Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Correos Entre Dos Columnistas
Eduardo García Gaspar
11 abril 2004
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


From: Eduardo García Gaspar

Subject:     Comentarios a “El cáliz…”

Date:     8 de abril de 2004 12:45:16 PM GMT-05:00

To: Luis Manuel Garza

Estimado Luis Manuel, buenos días.

Llamó mucho mi atención su columna del 07 de abril en la sección de opinión de El Norte, bajo el título “El verdadero cáliz de Cristo” tanto que me he permitido el hacerle las siguientes observaciones después de cada uno de los párrafos de su escrito. Habiendo yo sido editorialista en El Norte durante casi 20 años, los editoriales siguen atrayendo mi interés y tiempo.

Disculpe usted mi atrevimiento por hacer esto, pero es que el tema tocado por usted es realmente importante y debo decir que lo escrito por usted me ha ayudado a meditar en estos días. Igualmente disculpe usted la extensión de mis comentarios, pero lo relevante de su columna lo amerita.

Reproduzco lo escrito en su columna primero en itálicas y al final de cada párrafo coloco mis reflexiones.

Cuánta razón tiene José Saramago. Las cruzadas y la Inquisición mostraron la cara del Diablo con el nombre de Dios. Tergiversaron la doctrina de Cristo de una manera evidente. Quienes torturaban y asesinaban en nombre de Dios se convirtieron en anticristianos.

Sí, esos sucesos fueron terribles y confundieron el papel de la Iglesia en el apostolado cristiano. Eso lo podemos ver muy bien desde nuestra perspectiva varios siglos después. En cuanto a la Inquisición, recordemos que al menos en España, ella era más un brazo político que uno religioso y que, en otros países no católicos, también hubo persecuciones religiosas, aún más terribles.

Quizá esos momentos de la historia eran de terrible celo religioso en casi todas partes de Europa. Un buen libro al respecto es el de Paul Johnson sobre la historia del Cristianismo.

Según José Saramago, cuando Jesucristo suplicó a Dios que apartara de él el cáliz del que iba a beber, momentos antes de ser entregado por Judas, no se refería al calvario que iba a padecer en la crucifixión, sino a los horrendos crímenes que durante siglos se cometerían en su nombre.

La de Saramago es una interpretación personal, un tanto cómoda y perezosa desde nuestra posición histórica. Pero limita extremadamente el asunto, pues ese “cáliz” va mucho más allá de esa explicación, pero en serio más allá.

La Pasión de nuestro Señor es el momento más grande de la historia, para un creyente, y no la estrechísima relación con un evento de la Edad Media más otros eventos concretos. La visión de Cristo era total y no particular.

En “El Evangelio según Jesucristo”, el Nóbel de Literatura supone que Dios habló con Jesús antes de ser apresado, para explicarle lo que serían las cruzadas y la Inquisición, informándole sobre los cientos de miles de seres humanos que serían torturados y asesinados en nombre de ellos.

De nuevo, la aseveración del autor ignora la dimensión divina. El que Dios informara a Jesús apunta una separación esencial entre ambas Personas y supone que Jesús no sabía lo que seguía, lo que está en desacuerdo con la más básica de las interpretaciones de los Evangelios.

Mucho me temo que nada hay en la Teología para apoyar esa tesis del autor. De hecho, todo indica hacia una interpretación totalmente opuesta.

En ese diálogo imaginario del novelista portugués, Jesús se enteró de que su vía crucis provocaría en el futuro millones de calvarios iguales o peores para quienes dudaran de su existencia o creyeran en otro Dios, o simplemente para quienes desacataran sus mandamientos. Previó múltiples crucificados, destripados, degollados, quemados, lapidados, ahogados, descuartizados, estrangulados, desollados, alanceados, corneados, enterrados, serrados, asaeteados, amputados y desgarrados.

Es éste un extraordinario recurso literario, pero de nuevo, carece de sostén lógico. La atemporalidad divina cancela esa interpretación humana de un literato.

La frase “Jesús se enteró” supone una separación esencial de las Personas de la Trinidad y pone en tela de juicio su divinidad, exactamente lo contrario se afirma en el Nuevo Testamento. Independientemente de ignorar a otros sacrificados, los mártires.

Siguiendo con la idea de Saramago, Jesús lloró al enterarse de que quienes torturaran y asesinaran en su nombre perfeccionarían los métodos para infligir sufrimiento y crearían una serie de instrumentos de tortura y muerte, los cuales provocarían que las víctimas de los mismos desearan haber sido crucificadas.

Es una elaboración del recurso literario del párrafo anterior. La frase “lloró al enterarse” insiste en entender a Jesús como separado del Padre, como un ser que no es parte de la Trinidad. Muchos párrafos en los Evangelios podrían usarse para demostrar como falsa esa aseveración.

Se trata de recursos literarios en extremo llamativos, provenientes de una mente muy hábil en su profesión.

“No quiero esa gloria”, dice Saramago que dijo Jesús a Dios, lamentando lo que se cometería en su nombre y negándose a aceptar que eso pudiere llevarse a cabo por quienes en el futuro se dirían sus seguidores. Jesús, resignado, aceptó ese cáliz que perduraría por siglos, consistente en ver su nombre involucrado en la aplicación de su antidoctrina.

El mismo comentario aplica en este párrafo. El sacrificio de Jesús se explica por la redención de la humanidad. Ésa es la gloria de la pasión. Por otro lado, la imperfección del hombre no debe jugar un papel para el futuro nada más, sino en toda la historia.

Mucho antes, en la Biblia, se narran ocasiones severas de ignorancia del mandato de Dios entre los judíos. Si lo que Saramago dice fuera cierto, eso tendría que aplicarse también a los momentos anteriores a la Segunda Persona hecha hombre. Antes y después de Cristo la imperfección humana ha usado mal a Dios. No debía ser eso algo de lo que Jesús no estuviera enterado.

Siguiendo con la idea de Saramago, supongo que Jesús de Nazareth se enteró en ese diálogo con Dios de que los líderes de su Iglesia, en el futuro, no serían pobres como él, sino ricos, como los conductores religiosos de ese momento, quienes pedían su cabeza y estaban a punto de conseguirla.

Una mala suposición, mucho me temo, por varias razones. La primera ya ha sido comentada: “Jesús se enteró” es una frase que supone un conocimiento limitado de Cristo, lo que es imposible si es que Él es Dios e ignora el real objetivo de la venida de Cristo a la tierra.

La segunda razón es sencilla: el argumento utiliza sólo una parte de la evidencia histórica y no la totalidad. Me explico. Sí, hubo jerarcas eclesiásticos terribles, pero también existió una enorme cantidad de jerarcas extraordinarios.

El error en el razonamiento de ese párrafo es ignorar a esos ministros fuera de serie. La enorme lista de santos, por ejemplo, sería suficiente para negar lo afirmado allí. La única mención de lo negativo no anula la existencia de lo positivo, por ejemplo, las faltas terribles de las cruzadas no hace que dejen de existir los mártires de todos los tiempos.

Cuánta razón tiene José Saramago. Las cruzadas y la Inquisición mostraron la cara del Diablo con el nombre de Dios. Tergiversaron la doctrina de Cristo de una manera evidente. Quienes torturaban y asesinaban en nombre de Dios se convirtieron en anticristianos.

Depende. Saramago puede tener razón en eso de las cruzadas y la Inquisición, aunque el señalarlo dista mucho de ser original. Ello ha sido apuntado antes.

Sea lo que sea, debemos por otro lado recordar una realidad. La imperfección del hombre indica sin duda que la iglesia en la tierra está formada por hombres también imperfectos y contra eso no hay remedio. Pruebas de su imperfección hay y seguirá habiendo. El mal uso del nombre divino, además, no es exclusivo del Cristianismo.

Señalo, además, con cierto temor que me siento mal cuando usted le dé la razón a Saramago, cuando podía unirse a opiniones mucho más sólidas y expertas en el tema. Saramago es un escritor muy reconocido, pero jamás un experto en el tema. Le rogaría leer a Santa Teresa para complementar este asunto.

Mel Gibson tiene ya el tema para La Pasión de Cristo II, en donde los protagonistas sean aquellos que fueron victimados por quienes se decían seguidores de Jesucristo; en dicho filme, puede mostrarse el sufrimiento emocional que sintió Jesús antes de ser detenido, cuando se enteró de las futuras masacres que serían cometidas en su nombre.

O bien, puede haber otro tema para la segunda parte: todas las vidas de millones de cristianos que han hecho el bien. Podría, la nueva película, incluir la vida de san Francisco, la de San Pablo, la de Tomás Moro y un número impresionante de seres bondadosos.

De nuevo surge el error de un párrafo anterior, que es la carencia de balance. Hablar de lo malo ayuda a corregir errores, pero hablar de lo bueno es una inspiración para corregir esos errores.

El actor y productor puede complementar el filme con muchos pasajes evangélicos de paz y amor, para transmitir el verdadero perfil de Jesucristo; el de un ser ecuánime, bondadoso, justo, caritativo y además de mente brillante.

No contiene este párrafo la principal idea, la de que Jesús era Dios. Hablar de que tenía una mente brillante es una aseveración en extremo limitada de la verdadera esencia Divina. Prácticamente todo el Nuevo Testamento puede usarse para probar lo contrario de lo aseverado en esta parte de la columna. El “verdadero perfil de Jesucristo” es el de la Segunda Persona de la Trinidad.

La más básica de las lecturas del Nuevo Testamento indica que Cristo era infinitamente mayor que una persona “ecuánime, bondadoso, justo, caritativo y además de gente brillante”. Este es un error serio de la columna, aunque estoy seguro que involuntario.

“La Pasión de Cristo” ha provocado que se exalten los ánimos y ha fomentado fanatismos. Bien haría Gibson en presentar el otro lado de la moneda para buscar un justo equilibrio en este delicado tema. Demostrar que existen millones de católicos que cumplen con los mandatos de la Iglesia, pero que en nada se parecen a Jesucristo.

Un párrafo complejo ha construido usted aquí. Intentaré comentarlo lo más razonablemente posible que pueda.

Sí, la película de Gibson ha creado reacciones, eso me parece natural pues está basada en una serie de textos que también lo han hecho durante siglos, lo que la columna reconoce desde el mero principio; no es sorpresa.

El Nuevo Testamento sí fomentó fanatismos y como prueba usted cita a Saramago y su poco original comentario de las cruzadas y la Inquisición. Sin duda, pero también ha provocado acciones santas y positivas. Cito un ejemplo, la tremenda contribución de la iglesia en la Edad Media para la preservación del conocimiento y la difusión de valores sobre la dignidad humana.

La idea de mostrar el “otro lado de la moneda” es un argumento que la columna utiliza como crítica a Gibson y, sin embargo, ese mismo argumento puede ser usado para criticar a la columna misma, que no muestra el lado positivo de la religión (habla de las Cruzadas y la Inquisición, pero no de los mártires, ni de los santos).

Que hay muchas personas que cumplen con los mandatos pero que no se parecen a Cristo, es algo que desde Cristo mismo se ha dicho. Una repasada breve a los Evangelios puede mostrar eso, por ejemplo, con lo que “el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

La existencia de malos cristianos no es un argumento sólido para anular a una iglesia, la que sea, pues también puede probarse la existencia de buenos cristianos en la misma iglesia.

Sobre el mismo tema, Reynold E. González nos dice lo siguiente, en un mensaje enviado a varios columnistas: “Es increíble la distorsión que el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez y la jerarquía católica en general tienen del mensaje del Evangelio, llegando al extremo de recomendar que los niños vean la cinta ‘La Pasión de Cristo’, para que capten hasta dónde llega la maldad humana. Jesús no se dejó crucificar para dar lástimas ni para lucrar con el morbo y la sensibilidad humana, como lo hace Mel Gibson avalado por los mercaderes del miedo que por desgracia siempre han dominado en la Iglesia católica.

Confieso mi ignorancia sobre quién es Reynold. Sin embargo, en esa parte de su opinión, puede verse que él comete un error de razonamiento bastante serio, que es el usar calificativos insultantes en lugar de argumentos.

Lo dicho por él hasta aquí, debo decir, es irrelevante. Por otro lado, quiero señalar que eso de “mercaderes del miedo que siempre han dominado” es una mentira absoluta.

De nuevo, basta recordar a, por ejemplo, Santa Teresa de Ávila para contradecir lo que allí se afirma (por no mencionar a San Agustín, a San Ignacio, a San Juan de la Cruz y muchos más). La parcialidad de Reynold es absoluta.

Más aún, si se siguiera la consecuencia lógica de lo dicho por él, podría construirse un argumento en contra de la educación religiosa para niños.

“Esos señores parecen no entender la profundidad del mensaje de amor, perdón y misericordia gratuitos e incondicionales que Dios envió a toda la humanidad a través del Evangelio. Me parece nefasto y escandaloso desde todos los puntos de vista, que los representantes de la Iglesia proyecten su propia morbosidad al pretender exaltar la violencia y la maldad del hombre ante los ojos de los niños.

Otro serio error de razonamiento, incluso ignorando el error de usar calificativos en lugar de razones. Me imagino por falta de conocimientos de Reynold.

La lectura del Nuevo Testamento, más las de los doctores de la Iglesia, no contiene ninguna exaltación a la violencia ni la maldad del hombre, sino lo contrario, la posibilidad de salvación, lo que es muy distinto. Y todo eso, desde el primer siglo del Cristianismo, donde hay textos que harían reprobables a las Cruzadas y a la Inquisición.

Da la impresión que lo escrito por ese hombre y citado en la columna carece totalmente de fundamento sólido en los textos católicos. La iglesia católica tiene una tradición de siglos de estudio y análisis. Le ruego a usted, por favor, encontrar pruebas de exaltación de morbosidad, violencia y maldad. Si acaso encuentra usted algo que predomine, es totalmente lo opuesto.

“La verdadera tarea de los cristianos es exactamente lo contrario: inducir a los niños y a los adultos a descubrir la bondad que existe en el fondo de todas las personas, lo cual es causa y esencia del misterio de la Redención. Espero que las autoridades competentes no cedan ante la presión de los fanáticos religiosos para cambiar la clasificación de la mencionada cinta”.

Las aseveraciones citadas, de nuevo, nada tienen que ver con la realidad de miles de páginas escritas por católicos. Pongo un sencillo ejemplo: Las Moradas de Santa Teresa. Le reto a que encuentre textos en los que no se habla de virtud, de bondad y de amor. Sobre todo de amor y de la santificación del Padre.

Me sumo a Reynold E. González. La película en cuestión es brutalmente violenta, como lo sería “La Pasión de Cristo II” si revelase las masacres, torturas y barbaridades cometidas por los jerarcas católicos en las cruzadas e Inquisición.

Estando usted escribiendo sobre el tema, no puedo dejar de decir que me apena que usted se sume a las afirmaciones de Reynold… especialmente cuando usted tiene la opción de sumarse a otras opiniones en extremo más sólidas.

La película de Gibson es bastante más compleja que la sencilla concepción de considerarla violenta.

De hecho, el ver la violencia sólo, impide entender el fondo más complicado que tiene la historia. Se cometería el mismo error si se leyeran los Evangelios y se viera únicamente la historia de un hombre extraordinario.

Ver la violencia sólo, por tanto, es una perspectiva parcial en extremo limitada, pues ignora el resto y ese resto es lo más importante. La película, vista en esa estrecha dimensión, sí es violenta, quizá no tanto como lo fue en la realidad.

Sin embargo, no lo es mucho, como otras películas en las que la violencia es usada gratuitamente. La columna insiste en la idea de hacer La Pasión II. Buena idea, pero si ella se hace también mencionando lo que se argumenta: ser balanceado. Hubo cosas malas, sin duda, pero hubo cosas buenas también. Limitarse a señalar los errores de las cruzadas y la Inquisición es demasiado estrecho y, debo decir, carente de objetividad.

Sirva esta reflexión para que en esta Semana Santa, si usted profesa alguna religión que reconozca a Jesucristo como el Hijo de Dios, intente imitarlo. En eso consiste ser un buen cristiano.

Sí, gracias por hacerme reflexionar con esta columna suya en esta Semana Santa. Se lo agradezco en serio y mucho. Yo profeso una religión hasta el límite de mis imperfecciones y lo que usted ha escrito ha sido de indudable ayuda para mí. Se lo agradezco sinceramente.

Me ha hecho usted reiniciar la lectura de Imitación de Cristo, el libro de Kempis, y tener la intención de comprar las obras completas de San Juan de la Cruz, lo que había yo pospuesto por tonto. También he reiniciado la lectura del Catecismo Católico, un gran libro, muy explicativo de la posición de mi iglesia y cuyas páginas pueden usarse en los temas que usted trata.

Señalo un peligro de su aseveración final. Querer imitar a Cristo es una ambición loable, la mayor de todas. Para hacerlo, sin embargo, la tarea individual es imposible, pero para ayudarnos allí están libros maravillosos, como los que he mencionado. Querer imitarlo, sin la guía de esas obras, puede llevar a conclusiones erróneas como las de Saramago y las de Reynold.

Finalmente, como agradecimiento por su columna, la que me hizo pensar, le regalo una cita de Kempis, que dice, “Mientras más sepas, y con mayor perfección lo sepas, tanto más severo será tu juicio, si no vives con mayor santidad… Si a ti te parece que sabes muchas cosas, y que las entiendes bastante bien, no dejes de pensar que son muchas más las que ignoras. No te ‘subas en tu opinión’, mejor confiesa tu ignorancia”

Gracias de nuevo

Saludos

Eduardo García Gaspar

&&&&&

From: Luis Manuel Garza

Subject:     RE: Comentarios a “El cáliz…”

Date:     9 de abril de 2004 03:31:44 PM GMT-05:00

To:     Eduardo García Gaspar

Don Eduardo, agradezco infinitamente se haya tomado la molestia de comentar mi artículo.  Todo lo que me ha escrito así como la frase de Kempis, me será de mucha utilidad.

Lo felicito por su trayectoria como editorialista. He leído muchas de sus columnas y actualmente he utilizado los servicios de Ama-Yi, sitio por el cual merece usted mi reconocimiento.

Le deseo que tenga un excelente fin de semana.

Luis Manuel

&&&&&

From: Eduardo García Gaspar

Subject:     Re: Comentarios a “El cáliz…”

Date:     9 de abril de 2004 04:51:32 PM GMT-05:00

To: Luis Manuel Garza

Luis Manuel, al contrario. Y espero no haber sido demasiado crítico en algún punto y si lo fui, perdón.

El tema me es siempre de mucha importancia personal y en más de una ocasión caí en la trampa de hacer críticas a la iglesia… hasta que tiempo después entendí un día mi error (de falta de datos de fuentes originales) y me puse a leer lo más fundamental de ella, para encontrarme con las sorpresas más agradables que recuerdo: una iglesia llena de lógica y experiencia, no como la que pintan en periódicos y medios masivos.

Gracias, además, por consultar AmaYi [ahora Contrapeso.info], aunque no recuerdo que esté usted entre los suscriptores, ni entre los de Una Segunda Opinión, otro servicio que creé hace poco.,,, suscripciones que si usted me permite deseo obsequiarle. Claro, si es que usted las acepta.

Va un abrazo de vuelta

Saludos

Eduardo





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras