Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comprar a la Fuerza
Eduardo García Gaspar
29 enero 2004
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo el planteamiento de la reforma fiscal se ha convertido en un problema de negociación entre partidos, olvidándose que lo que sea que se logre o no, va a terminar afectando al otro lado de la ecuación, al resto de los ciudadanos.

No es sólo que se logre una ley tributaria aprobada por los legisladores, sino que sea una buena reforma.

Mucho me temo que hay más inclinación por lograr una reforma fiscal, la que sea, que lograr una reforma fiscal con buenos efectos.

Para ver esto de las consecuencias de la reforma fiscal, es posible recurrir a un sencillo ejemplo. Supongamos que una persona tiene un ingreso de 100 pesos y que todo lo gasta en dos bienes. No importa cuáles sea esos bienes, porque es sólo una simplificación.

Digamos que gasta su ingreso de manera igual, 50 pesos en cada bien. Pero ahora, el gobierno decreta impuestos de 33% del ingreso de esa persona. La nueva situación queda así: la persona ahora gasta un tercio de su ingreso en cada uno de tres conceptos, los dos bienes anteriores más ahora los impuestos.

Ya no gasta 50 pesos en cada uno de esos bienes sino menos, 33 pesos. De aquí debemos suponer que su bienestar ha bajado ya que el consumo de esos dos bienes se ha reducido.

Sin embargo, los impuestos deben estar dándole otros bienes que antes no tenía, como servicio de policía, de tribunales y demás.

Su bienestar se ha reducido, pero alguien pudiera alegar que los impuestos pagados elevan el bienestar de alguna manera. Pudiera ser, pero debe reconocerse que antes la persona compraba libremente esos dos bienes y que ahora compra esos mismos dos más un bien adicional que está obligado a comprar bajo amenaza de uso de fuerza contra él en caso de no pagar.

Esto hace una gran diferencia, pues es obligatorio pagar lo que el gobierno ordene. Hasta aquí podemos sacar conclusiones simples.

• Los impuestos reducen el bienestar de las personas porque reducen el ingreso disponible para otros bienes.

• Los impuestos pueden incrementar el bienestar de la persona al proveerle servicios que antes no tenía.

• Los impuestos no son voluntarios y, por eso, pueden estar cubriendo servicios que la persona no necesita y nunca hubiera comprado.

Con esto en mente, el siguiente paso es lógico. Si esa persona sigue comprando esos dos bienes de nuestra situación simplificada, pero ahora debe pagar impuestos, necesariamente resultará que está adquiriendo tantos bienes y servicios como el gobierno compre con esos impuestos cobrados a esa persona.

El gobierno se ha convertido en un agente de compras que sustituye las decisiones de la persona.

La persona, con ese 33 por ciento de impuestos será comprador de tiempos de maestros en escuelas, tenga o no hijos; será donador de fondos a partidos políticos, por algunos de los cuales nunca votará; pagará pavimentación de calles, por algunas de las que jamás circulará; dará dinero a fondos de pensiones de burócratas que nunca lo atendieron o lo hicieron mal; sufragará sueldos de jueces que nunca lo atendieron o de los cuales rehuyó; pagará subsidios a productores de bienes que el no produce.

En sencillo ver que, por tanto, con los impuestos, las personas pagan bienes y servicios que no usan, que rehuyen usar o que benefician al gobierno más que a ellas.

Desde luego, se puede alegar que varios de esos servicios son básicos para la sociedad y que sin ellos no funcionaría.

Pero aún reconociendo esto, subsiste la idea inicial de estar pagando cosas que la persona jamás adquiría si fuera libre. Por tanto, la única solución practica al problema de imponer impuestos es obvia: ellos deben ser los menores posibles, lo que incluye sencillez de pago, para comprar con ese dinero lo absolutamente necesario y a un precio en extremo competitivo (como la persona lo hubiera hecho).

En el fondo, los impuestos deben dedicarse exclusivamente a cuestiones muy básicas en las que los particulares no participan… y nada, absolutamente nada más.

Ejemplos de esto, quizá, son la policía y unos pocos más, pero no la educación en la que es perfectamente posible que los particulares intervengan.

Lo que pretendo haber demostrado es sencillo: los impuestos son un costo que reduce el bienestar de las personas y solamente lo puede incrementar cuando con ellos se provee a los ciudadanos con servicios básicos que otros no pueden otorgar, siempre con tasas lo más bajas posibles. No es complicado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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