Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Tendencia Milenaria
Eduardo García Gaspar
25 febrero 2003
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los humanos tenemos varios rasgos, algunos desesperantes, como la tendencia a hablar de uno mismo, que es el tema favorito de demasiadas personas,

Pero hay otros rasgos que son fascinantes, como nuestra embrujo por crear y escuchar cuentos. Es fácilmente imaginable la situación hace miles de años, de un grupo de personas reunidas por la noche narrando lo sucedido durante el día.

La distancia entre eso y el contar historias breves es mínima.

Los cuentos y las historias breves deben haber sido la primera obra literaria del hombre. Ellos tienen argumentos fascinantes, llenos de dramatismo y de aventura. Los hay de todos tipos, para niños por ejemplo, llenos de sangre y horror, lo que demuestra la naturaleza realista del cuento, pues aún los infante estaban expuestos a oír historias en las que una bruja engordaba niños como pavos para comérselos.

No hay nada mejor que los cuentos en la literatura, según yo, y por eso le quiero compartir con usted algunas ideas.

Si a usted le gusta el horror y el miedo, empiece con Edgar Allan Poe, un verdadero maestro del género. Y si quiere seguirle en esa vena, no lo dude ya, váyase a H.P. Lovecraft, otro maestro pero del real terror, tanto que al yo no podía leer sus cuentos sino de día.

Es cierto. Creo que leí todos sus cuentos un par de veces en varias ediciones, y es espeluznante. Si le gusta la ciencia ficción, el clásico es Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, escrito a mediados del siglo pasado. Es una maravilla.

Los cuentos de Guy de Maupassant son otra joya, llenos de esa sensualidad y sutileza que sólo los franceses pueden tener y que retrata a personajes humanos en unas pocas palabras.

Las historias de Sherlock Holmes fueron una de las lecturas favoritas de mi juventud. Las podía leer sin leer. Me explico. Hay veces en las que se está leyendo, pero el cerebro ya no ve las letras del libro, sino que imagina la acción narrada. Experimentar eso es una delicia.

Luego hay cuentos locales, como los de un libro español que me regalaron con historias cortas de esa nación y que uno puede ligar con muchas de las historias leídas en otras partes.

Jorge Luis Borges es otro estilo, también de maestro del género. También hay otros autores, como Rudyard Kipling y los seguidores de Lovecraft. En nuestros días hay un fenómeno interesante al respecto.

Es el de El Señor de los Anillos una larga historia que tiene todos los ingredientes de un cuento y que ha provocado al parecer un regreso de los jóvenes a la lectura. Más o menos igual que lo ha hecho Harry Potter con los aún más jóvenes. Y eso es valioso.

Quien no lee libros buenos pierde mucho de su vida. Claro que no se da uno cuenta de eso que se pierde, lo que se comprende después de probar el queso roquefort a una edad tardía, como me sucedió a mí.

Simplemente hay libros que son de lectura obligatoria, como los de los cuentos, que ejercitan la imaginación y desarrollan la habilidad de pensar. Más aún, ningún programa de televisión que haya visto yo es mejor que el peor de los cuentos de Maupassant, por ejemplo.

Ninguno. A pesar de eso, otro de los rasgos humanos es nuestra tendencia a hacer las cosas que menos trabajo cuestan Y esa es la razón por la que plácidamente colocamos la parte inferior de nuestra espalda, amodorrada en el sillón, para prender la televisión y estar expuestos a contenidos que no tienen sentido, son malos, están mal actuados y se hacen al aventón.

¿Quiere usted leer de sexo, crímenes, política, asesinatos? Está bien, agarre una de las obras de Shakespeare y tendrá todo eso, además de amor, mentiras, fraudes y lo que usted quiera. Queda la cuestión de definir qué es lo que constituye un buen libro.

No lo sé, pero sí tengo buena idea de lo que es un mal libro y un ejemplo de ellos es todo lo relacionado con Gloria Trevi y la mayoría de las obras de motivación personal. Como esos hay miles, muchos de ellos de reciente publicación y que no han tenido el beneficio del filtro del tiempo.

Hay excepciones actuales, como El Perfume de Susskind, que es muy bueno. Pero si no le quiere fallar, acuda a alguna colección de cuentos con historias de hace varias decenas y descubrirá algo maravilloso. Mucho mejor que los más adelantados efectos especiales de cualquier película de Spieldberg. En serio.

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