Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buscando un Mejor Presidente
Eduardo García Gaspar
7 diciembre 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Ha sido creencia mía que las ideas que uno tiene son las causas de las cosas que uno hace. Y pongo un ejemplo de esto, el más sencillo que se me ocurre ahora y que es de actualidad.

Me refiero a las percepciones que se tienen acerca del presidente Fox. Quienes tienen ideas presidencialistas, es decir, las personas que perciben que el presidente mexicano en la actualidad tiene el mismo poder que tenía antes esa silla, van a resolver el problema político de una manera primitiva e infantil.

Van a querer resolver el problema de un mal presidente con la búsqueda y el encuentro de una persona mejor, más calificada. Por favor, no me entienda demasiado rápido en esto. Cuando una persona piensa en política y la entiende como una cuestión de gobernantes solamente, va a querer resolver cuanto problema se presente con el cambio de esos gobernantes.

Quitarlos si no funcionan y poner otros. Y si además piensa que el presidente es todopoderoso, como lo era antes, especulará en quitar a ese presidente para poner otro y de esa manera solucionar las cosas.

Estoy hablando de la idea de Popper. En términos más generales: los asuntos políticos, para muchos, son una cuestión de seleccionar a los que ellos piensan que son más capaces para gobernar. Cuestión de tomar al mejor preparado, de mayor experiencia y ya, el asunto está resuelto.

Todos en el país se sentarán a esperar que el seleccionado obre milagros. Esto aconteció con Fox. La discusión política de esas elecciones se volvió un asunto exclusivo.

Todo era cuestión de seleccionar al adecuado, a la persona correcta, para que México y los mexicanos fueran testigos de las maravillas que la persona obraría. Y eso está aconteciendo ahora mismo. Muchas personas están viendo el asunto de 2006 de la misma manera. Si Fox no sirvió, es cuestión ahora de seleccionar a otro y sentarse a esperar.

Esta idea es despistada a más no poder. No se trata realmente de hacer de la política un asunto de rotación de personas esperando sacarse el premio de que salga uno bueno. El riesgo es demasiado grande. La política es bastante más complicada que eso de buscar con ilusión alguien en quién depositar el destino de los ciudadanos.

La historia está demasiado llena de gobernantes malos, en quienes no debe confiarse. La política no puede ser entendida como la sola persecución del gobernante-maravilla. Hay demasiadas cosas en juego para apostar cantidades exorbitantes a un individuo que tiene alta probabilidad de ser un simple mortal, como el resto de los ciudadanos. No mejor y quizá peor.

La política, antes que nada, debe ser entendida como un frágil y delicado sistema de balance de poderes, cuyo propósito es evitar el abuso del poder. Es decir, la democracia no es un mecanismo para la selección de los mejores gobernantes, sino una especie de seguro en contra de los abusos de poder y una protección contra las tonterías que puedan cometer.

El asunto puede ser entendido mejor viendo el desempeño de algunos de los presidentes de México y cómo algunos de ellos tuvieron desempeños pésimos y otros no tan malos.

Lo que la democracia produce no es más que estabilidad y confianza en un futuro razonable. No va a producir un disparo de prosperidad pero servirá de cimiento a la elevación de la calidad de vida. Puesto de otra manera, si los mexicanos nos enfocamos a la chiflada búsqueda del súper hombre que será el futuro presidente, terminaremos peor que ahora.

Nuestro problema no es de presidentes, sino de división del poder con consensos probables. Es mucho más un problema de partidos políticos que uno de poner en la silla a otro diferente. Coloque usted en ella a AMLO, que las cosas no cambiarán y de seguro empeorarán (debido a su carencia de sentido de respeto a las leyes).

O ponga a cualquier otro, no importa. Eso no solucionará el problema político de México. Más se podría lograr cambiando a las cabezas de los partidos que al presidente, aunque esos puestos no estén sujetos a voto ciudadano.

Lo que quiero hacer en esta segunda opinión es echar un cubo de agua helada sobre quienes basan sus esperanzas de un mejor gobierno en el cambio de presidente. Así nunca será posible hacerlo.

El problema es bastante más complejo y difícil. El apuro de la política mexicana es otro totalmente distinto, uno de solucionar las bases mismas de la esencia democrática, que es la posibilidad de gobernar bajo un sistema de poderes divididos. Y ese es un asunto de madurez de los partidos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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