Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aristóteles, México y la Democracia
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Análisis
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Los sistemas políticos, sin importar su signo, son consecuencias de ideas que alguien ha tenido. Esas ideas tienen casi siempre antecedentes que se remontan a la filosofía griega. Este análisis presenta una idea de Aristóteles.

La idea de la confianza en los ciudadanos, por ejemplo, es una idea que simpatiza con los propósitos democráticos, pero, sobre todo, intuye la naturaleza de la estabilidad democrática. Lo que esta idea hace es descubrir la real esencia de la democracia. No la palabra desgastada y abusada, sino el auténtico significado de la democracia y de su benéfica consecuencia, la creación de una sociedad estable y llena de confianza.

La idea a la que esta carta se dedica fue encontrada en Aristóteles, Política, Editorial Porrúa, Colección SEPAN CUANTOS… Número 70, 1994, pp. 216-217.

Un punto de arranque

Lo que Aristóteles empieza por afirmar es que el pueblo juzga en muchos casos mejor que un individuo cualquiera. Este es un elemento clásico de las democracias: la confianza es colocada en el pueblo, en los miembros de la sociedad.

Es obvio, por ejemplo, que al creer en las bondades de los juicios de los ciudadanos, necesariamente se tiene una visión positiva de ellos: los ciudadanos son capaces, tienen habilidades racionales.

De lo contrario, no podrían emitir juicios en los que se puede confiar. Si alguien apoya el voto universal para la selección de gobernantes, por definición presupone inteligencia en todos los ciudadanos. De lo contrario, se declararía la invalidez de esos votos.

Por naturaleza, la democracia sospecha de los juicios de un sólo individuo, especialmente si los juicios provienen del individuo que está en el poder. El contraste es notable con la situación mexicana de los tiempos del PRI, cuando un solo individuo, el presidente, era considerado como el gran imperativo de la nación y su voluntad era mandato obligado para todos.

Bajo el presidencialismo, la figura presidencial no era la del servidor público, ni la del mandatario, sino la del mandante que gobernaba sin ser cuestionado. Aristóteles, además, trata otra ventaja de la confianza en el juicio popular: una persona puede corromperse con mayor facilidad que varios individuos.

Es una intuición muy apegada a la realidad cotidiana y está casi expresada como un principio matemático. Dice que un cuerpo numeroso es más inmune a la corrupción, pues como el agua cuando es mucha, también la multitud está menos sujeta a corrupción que la minoría.

Con el símil del agua, el autor hace recordar la descomposición de los pocos que formaban el gobierno, un grupo cerrado de personas con mucho poder que se corrompieron con facilidad; es más fácil la corrupción de esos pocos que la podredumbre de todos.

Esta es otra forma de expresar la esencia democrática. La intervención de una gran cantidad de individuos en los asuntos políticos actúa como una especie de seguro.

Una sola persona o un pequeño círculo de gobernantes tiene mayor probabilidad de corromperse que un número grande de ellos. Pregunta el autor si ¿será más incorruptible un sólo gobernante, o más bien los que son mayores en número? La respuesta suya se reitera, resulta más fácil corromper a una persona que a varias.

Las consecuencias lógicas

Si se profundiza en esta idea, pueden extrapolarse nociones que tienen en común la idea de la diversificación del poder en la sociedad. La democracia significa en esencia el reparto del poder entre los ciudadanos. Cada ciudadano tiene un poco de poder.

Ninguno de ellos tiene poder en cantidades desproporcionadas; así el poder se dispersa y, por consecuencia, se establecen pesos y contrapesos que hacen menos probable la corrupción de la autoridad.

Continuando con la misma idea, Aristóteles trata otra faceta, una que es fascinante por acercarse a una concepción probabilística que poco ha sido explotada en la defensa de la democracia. Dice el autor que bajo el dominio de la cólera o de otra pasión semejante, se corrompe necesariamente el juicio individual, mientras que es difícil que todos se corrompan al mismo tiempo.

Es sorprendente el sentido práctico de este comentario: es más fácil que una persona monte en cólera a que lo hagan varias. Es más fácil que se equivoque uno a que se equivoquen todos.

Aristóteles expresa una mayor confianza en el actuar de muchos y sospecha del actuar de pocos. En el fondo, está hablando de la estabilidad que produce la democracia. Será muy probable que una nación gobernada por un individuo, como lo fue durante el presidencialismo, sufra las consecuencias de las pasiones de ese individuo.

En la democracia sucederá lo contrario. La nación democrática no estará sujeta a esos vaivenes ocasionados por los antojos y las rarezas del gobierno de una persona. Por tanto, la democracia produce estabilidad. Los habitantes de naciones democráticas no temerán acciones erráticas y caprichosas de gobierno.

Disfrutarán de la visión de un futuro no sujeto a los antojos gubernamentales. Está aquí la intuición de la idea desarrollada por Montesquieu en otros números de esta serie Democracia en México: la tranquilidad ciudadana crece notablemente si sabe que no sufrirá las consecuencias de una autoridad política voluble e impredecible, que pueda abusar de su poder.

Los desempeños de las presidencias de Luis Echeverría y José López Portillo, durante la época del populismo en México, son buenos ejemplos de esa frivolidad y ligereza con las que se contrataron deudas externas e imprimieron cantidades innecesarias de moneda, lo que produjo situaciones gravísimas de inestabilidad y falta de confianza.

Gobierno de leyes y gobierno de personas

El autor confirma esa manera de pensar al decir que quien recomienda el gobierno de la ley parece recomendar el gobierno exclusivo de lo racional, mientras que quien recomienda el gobierno de un hombre añade un elemento de impulso animal.

Es ésta otra manera de intuir esa idea de la estabilidad que se produce cuando el poder está balanceado y no en las pocas manos de unos cuantos.

Por tanto, interpretando esa idea, puede concluirse que uno de los rasgos esenciales, quizá el mayor, de la democracia es la diversificación del poder. Los desarrollos posteriores de esa idea son claros.

• La separación de los asuntos religiosos de los asuntos de gobierno es una forma de ruptura del poder. Antes había una clara concentración de esos dos asuntos, lo que representaba una centralización de poder en pocas manos.

• La separación e independencia de los poderes gubernamentales es otra forma de diversificación del poder. Los gobiernos son entidades que por naturaleza concentran poder, pero que bajo las concepciones más modernas son fragmentados en poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

• El federalismo proclama un nivel de independencia con respecto a un gobierno central. Esta es otra manera de redistribuir el poder: cada estado tiene autonomía y deja en manos del poder central unas pocas decisiones, como la conducción de la política exterior y servicios nacionales de seguridad. El resto es asunto estatal. La misma esencia se encuentra en la autonomía de los municipios.

• Las elecciones periódicas son otro de los métodos usados para la distribución del poder. Así como el federalismo fragmenta el poder en el espacio, el voto divide el poder en el tiempo. Impide la continuidad no aprobada del gobernante.

• La separación de los asuntos políticos de los económicos es aún otra manera más de realizar esa división de poderes. Quienes detentan poder político tendrían demasiado poder si también dominaran la actividad económica.

Aunque Aristóteles no expande la idea, es posible inferir dos efectos más. Si se confía más en el juicio de varios que en el juicio de uno solo, como se dijo, necesariamente se concluye que existe confianza en los ciudadanos. Se piensa que los ciudadanos tienen las habilidades y la razón suficiente como para actuar y decidir.

Esto tiene repercusiones extremas, pues significa la esencia de la negación absoluta de escuelas políticas como el nazismo, el comunismo y el dirigismo estatal, que colocan todo el poder de la sociedad en una elite que niega las habilidades del resto de los ciudadanos.

La única posible justificación del intervencionismo mexicano, demostrado con la existencia de monopolios estatales por ejemplo, es suponer que los juicios y las capacidades racionales de los ciudadanos son inferiores a los de los gobernantes; a ningún mexicano se le considera capaz de manejar negocios petroleros o eléctricos, lo que claramente va en contra del pensamiento de este autor.

En consecuencia, quien sea partidario de la democracia hará bien en poner atención en estos aspectos.

La razón última de la democracia es la confianza en el ciudadano particular lo que hace posible el federalismo, la autonomía municipal, la separación iglesia-estado, la separación economía-estado y la división de poderes gubernamentales.

Pero sobre todo, quienes creen en la democracia, saben que ella otorga estabilidad a la sociedad, al hacerla ajena a los vaivenes de los caprichos del gobernante demasiado poderoso. La democracia da confianza en un futuro estable. Publicación original: diciembre de 1996 Carta AmaYi® #16 Publicación corregida y aumentada: septiembre 2004.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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