Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Como Telenovela
Eduardo García Gaspar
2 junio 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


He tenido dos casos en mi vida, de mujeres jóvenes solteras estudiantes que me han narrado, siempre con pesadumbre, que están embarazadas.

Uno de esos casos merece resaltarse contando pocos detalles de la situación particular: terminando su carrera, la joven veía cambiada su vida porque obviamente no esperaba el embarazo, menos aún con un novio con el que había terminado.

“Aún lo amo”, me dijo llorando, refiriéndose a su novio, “pero vive con otra ahora.”

Todo lo que podía hacer era tranquilizarla para evitar que hiciera algo inesperado lleno de emoción y de lo que podría arrepentirse. No supe mucho del desenlace, pero me agradó verla aparecer por clase una semana después, con más ánimo. La historia me ha puesto a pensar en telenovelas.

Quizá a usted le pase lo mismo que a mí, eso de que en las telenovelas los personajes buenos son realmente tontos.

A ellos continuamente se les oye exclamar, “me ha pegado, pero aún lo amo”, “me abandonó, pero aún la amo”, y, desde luego, “me dejó embarazada, se fue con otra, pero todavía lo amo.”

Me parece que el error es evidente en esas afirmaciones y en lo que sigue, trataré de explicarlo. Para hacerlo, acudo de memoria a C. S. Lewis y uno de sus escritos.

Siendo razonables todos, podemos diferenciar dos cosas muy distintas. Una es el enamoramiento y la otra es el amor. Distinguir entre ellas nos resultará muy útil.

El enamoramiento es antes que nada un sentimiento, algo que se tiene con escasa intervención de la voluntad; una especie de atracción física poco explicable con la razón y que causa algún trastorno en la mente. Bajo ese enamoramiento se sufre desasosiego e inquietud.

Hay ansiedad e intranquilidad. El apacible estado normal de la persona se transforma en uno diferente, que llena la persona con la que uno se ha enamorado. Se quiere y ansía estar junto a ella, verla todo el día.

Muy pocos son los que no han pasado por este estado emocional del enamoramiento. Se trata en esencia de un sentimiento. Al ser un sentimiento, en su creación interviene poco la voluntad y suele suceder que así como llega, así se va.

No es un acto intencional, sino uno sentimental que tiene su crecimiento, su pico y su caída. Eventualmente se desvanece y es lógico que eso suceda, pues no se puede vivir por siempre en el estado desazonado del enamoramiento.

Por el otro lado, tenemos al amor, que es lo contrario: un acto intencional, dirigido por la voluntad, premeditado, sostenido con empeño y que por eso dura. El amor, además, no produce desvelos y ansiedades sino calma y sosiego. Exactamente lo contrario.

Es por la imposibilidad de diferenciar entre ambas cosas que, pienso, se escuchan esas frases de “me embarazó, se fue con otra, pero aún lo amo”, o “me casé con ésta, pero estoy enamorado de la otra.”

El problema es serio pues al enamorarse, uno está dejando que las emociones controlen a la persona y no al revés, que es lo que debe ser. Quien se deja llevar por las emociones del enamoramiento vivirá brincando enamorado de una persona a otra y a otra, sin remedio. Pero quien actúa con voluntad, tendrá más control y estabilidad en su vida.

Lo dicho hasta ahora puede causar la impresión de que el enamoramiento es malo. No, si es que más tarde entra la voluntad en acción y el enamoramiento se torna en amor intencional. No estoy seguro, pero Lewis dice algo como que el enamoramiento enciende la mecha del amor.

Es un primer paso necesario, pero que no puede durar mucho… que es cuando entra la voluntad, la intención consciente de amar con los ojos abiertos, con plena conciencia y razón, y sin las vendas que el enamoramiento pone en los ojos.

Los personajes de telenovela, por tanto, pueden verse como un puñado de retrasados, incapaces de pensar y de decidir amar porque viven como víctimas de sus sentimientos y dejan de ser humanos plenos al dejar de usar su voluntad y su razón.

Por esto creo que lo que me dijo esa alumna, “aún lo amo, pero vive con otra” es equivocado.

Debería haber dicho, “aún estoy cegada por el enamoramiento y sigo enamorada de él”, lo que es muy distinto. Todo es cuestión de ser más humanos, es decir, de usar más la razón y no dejarse llevar por los sentimientos, que son muy malos consejeros.

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