Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Varias Caras, Una Persona
Eduardo García Gaspar
25 abril 2003
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hace mucho que, por una razón tonta, estuve viendo fotografías familiares, desde la época de recién casados de mis padres hasta fechas muy recientes.

Fue un buen rato el que pasamos viendo los cambios por los que habíamos pasado y riéndonos de nuestras modas de jóvenes en los años 60. Pero había mucho más que sólo ese momento feliz en familia.

Tome usted sus fotos, desde esas de bebé hasta las del momento actual, y verá una serie de cambios. Varias caras, una misma persona. Vea usted las fotos de sus padres y sus abuelos. Le sucederá lo mismo.

Rasgos faciales que se van modificando inevitablemente con el tiempo. Vi fotos mías de unos tres años de edad que son muy diferentes a las de la actualidad. Mi punto es sencillo.

Las personas vamos cambiando desde que nacemos. En el tiempo vamos cambiando físicamente, lo queramos o no. Cierto, podemos reconocernos, pero la realidad es que cambiamos y tanto, que en esa sesión de fotografías era prácticamente imposible reconocer las fotos de los abuelos cuando eran bebés.

Cambiamos en estatura, en peso, en arrugas, en acné, en dientes, en vello. La nariz y las orejas nos crecen. Nuestra apariencia es cambiante y de eso no puede haber duda. Supongo que hasta aquí está usted de acuerdo.

Vayamos ahora más allá para pensar sobre el momento en el que comienza nuestra vida y que no puede ser el día en el que nacemos porque salimos muy vivos del vientre materno.

Creo que la única respuesta posible y razonable es que nacemos en el momento de la concepción, claro que no con la misma apariencia que con la que nacemos, pero eso no importa. Después de todo, de ancianos no vamos a ser iguales que de bebés.

Le digo, después de ver esas fotos de familia, me puse a pensar en esto. Seguimos siendo los mismos cuando no tenemos barba y cuando la tenemos, cuando medimos sesenta centímetros y cuando medimos 1.80 metros, cuando estamos sin panza y cuando la tenemos.

Seguimos siendo los mismos, cuando tenemos artritis y cuando nuestras manos están en formación, cuando comemos unos tacos y cuando nos alimentamos por el cordón umbilical. La apariencia es diferente, pero ninguna duda puede haber de que somos la misma persona.

Demos ahora otro paso.

Veamos que se considera malo en extremo matar a una persona, por ejemplo, para robarla. Igualmente se considera malo lastimar a las personas, como por ejemplo, secuestrarlas. Son incluso delitos castigados por la ley.

Esas faltas se consideran más graves aún en el caso de que las víctimas sean niños, como en los casos de asesinatos de infantes y violación de menores.

Supongo que igualmente usted esté de acuerdo hasta aquí. Las personas cambiamos en el tiempo y nos consideramos dignas de respeto, de tal manera que el dañarnos es considerado inmoral y delito.

Por lógica necesaria se sigue que los abortos son asesinatos sin duda alguna, pues se le quita la vida a una persona viva en todo el sentido de la palabra. El que tenga una cierta forma aún no desarrollada no importa, pues somos seres que cambiamos en el tiempo.

El momento del nacimiento es una de las varias etapas biológicas del ser ya vivo, no muy diferente a algún cumpleaños. Lo que digo en esta segunda opinión es sencillo.

El aborto es un asesinato claro. La persona que aborta comete un acto no muy diferente al asesinato de un bebé de dos meses o de un anciano de noventa.

La conclusión es lógica, con la ventaja de que confirma la dignidad de las personas, no importa la etapa de vida por la que atraviesen. El viejito sin dientes no tiene una esencia distinta a la del embrión que tampoco los tiene.

Visto de otra manera este razonamiento anula el argumento de que la mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo porque en realidad al estar embarazada tiene dentro de sí otro cuerpo, el de una persona con una de las muchas apariencias que tendrá durante su vida.

Yo era el mismo cuando me vestían de marinerito de pelo rubio rizado, cuando andaba de greña larga y sucia como hippie y cuando llevaba corbata y pelo corto relamido con canas.

No veo la razón por la que yo no era yo estando en el vientre de mi madre. Varias caras y una misma persona. En fin una sesión de fotos familiares que echó a volar mis neuronas.

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