Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Género de Confusiones
Eduardo García Gaspar
25 marzo 2003
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hace poco volvió a hablarse de una iniciativa de ley electoral para que en esa ley se incluya una cuota de mujeres, obligatoria desde luego.

La cuota propuesta en la iniciativa es de 30 por ciento para los candidatos pertenecientes al sexo femenino.

La noción de una proporción forzosa de mujeres no es una idea nueva, pero eso no le quita lo interesante.

La justificación de esa idea está fundamentada en la discriminación femenina que se alega tener en puestos de elección popular, una base que desde luego tienen algunos otros sectores que forman a nuestra ciudadanía.

Estoy seguro que dentro de los puestos de elección popular no existe tampoco una representación de segmentos sociales como los ingenieros químicos, los campesinos, los escritores, los lavacoches, los meseros, los religiosos, ni muchos otros grupos más.

La iniciativa, desde luego, tiene sus defectos y virtudes. No todo es loable en esa iniciativa. Por ejemplo, lo ya mencionado. Esa propuesta abre una caja de Pandora, porque otros grupos podrían exigir que también ellos merecen una cuota proporcional de candidatos a elección popular.

Nada podría detener, por tanto, la obligación de tener candidatos forzados de grupos como jóvenes menores de 25 años, amas de casa solteras, doctores en medicina, diseñadores de páginas WEB y muchos más.

La misma validez de representación podría exigir cada uno de los miles de grupos que podrían formarse, altos y chaparros, cultivadores de cocos, miembros del ejército y más.

La iniciativa de ley tiene otro problema serio, muy serio. Se trata de un cambio en las prioridades de los criterios de selección de los candidatos a puestos de elección popular. Me parece obvio que los criterios más importantes para la elección de un candidato de ese tipo sean sus rasgos de capacidad, honestidad, preparación, iniciativa y similares.

Si es hombre o es mujer no es tan importante como el que tenga habilidades intelectuales y conocimientos.

Si se fuerza una cuota del grupo social que sea, eso daría irremediablemente situaciones injustas en las que alguien capaz sea relegado porque no pertenece al grupo forzado de cuotas, el que sea. Una persona muy capaz, mejor candidato, podría dejar de usar sus talentos en beneficio del país por no ser parte del grupo de cuota forzada.

Más aún, la cuota forzada de un segmento de la sociedad, no importa cuál, contiene un error fundamental pues supone que nadie puede ser representado bien por personas que no son de su grupo. Un médico no podría ser representado en el Congreso por un abogado, ni una mujer por un hombre, ni un hombre por una mujer, ni un transportista por un no transportista.

Son problemas serios que debilitan una iniciativa cuyo único mérito aparente es el de ser una medida cosmética, de mucho atractivo superficial y con valor propagandístico.

Pero hasta allí. Sus defectos son graves, pues minan la esencia de la democracia, favorecen la injusticia en la selección de candidatos y abren la posibilidad de una fragmentación fuerte de la ciudadanía al fomentar una lucha de sectores. Esto no es una defensa del machismo, ni un apoyo a la discriminación de la mujeres.

Es una defensa de la razón y del buen análisis. Es un examen de las consecuencias no intencionales que tiene esa cuota forzada de un segmento de la población y que son peores que las buenas intenciones que persigue. Las mujeres y todos los demás serían más y mejor servidos con otro tipo de medidas con mayor fundamento racional.

Por ejemplo, la elevación de la calidad de los servicios de justicia y policía ayudaría a todos, sin importar condiciones de sexo, condición social, religión, raza y demás. De lo que se trata en el fondo es de entender que somos personas todos, con iguales derechos y obligaciones, sin nada posible que privilegie a unos sobre otros.

Cuando uno de los posibles sectores exige medidas correctivas de privilegio, lo que logra es una discriminación que lastima al resto. Esto es un género de confusión que daña seriamente el supuesto del que parte nuestra existencia, somos libres y tenemos iguales derechos.

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