Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
1 Domingo Cuaresma C (2004)
Textos de un Laico
27 febrero 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura, del Deuteronomio (26, 4-10) cuenta lo que Moisés dijo al pueblo judío, unas instrucciones directas para adorar a Dios: dar al altar lo primero cosechado y, sobre todo, orar a Dios recordando sus favores.Duda de Santo Tomás

“Los egipcios nos maltrataron…. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz… nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo protector…”.

Es una historia de ruego y de salvación, de haber pedido y de haber conseguido, de estar en una situación terrible y de salir de ella gracias a Dios.

Más aún, Dios no sólo sacó a su pueblo de esa opresión, sino que también lo llevó a esa “tierra que mana leche y miel”, como una especie de paraíso prometido.

Es ése favor la razón de llevar hasta el altar las primicias de la tierra y de postrarse a adorarlo.

• En San Pablo (Rm. 10, 8-13) la idea de la salvación continúa pero ahora en un plano mayor, más amplio. La salvación ya es de todos. “Ninguno que crea en Él quedará defraudado, porque no existe diferencia entre judío y no judío ya que uno mismo es el Señor de todos”.

Es la enorme idea de un Dios de todos, pero de un Dios al que puede llamarse igualmente, como en la lectura anterior.

Dice Pablo, “Muy a tu alcance, en tu boca, en tu corazón, se encuentra la salvación… Porque basta que cada uno declare con su boca que Jesús es el Señor… para que pueda salvarse”.

Las dos son historias de salvación, de llamar al Señor para que él nos salve. Esto nos hace entender un Dios que escucha y que concede, en otras palabras, es un Dios que ama a todos.

Y coloca en cada uno de nosotros por igual, sin distinción, la oportunidad de llamarle sin que haya duda de que nos escuchará si esa llamada sale del corazón”.

• El texto del Evangelio (Lc. 4, 1-13) es impresionante, porque ya no es el hombre quien está en una situación apurada, sino Dios mismo en la persona de Jesús.

Comienza el texto colocando a Jesús en una situación en extremo débil, “se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio… No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre…”

Es otra situación de desesperación y de opresión, que se hace aún más terrible cuando surge el diablo y lo tienta tres veces. Y en cada una de ellas, Jesús responde con, “No sólo de pan vive el hombre… Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás… No tentarás al Señor tu Dios…”

En el fondo es la misma historia del Deuteronomio, la de momentos terribles en los que se acude a Dios y desde el corazón mismo salen ruegos en los que se menciona Su nombre sabiendo que Él escuchará y que ayudará.

Las tres lecturas, pues, nos hablan del poder que tiene la oración cuando ella sale de lo más profundo de nuestro ser. Es sencillo llevar este mensaje hasta las situaciones personales, cuando nos sentimos abrumados y agobiados, abatidos y desesperados.

Es en esas situaciones cuando debemos recordar que siempre está Él junto a nosotros y que bastan palabras sinceras nuestras para ser escuchados y consolados.

Con esas palabras podemos resistir las tentaciones y es posible lograr nuestra salvación. Todo gracias a eso que dice San Pablo, “Ninguno que crea en Él quedará defraudado.”

Más aún, Pablo añade palabras diciendo que Dios “es espléndido con todo los que lo invocan, pues todo el que invoque al Señor como su Dios será salvado por Él”.

Es un mensaje de alegría, de esperanza que se fundamenta en la fe que sale desde lo más hondo de nuestros ser llamando a Dios y pidiendo consuelo. No importa qué tan desesperados estemos, qué tan grave sea nuestra situación, Él está siempre allí, junto a nosotros. Basta llamarlo creyendo en Él. Todos podemos llamarlo, todos sin excepción alguna.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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