Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Simple Análisis
Eduardo García Gaspar
24 abril 2003
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Una Segunda Opinión
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En una de las clases que doy, hay una lectura cuya idea central es muy clara: a los mexicanos nos guían más las emociones que los razonamientos.

No es que no pensemos, sino que los sentimientos tienen un peso mayor en nuestras vidas que los análisis y raciocinios.

Creo que es cierto y como prueba reciente ofrezco la cobertura de medios televisivos del conflicto de Irak, donde los noticieros mexicanos ofrecieron una clara tendencia a hacer coberturas emocionales y relegaron el análisis a un segundo lugar.

Los medios extranjeros que vi, esencialmente norteamericanos e ingleses, mostraron la otra faceta. Ellos dieron prioridad al análisis con una buena cantidad de expertos en diversas materias que añadían información. Los sentimientos eran hechos a un lado.

Y como ejemplo, menciono el siguiente análisis que pude resumir después de ver a esos medios informativos no sentimentales.

El punto de partida es el 11 de septiembre de 2001, el día que el mundo cambió. El terrorismo había infectado al mundo, pero ese día le pegó a los EEUU y eso hizo una gran diferencia. El gigante no se iba a quedar sin hacer nada después de sufrir eso que habían soportado muchos otros países.

El terrorismo sin duda fue identificado absolutamente como una amenaza real proveniente de una fuente de fanáticos que estaban dispuestos a matar inocentes. Diez años antes Irak había invadido Kuwait, había sido repelido y se le hizo sujeto de castigos por la sencilla razón de una historia dictatorial innegable, un armamento en extremo peligroso y realidades absolutas de asesinatos masivos.

Tanto es así, que hasta la ONU lo reconoce y envía inspectores.

Pasan los años e Irak viola los acuerdos con la ONU sistemáticamente. La situación se vuelve tan grave que la resolución 1441 establece en su texto “consecuencias serias” en caso del no cumplimiento de sus disposiciones. La situación se agrava por la actitud iraquí de desafío, el activismo francés pacifista y una serie de evidencias sobre las armas iraquíes.

Estas evidencias sobre las armas iraquíes y el desarrollo de instrumentos bélicos químicos y biológicos son expuestas a varios gobiernos. Unos creen las evidencias y otros no.

Obviamente, las posiciones políticas de los gobiernos afectan al nivel de credibilidad que ellos dan a esas demostraciones. Ante esto se generan dos posiciones claras.

Unos gobiernos dicen que no puede tolerar la trayectoria de más de once años de engaños probados de Irak. Otros gobiernos dicen que sí debe tolerarse y seguir con el uso de los inspectores.

La diferencia de posiciones se polariza cuando se incorpora el elemento pacifista y en lugar de ver el problema de creer o no las evidencias, el asunto se torna uno de hacer la guerra o no hacerla.

La decisión posible a tomar es doble. No hay duda del patrocinio iraquí al terrorismo, ni de su programa de armas de exterminio, ni de sus matanzas y torturas, pero hay dos maneras de enfrentarlo.

Una manera es esperar manteniendo la acción de esos inspectores, por lenta que sea e ineficaz que haya sido antes. La otra manera es intervenir por la vía de la guerra al gobierno iraquí.

La disyuntiva no es sencilla pues tiene consecuencias. Si se opta por esperar, eso dará tiempo al régimen iraquí para seguir el desarrollo de sus armas y genera la posibilidad real de un ataque terrorista de gran escala en alguna parte del mundo con armas de destrucción masiva.

Si se decide la guerra, se anula ese eventual ataque terrorista mayor, pero se tienen posibilidades de efectos colaterales negativos imprevistos que generen más violencia, aunque también se tiene la ventaja posible de ablandar a los terroristas y los estados que los cobijan.

Esa es la información más fría, breve y objetiva que le puedo dar.

Ahora usted tome una decisión fría y calculadora viendo las consecuencias de cada una de las dos acciones posibles. Pero antes de tomarla vea las consecuencias posibles de su decisión.

¿No haría la guerra aceptando el riesgo probable de un ataque terrorista de gran escala, quizá varios?

¿O haría la guerra aceptando el riesgo de consecuencias negativas como el incremento de la escala del conflicto?

Tome la decisión sin emociones, pensando y analizando. Ninguna de esas decisiones va a ser sencilla si son consideradas sus consecuencias.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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