Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cosas de la Profesión
Eduardo García Gaspar
11 octubre 2004
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Todo se juzgaría un asunto de machismo exasperado, excepto por un hecho, quien lo dijo es una mujer. Me refiero a una doctora inglesa, con alta reputación, Presidenta del Colegio de Médicos en ese país.

Ella advirtió hace poco que la medicina inglesa está perdiendo el prestigio que poseía. La razón de eso, según ella, es el alto número de mujeres que han entrado a ese campo profesional.

El fenómeno se repite en otros campos, de acuerdo con el artículo que consulté. Se ha hablado del prestigio de los profesores, también en caída y por la misma razón. Igual en el terreno de la Iglesia Anglicana y en el de la policía, donde la inclusión de mujeres, se ha dicho, ha dado entrada a los servicios sociales sustituyendo a la aprehensión de delincuentes.

Todo suena machista en la superficie, pero en el fondo hay algo que debe preocupar seriamente.

Quizá la clave para entender este fenómeno está en lo sucedido en el parlamento inglés. Allí se han acortado las horas de trabajo con el propósito de que las mujeres miembros de ese organismo puedan llegar a sus casas a atender a su familia. Es sencillo ver aquí la situación, sin duda difícil de estos casos.

Por un lado, la participación de las mujeres es solicitada y hasta reclamada en campos de la medicina, la política, la educación y demás. No puede verse nada malo en esto. Sin embargo, la participación en la práctica diaria viene acompañada con peticiones especiales como horarios diferentes y más cortos.

Las peticiones especiales tienen su origen en el doble papel de la mujer, como esa profesional que quiere actuar y como responsable de su papel en el hogar. Y así la situación que parece estarse dando es una que, sin proponérselo, rebaja la variable de fuerte compromiso que implican muchas profesiones.

Por ejemplo, algunas intervenciones quirúrgicas pueden tomar 12 horas o más y eso no se adapta a quienes tienen peticiones de horarios restringidos. El asunto es potencialmente muy serio porque puede convertirse en un efecto no intencional que lastime los reclamos de las mujeres para la participación en campos de trabajo que suponen un fuerte compromiso de jornadas ilimitadas de trabajo y sacrificio del tiempo personal para su realización.

Fácilmente podría argumentarse por cualquiera que de no tomarse en serio el trabajo, mejor sería dejarlo a quien pudiera aceptar ese compromiso de ir más allá de un horario rutinario o incluso preferencial.

Volviendo a Inglaterra, debe verse el ejemplo de Margaret Thatcher como una mujer que sí aceptó esa condición de labores más allá de lo debido. Esto, me parece, muestra el verdadero problema del asunto y no es una cuestión de sexos, ni de discriminación femenina.

Cualquiera con un poco de sentido común puede entender una situación indebida, la de entradas condicionadas a ciertas profesiones y cómo eso lastima a la profesión misma. Sea mujer u hombre, cuando una persona solicita su entrada a una profesión cualquiera, lo hace con conocimiento de lo que ello significa, así sean jornadas interminables de trabajo o disposición las 24 horas.

Resulta claramente un privilegio indebido la entrada a una profesión cuando ella es condicionada al horario o a otras condiciones especiales. Y peor aún, quitaría seriedad a esa profesión, que es precisamente la queja de la doctora con la que inicié este artículo. Tratar el tema es importante, aunque en la superficie pueda crear situaciones incómodas e incluso acusaciones de discriminación.

Pero es que, a la larga, el tema saldrá a la superficie y lastimará a quienes defienden la mayor participación de la mujer en la vida profesional y de trabajo. La entrada a una profesión no es gratuita y debe aceptar las condiciones de ese trabajo, las que sean y como existen. Si son horarios impredecibles, que así sea tomada la profesión.

¿Cómo evitar esta situación y así quitar el posible daño a las mujeres? La respuesta no es sencilla, pero hay una indicación para saber que se está tomando el camino equivocado. Cuando las leyes o los reglamentos son modificados para privilegiar la participación de las mujeres en alguna profesión, ello es un indicio de que hay algo malo sucediendo.

Todo porque, al final de cuentas, la profesión es una y entrar a ella implica aceptar sus condiciones.

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