Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Claro Ejemplo
Eduardo García Gaspar
4 noviembre 2003
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace unos días sucedió lo siguiente. Miembros de instituciones gubernamentales, Imcine, Estudios Churubusco y el Centro de Capacitación Cinematográfica fueron a protestar en contra de la propuesta de desincorporación de esos organismos.

En otras palabras, están opuestos a que se vendan esas empresas propiedad del gobierno.

Esas personas acudieron a las Comisiones de Cultura y Radio, televisión y demás hierbas que tiene la Cámara de Diputados.

Muy encuerado, el asunto es sencillo de ver. Quienes trabajan allí quieren seguir dependiendo del gobierno y de los presupuestos que la autoridad les asigna. Eso es muy claro y lo confirma la realidad de que los diputados de esas comisiones les pidieron la entrega de sus necesidades financieras.

Todo, entonces, es una cuestión muy natural de dineros y de fondos. Con, desde luego, esas personas prefiriendo vivir pegados a las ubres gubernamentales.

La situación es un claro ejemplo de corporativismo, esa enfermedad institucional del gobierno con la que Lázaro Cárdenas infectó al país hace más de medio siglo.

En esencia el proceso funciona así: un grupo de personas se reúne y forma una agrupación o corporación formal o informal que se presenta frente a la autoridad y la presiona para lograr sus objetivos particulares, es decir, el beneficio del grupo y sus miembros, por medio de representantes que los encabezan en la realización de esas presiones a la autoridad.

Pero, además, el corporativismo tienen un rasgo muy propio, parte esencial de su naturaleza.

Las peticiones de favores al grupo que quiere ser beneficiado significan un daño, pequeño o grande, a los demás ciudadanos.

El grupo corporativo suele lograr sus objetivos porque está organizado y es muy ruidoso, pues aparece en la prensa con frecuencia; en cambio el resto de las personas, las que no son parte de ese grupo, no están organizadas y no ponen apremio para oponerse a las peticiones del grupo que presiona a la autoridad.

Un ejemplo ayuda a entender porqué logran esos beneficios. Ese grupo quiere seguir bajo el presupuesto gubernamental y logra que se le asignen, por ejemplo, mil millones de pesos.

La cantidad es importante para ese grupo, pero no para el resto de la población, pues es una parte pequeña del presupuesto gubernamental y una cantidad irrelevante para los ciudadanos. Si existen 20 millones de causantes, eso significaría que cada uno de ellos pagaría a ese grupo, unos 4 pesos mensuales en promedio.

¿Va usted a dedicar tiempo para protestar por esa cantidad que le quitan para dársela como regalo a otros? Desde luego que no. No tiene sentido. Perdería usted más de lo que recuperaría.

Por eso es que esas corporaciones suelen lograr sus objetivos lastimando al resto y sin que ese resto proteste. Imagine usted que alguien retira del bolsillo de usted 1 peso al mes.

Usted ni se da cuenta. Pero si lo hace todos los meses a 10 millones, esa persona logrará un ingreso de 120 millones al año. Esa persona tiene un alto incentivo para lograr su objetivo, pero ninguna de las otras personas tiene incentivos para evitarlo.

Si sólo existiera un solo grupo corporativista de ese tipo, ello no tendría consecuencias graves.

Pero en la realidad, existe una enorme cantidad de grupos corporativistas que pelean por lograr beneficios sectoriales para ellos, y el daño total que sufren las personas por la acumulación de esos beneficios a los grupos corporativistas es muy considerable. Tanto que conviene ya actuar en contra de esa práctica integralmente.

No tiene caso pelear en contra de los beneficios que pide ese grupo de Imcine y demás, pero sí tiene sentido pelear contra la práctica generalizada de favorecer a grupos corporativistas en general. La razón es sencilla, esos grupos causan un daño inmenso al país.

Los más claros ejemplos son los sindicatos y sus regímenes de pensiones para agremiados, como el del IMSS.

En fin, todo lo que quise mostrar en esta segunda opinión es el funcionamiento de los grupos corporativos y la razón por la que ellos suelen salirse con la suya. El remedio, desde luego, está en un gobierno con sentido común y que no ceda a esas presiones.

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