Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Bush o Kerry?
Eduardo García Gaspar
2 noviembre 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Ha sido claro en algunas columnas previas que mi inclinación personal es hacia Bush. Sin embargo, es una inclinación un tanto renuente.

Entre candidatos a un puesto público, casi siempre la opción es la selección del menos malo y el caso de los EEUU, ahora, se ilustra con la existencia de dos candidatos que están lejos del óptimo.

Una posible prueba de esto que digo es el empate técnico en las encuestas y la existencia de unos pocos estados en ese país que serán los determinantes en la elección con sus votos electorales. En fin, son tiempos duros, y quisiéramos tener en esa nación un líder fuera de serie.

Quien sea que gane, no lo tendremos.

Las posiciones de Kerry han sido variables y volubles según las circunstancias. No parece ser un líder decisivo y claro. Más bien, lo percibo con ganas de dar gusto a todos y por eso, quedar mal con todos al final. Su cercanía con las fracciones “liberales” americanas me molesta, pues eso generalmente significa menos sociedad y más gobierno.

Sin embargo, tiene una posición más conservadora en el manejo de los impuestos y el déficit del gobierno. Su posición de líder es muy dudable. Quien duda, vacila y quiere la aprobación general, no tiene las miras claras y se moverá como veleta.

Su crítica a la guerra en Irak es desafortunada para su propio país y mina el espíritu de su ejército. Molesta también la pérdida de verticalidad que han tenido muchos medios principales en su favor, lo que me manda a señalar la posibilidad de que esos medios se dediquen más a alabarlo que a examinarlo en caso de llegar a ser presidente.

Por su parte, Bush tiene en su favor una posición clara y rotunda, que no está sujeta a vaivenes de popularidad. Es una cualidad necesaria en un momento difícil para el mundo, cuando el terrorismo es un factor bélico y no de criminalidad. La invasión de Irak, sigo creyendo, no fue un error, especialmente ante el contenido de la Resolución 1441 de la misma ONU. Pero sí tuvo errores, creo, en la ejecución de la invasión.

Esos errores fueron posibilidades de corrección y no se tomaron medidas al respecto. Por ejemplo, los tratamientos de algunos prisioneros contrastaron con derechos humanos, pero sobre todo no hubo realmente remoción de responsables. Quizá se trate de ser muy poco inclinado a reconocer errores.

La creación de un déficit público, pudiendo estar justificado en algún monto, es algo que preocupa a todos. En cuestiones centrales de moral, favorezco más la posición de los republicanos que la de los demócratas siempre tendientes al relativismo de la última moda intelectual.

Y, en general, mis simpatías generales han estado más del lado republicano que del demócrata, simplemente por creer más en la libertad humana. Por ejemplo, he sido un simpatizante general de Ronald Reagan.

La repercusión en México no creo que sea sencilla de prever. Un breve recuento histórico de los últimos 20 años, hecho por un amigo, inclina la balanza del lado republicano. Nos va mejor con ellos que con los demócratas, a pesar de que la percepción popular sea la contraria.

Esto me lleva a otro factor: algunas veces, cuando no tengo una clara opinión al respecto, suelo ver la opinión de la izquierda mexicana para concluir que lo contrario es lo mejor.

En lo que he visto, los intelectuales mexicanos y las organizaciones de izquierda están totalmente inclinadas en pro de Kerry, lo que es una evidencia a favor de que muy probablemente la posición contraria es siquiera ligeramente mejor.

Un ejemplo de esto es el embrollo de las balas de goma, un tema de altas protestas que no se sostiene al pensar que la opción anterior eran balas de verdad.

No sé quién gane el dos de noviembre y simplemente he expresado la opinión de que por un pequeño margen es preferible que Bush sea reelecto. Estoy seguro que muchas personas pensarán otra cosa diferente. Pero mi punto principal es muy sencillo: las preferencias personales no deben ser extremas.

El extremismo es un mal consejero en estos casos. Bush no es el súper villano, ni Kerry el súper héroe… y tampoco el viceversa es cierto. Ambos candidatos tienen muy serios defectos.

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