Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
3 Domingo de Cuaresma C (2004)
Textos de un Laico
12 marzo 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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En las lecturas de este III Domingo de Cuaresma hay un mensaje para todos. De cada uno de nosotros, Dios espera frutos. Más aún, Dios está dispuesto a ayudarnos a dar esos frutos. Nos ama infinitamente, sin embargo, nos deja libres para corresponder a ese amor.

• En el Evangelio (Lc 13, 1-9) se nos presenta Duda de Santo Tomásuna situación curiosa. El propietario de un viñedo tenía allí una higuera. Durante tres años acudió al sitio en donde ella estaba plantada en busca de sus frutos, jamás encontrándolos.

Por esa causa toma una decisión drástica, cortar la higuera pues ya no da frutos. Ordena cortarla, pues “¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?”.

Sin embargo, con esa sentencia dada, surge un elemento sorpresivo. El viñador, empleado suyo, propone al dueño hacer otra cosa. Propone darle otra oportunidad.

Propone dejarla viva todavía otro año, pues él va a aflojar la tierra, va a ponerle abono y quiere esperar antes de cortarla. Este viñador está actuando con compasión. Quiere él darle otra oportunidad a esa higuera que muy bien está representando a cada uno de nosotros, si es que no damos los frutos que Dios espera que demos.

• En el Salmo responsorial, esa idea se ve con extrema claridad, “El Señor es compasivo y misericordioso”, igual que ese viñador que propone al dueño del viñedo darle otra oportunidad a la higuera.

Más aún, una de las partes del salmo dice, “El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades, él rescata tu vida del sepulcro…” que es lo mismo que ha hecho ese viñador, salvar a la higuera.

De manera sencilla podemos ver en ese viñador a Jesús cuando afloja la tierra, cuando pone abono… es decir, cuando perdona nuestros pecados, cuando cura nuestras enfermedades.

• En Éxodo (3.1-8.13-15), la lectura presenta el famoso episodio de la zarza que arde sin consumirse. Dentro de ella, la Biblia menciona las siguientes palabras de Dios, “He visto la opresión de mi pueblo… he oído sus quejas contra los opresores y conozco bien sus sufrimientos. He descendido para librar a mi pueblo de la opresión… para sacarlo de aquellas tierras y llevarlo a una tierra buena y espaciosa, una tierra que mana leche y miel”.

Son palabras de comprensión, de piedad y de misericordia hacia su pueblo, es decir, hacia todos nosotros. Igual que el salmo responsorial, igual que el viñador. En el Éxodo se confirma que Dios nos ama y que quien ama no puede dejar de tener piedad hacia el ser amado.

Pero hay en el Éxodo un elemento adicional: el premio del amor que demos a Dios es esa tierra que mana leche y miel, es decir, el Cielo, la recompensa final de quien da frutos al dueño del viñedo, de quien no ocupa la tierra inútilmente.

• La epístola de San Pablo se encarga de darnos el panorama completo al mencionar lo que sucede si no nos comportamos de manera que agrademos a Dios.

Habla él de las bendiciones que recibió el pueblo de Dios en el desierto y dice, “Sin embargo, la mayoría de ellos desagradaron a Dios y murieron en el desierto… Todo esto sucedió como advertencia para nosotros… Todas estas cosas sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros…”.

Pablo, por tanto, nos habla de la higuera cuando a pesar del abono y de la tierra aflojada, se empeña en no dar fruto. Veámonos, por tanto, cada uno de nosotros como esa higuera que no ha dado los frutos que de ella se esperaba.

Quizá estemos ocupando la tierra inútilmente. Si somos esa higuera seca no nos desesperemos pues sabemos que Dios es misericordioso y compasivo, que nos ama y que está dispuesto a ayudarnos a dar los frutos que debemos dar.

Es un mensaje de amor y de perdón, de darnos otra oportunidad no importa lo que hayamos hecho antes. Nosotros podemos dar frutos aunque no los hayamos dado nunca antes.

Es un mensaje de extrema alegría. Nuestra vida debe dar frutos para Dios. Tal vez hemos dado pocos frutos, o ninguno, o muchos… pero siempre podremos dar más. ¿Cómo?

El Evangelio nos da la clave, atendiendo a eso que hace el viñador, eso que hace Jesucristo, reconociendo sus palabras y lo que Él nos ha dicho. No es difícil encontrar sus palabras, ellas están en el Evangelio.

Abramos el corazón a sus palabras, que la recompensa que recibiremos será infinita. Pero la decisión de escucharle es nuestra, somos libres corresponder a su amor o no, para dar frutos o no.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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