Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
2 Domingo de Pascua (2004)
Textos de un Laico
16 abril 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• En el Evangelio de hoy (Jn 20, 29) se narran dos apariciones de Jesús resucitado. En la segunda de ellas está Tomás, pero no en la primera.Duda de Santo Tomás

La conducta de Tomás nos revela una faceta muy humana. Los apóstoles le hablan de la aparición de Jesús pero él no la cree e incluso exige pruebas, “Si no veo en sus manos la señal de los clavos… y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Es la actitud esperada, la reacción tradicional que los humanos tendríamos ante ese increíble suceso.

Y la tendrían, además, no sólo Tomás, sino incluso también muchos otros de los apóstoles si es que no hubieran estado en la primera de las apariciones narradas.

• Por su parte, la primera lectura (Ac 5, 12-16) nos presenta a los apóstoles ya en acción, realizando “señales milagrosas y prodigios…”, como curaciones a enfermos.

Lo podían hacer por una sencilla razón, habían visto y creído a Jesús y habían sido encargados con una misión, la que cuenta Juan en el evangelio; les dijo Jesús, “… Como el padre me ha enviado, así también yo os envío… Reciban el Espíritu Santo…”

Las personas necesitaban esas pruebas, esos prodigios, y así el número de fieles iba creciendo.

• En la segunda lectura (Ap 1, 9-11, 12-13, 17-19) se narra otra aparición, “… un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo caí a sus pies… me dijo, ‘No temas… estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo… Escribe lo que has visto…’” Y Juan, desde luego, lo obedece. No necesita ya pruebas.

Sin duda, estas lecturas nos dan una visión de la naturaleza humana, un tanto escéptica y dada a no creer las cosas que los sentidos no perciben.

Lo primero que debemos reconocer es que eso es normal, pues hasta uno de los apóstoles pasó por esa experiencia. Simplemente no pudo creer en la resurrección hasta que sus sentidos se lo demostraran. Lo que nos pide Jesús está muy relacionado con eso.

Como el mismo Evangelio anota las palabras de Jesús, “… dichosos los que creen sin haber visto.”

Eso es lo que nos pide, tener una fe tan grande que podamos creer sin que de por medio exista una demostración que pase por los sentidos. Entonces, seremos dichosos, como Jesús lo prometió.

Es la promesa de amor absoluto. Es pedir ser creído sin que se exijan pruebas. Y el amor verdadero se corresponde así, creyendo, sin condiciones. Es una consecuencia lógica del amor.

Quienes se aman, no necesitan más. No piden demostraciones, no piden pruebas, no exigen testimonios. Por eso, San Juan en la segunda lectura, no tiene la menor duda ante esa aparición de Jesús. Juan lo ama y eso basta. No necesita más.

Pero si acaso en un momento entendible de dudas pedimos testimonios y pruebas, ellas nos rodean si es que las queremos ver.

Están en las “señales milagrosas y prodigios” que llenan a nuestra iglesia en todo lugar y en todo tiempo. Están en los milagros comprobados, en las vidas de los santos… pero también están aquí, en el templo en el que oímos esta misa. Están esas pruebas en la devoción que tienen todos los que ahora estamos presentes.

Las mismas personas que estamos aquí somos esas pruebas que buscamos. Las pruebas, si es que las pedimos, sobran y abundan. Basta sólo el tener ojos para verlas. Y las estamos viendo en esta misma misa, si volteamos a nuestro alrededor.

Más aún, las estamos viendo, con las palabras que la primera lectura de hoy dice, “El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo día a día…” Las pruebas, si es que las queremos, están en nosotros mismos. Nuestra presencia aquí ahora es una de esas pruebas.

Por eso cuando salgamos del templo, entendamos claro que cada uno de nosotros es una demostración de Dios ante los demás y que debemos comportarnos como una prueba de que Dios existe… una prueba vital cuando otros las necesiten y volteen a ver nuestro ejemplo diario.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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