, seguramente afectados porque la pregunta hecha es tonta, pues contiene un sesgo que habla de las faltas de los legisladores. Un alumno mío que redacte así una pregunta, lo repruebo.

Otro caso fue el de la pregunta que más o menos estaba redactada así, “¿Cree usted que la CONAGO tenga un buen objetivo de lograr la necesaria desconcentración del poder federal?”

Preguntas como ésas tienen serios problemas de redacción porque guían las respuestas influyéndolas para dar resultados distorsionados.

Lo que digo en esta segunda opinión es bastante sencillo, esas encuestas tienen serios problemas, tan serios que sus resultados sirven para nada.

No son representativos de nada y están afectados por la mala redacción que tienen. Sin embargo, usted las puede usar para una cosa, para aprender qué es lo que no se debe hacer cuando se realiza una encuesta.

Al menos un colega profesor y yo, así las usamos, para enseñarles a los alumnos como no redactar preguntas y como no diseñar muestras de personas para investigaciones de mercado.

Fuera de ese uso no veo otro. Desde luego, queda por responder cuál es la razón por la que a pesar de eso, los programas siguen usando sus encuestas de esa manera.

No puedo responder esa pregunta, pero puedo especular una: no saben los que están haciendo ni tienen personal que sepa de esas cosas. Puede usted olvidarse de los resultados que dan esos lectores de noticias sin consecuencia alguna, o bien puede reírse un rato ante la seriedad con la que tratan esos resultados.

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