Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Casi la Prohibición
Eduardo García Gaspar
25 mayo 2004
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Una de las peores facetas que puede adoptar un gobierno es la de creerse un líder moral que debe llevar a sus ciudadanos por el camino del bien.

Un ejemplo de ese rol moral de la autoridad está en los “impuestos al pecado”, es decir, un tratamiento fiscal punitivo a productos y servicios que son considerados malos por alguna razón.

Los dos ejemplos más comunes de los impuestos al pecado son el cigarro y el alcohol, pero también hay impuestos al juego y las apuestas, además de impuestos a los establecimientos con desnudos.

Tener esos impuestos es erróneo, por buenas intenciones que se tengan, y quiero demostrarlo en lo que sigue.

Primero, desde luego, están las consecuencias imprevistas. Con precios más altos de alcoholes, por ejemplo, se alteran los negocios como bares y restaurantes, con pérdidas de empleo, ventas menores y, desde luego, menos impuestos.

También, los precios elevados en esos bienes y servicios crean oportunidades para negocios ilegales y contrabando, lo que eleva la corrupción. En fin, tenemos una serie de efectos no intencionales de consideración.

Vayamos ahora a la posibilidad de que esos impuestos eviten esos pecados. No lo creo. Quien necesita beber va a seguir haciéndolo, incluso a un precio superior, disminuyendo las ventas de otros bienes. Igual que para el que fuma o juega.

A fuerza de impuestos, no se van a quitar el vicio esas personas. Y, peor aún, quienes son consumidores moderados de esos productos serán castigados a pesar de no consumirlos en exceso. Si esos impuestos tienen bases tan endebles, desde luego, queda por saber la razón por la que son aplicados por los gobiernos.

No veo otra razón que la sed de dinero que tienen las autoridades combinada con el poder para cobrarlos, más un buen nivel de indiferencia del resto de la población que no se ve afectada directamente. Si alguien no bebe, le importa un comino el impuesto a la bebida. Igual para el que no fuma, o no juega, o no visita sitios de desnudos.

En esto último, debemos ver una débil política de impuestos: la autoridad se nutre de ingresos gracias a acciones que considera malas. Quiere los ingresos de conductas que reprueba. No tiene mucho sentido.

Por otro lado, tener esos impuestos abre la puerta a posibilidades reales de otras cargas fiscales, por ejemplo, a los alimentos chatarra o con demasiada azúcar o con grasas excesivas.

Es claro que con un problema de déficit, la tentación de esos impuestos especiales a los pecados es enorme. Todo porque es más sencillo hacer eso que tener una ley fiscal buena y funcional.

Y más aún, esos impuestos tendrán la ventaja de hacer ver a los legisladores como seres preocupados por la salud de la población, lo que les valdrá el aplauso miope de bastantes ciudadanos que no verán las consecuencias malas de esos impuestos.

La recomendación final y más conveniente es sencilla: dejar a esos negocios como cualquier otro, sin tratamientos especiales hostiles, lo que manda a otra recomendación, la de evitar también tratamientos fiscales especiales benignos.

Es una aplicación del principio de igualdad ante la ley, y que implica la conveniencia de que la autoridad no se meta en lo que no sabe y que otros pueden manejar mejor que ella. Y es que al final, en esos impuestos, se puede detectar una buena dosis de soberbia gubernamental, pues la autoridad asume el papel de querer guiar a la sociedad por lo que los gobernantes consideran que es el buen camino bueno.

El problema de creer eso es partir del supuesto que el gobierno es un ejemplo moral a seguir y que tiene los conocimientos necesarios para tomar decisiones que deben ser individuales.

En fin, lo que he querido hacer en esta segunda opinión es ofrecerle argumentos en contra de esos impuestos especiales que se conocen como impuestos al pecado. Son ellos otra de esas cosas que se ven bien en la superficie, pero que viendo más de cerca ocasionan más males que bienes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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