Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Casinos Son Complejos
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2004
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Recientemente hubo declaraciones de la Conferencia del Episcopado Mexicano que en su esencia rechazan la posibilidad de establecer legalmente casinos y casas de juego (El Universal, 12 noviembre). L

os argumentos usados para ese rechazo son lógicos, pero no completos. Por ejemplo, uno de ellos dice que “problemas como el de la inseguridad, la deficiencia en los cuerpos policiacos y el narcotráfico mostrarían un repunte…”

Parece más exacto verlo de otra manera. Cuando la policía y los tribunales funcionan razonablemente bien, se esperaría que los casinos estuvieran bien operados y no causaran ese repunte en la criminalidad. El viceversa es lógico: el claro mal estado de la policía y la aplicación de la justicia en México no hacen que sea conveniente ese establecimiento.

La conclusión es sencilla: no hay por qué desechar el establecimiento de los casinos, después de todo, actualmente ellos operan clandestinamente; sin embargo, la estructura mexicana actual no se presta a que eso se haga. Las cosas empeorarían con una promoción a la ilegalidad ya rampante en el país.

Vista así, la opinión de la CEM es razonable. Sin embargo, no se puede admitir totalmente la otra aseveración hecha por esa organización.

Se afirmó que “…hay investigaciones serias hechas en otros países donde se han instalado casinos, que han demostrado que éstos son un detonante que multiplican el delito y la inseguridad.”

La primera falla de la aseveración es la obvia, el omitir la mención específica de esas investigaciones. De hecho, por otro lado, puede ser lo contrario.

En donde se establecen casinos, la seguridad es tan necesaria que la policía tendrá un incentivo a operar mejor. El tema de los casinos lleva años de salir a la superficie cada determinado tiempo y volver a sumergirse de nuevo. El tema es adecuado para hacer consideraciones en terrenos de mayor consecuencia.

Pero antes de entrar a esos terrenos, sin duda debe aceptarse lo razonable que resulta pensar en que la policía y el sistema de justicia en México no están a la altura de lo que requeriría el establecimiento de los casinos.

Con eso en mente, los casinos, como las drogas y otros asuntos, son ejemplos de actividades que los gobiernos pueden prohibir con la idea de beneficiar a la población. El mecanismo de pensamiento es el mismo para esos casos. El juego es un vicio, daña a las personas, y por eso el gobierno debe prohibirlo.

O bien, las drogas dañan a la gente y su uso debe ser ilegal, que es lo que se hizo con las bebidas alcohólicas durante la Prohibición.

La pregunta de fondo es la lógica. ¿Debe un gobierno prohibir lo que se presupone que causa daño a la población? No hay una contestación fácil, en parte, debido que que el juego no daña a todos los que van a los casinos, sino a unos cuantos de ellos. Más aún, la prohibición del juego provoca su clandestinidad, también como sucedió con la Prohibición.

Y, cuando no hay una respuesta sencilla y clara, la mejor política es la de dejar libre el asunto, es decir, que se establezcan casinos como un negocio más. La gran ventaja de esto es quitarse al gobierno de las espaldas como el supuesto encargado de la moral del país, un puesto que no puede asumir un gobierno y que hace mal quien lo fomenta.

Más aún, el asunto es paradójico, porque después de todo el juego es un monopolio gubernamental bien claro colocado en la Lotería Nacional y los demás juegos de dinero que el gobierno controla. Quien tiene esa contradicción no puede poseer las credenciales suficientes para predicar sobre lo malo que es el juego.

La pregunta se mantiene, sin embargo, ¿qué es mejor, tener casinos o no tenerlos? Sin entrar en consideraciones barrocas, la respuesta de principio es un claro sí. La razón es muy sencilla: de prohibirse todo aquello que fuese negativo, las personas terminaríamos en un mundo de imposible mérito moral.

La virtud, la fuerza de voluntad, la real libertad se realizan en donde existen posibilidades de actos indebidos. Prohibir esos actos sólo tiene sentido cuando esos actos alteran la libertad de los demás. Por eso está prohibido robar, lastimar a otros, defraudar.

Por eso mismo, no tiene mucho sentido prohibir legalmente lo que puede dañar a la persona misma que realiza el acto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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