Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Pan Frío y Duro
Eduardo García Gaspar
30 enero 2003
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Cuentan que dos políticos mexicanos, enemigos acérrimos entre sí, se encuentran cara a cara, frente a frente. Uno salía por una de las puertas del congreso. El otro, desde luego entraba.

Miradas de odio se entrecruzaron, de las que podían sentirse chispas de odio. Unos segundos eternos quedaron así, uno frente a otro, como retándose viendo quién era el que primero cedía el paso al otro.

Ninguno de los dos quería condescender, hasta que el frígido silencio se rompió con una frase.

El que quería salir del recinto, dijo al otro con un tono absoluto de desprecio, “Retírese de mi paso, yo nunca cedo el paso a pillos, ladinos y marrulleros que no tienen palabra”. Dijo eso respirando con profundidad y alzando la cabeza, viendo hacia abajo a su rival.

El que quería entrar, que era mucho más pequeño de estatura, se hizo hacia atrás apenas había acabado de hablar el otro, y le cedió el paso al mismo tiempo que decía, “En cambio, yo sí cedo el paso a esas personas”.

La anécdota, desde luego, es inventada. No creo que en el común denominador de nuestros legisladores exista el talento para que alguien dé esa respuesta, y sería más natural el clásico recordatorio familiar, tan abusado y tan vacío de significado.

Es más quizá nuestros legisladores no entiendan la historia.

Sea lo que sea, tampoco son muy comprensibles algunas de las cosas que existen en nuestra vida, como por ejemplo, la existencia de tallas diferentes para zapatos y para calcetines.

Y tampoco es fácilmente entendible la existencia de un artículo que es de uso relativamente común en las reuniones caseras, cuando la mujer de la casa quiere impresionar a sus invitados.

De seguro conoce usted eso que llaman Melba Toast y que no es otra cosa que un pan tostado, duro y seco, el que por una rareza de la vida resulta ser algo aristocrático, selecto y refinado. Porque no es lo mismo que en la casa sirvan Melba Toast que unas simples galletas saladas o similares.

La verdad es que esa aristocrática galleta nació en Londres, en el elegante Hotel Savoy, algo antes de la Primera Guerra Mundial. Y fue un error de la cocina del distinguido establecimiento.

La historia es más o menos la siguiente. Coloque usted en ese hotel a una dama famosa, muy famosa, que recibe atención especial de todos los empleados del hotel. Ponga a dieta a esa dama, a una dieta rigurosa, pues seguramente ella era una artista de célebre fama y elevado peso.

Haga ahora que esa dieta consista en un pan tostado y que sea el mismo chef quien se encargue de tostar delicadamente el pan y colocarlo graciosamente en un fino plato que lleva a la dama.

Haga que eso suceda varias veces hasta un día en el que el chef no puede tostar personalmente el pan y encargue la tarea a uno de sus dependientes (¿Qué tan difícil puede ser tostar un pan?). Y desde luego, va a suceder lo que usted se imagina.

El subalterno lo tuesta de más y lo deja duro. Peor aún, lo coloca sin gracia en un plato y permite que se enfríe.

Luego lo lleva a la mesa donde la dama en dieta espera su platillo y en el momento que ella lo muerde, usted que es el chef se da cuenta del terrible aspecto del pan que ella ya mordió. Corriendo entre las mesas del restaurante usted llega a la mesa de la dama para pedirle disculpas por ese pan tostado en exceso.

La dama lo recibe a usted con una sonrisa y le dice, “Monsieur le chef, éste es el mejor pan tostado que me han servido en su hotel”. Usted, como chef, no tiene otra opción que sonreír y agradecer el cumplido, “Qué bueno que a madame le haya agradado”.

Pero hay más, usted se da cuenta de que acaba de inventarse algo nuevo, algo que le gusta a la gente refinada y tiene una oportunidad de oro, que es el clásico truco de nombrar al platillo de acuerdo a la persona que lo probó primero.

Una vez sabido esto, adivine usted el nombre de la dama en dieta a quien eso le sucedió en Londres, en un hotel de lujo y producido por un descuido de un subalterno.

Desde luego, es cierto, esa dama se llamaba Melba, concretamente Nellie Melba, australiana. A ella debemos eso, un nombre elegante que añade refinamiento en cualquier mesa y que no es otra cosa que un pan tostado, duro y frío, y que suele ser más pequeño que el pan de caja original.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras