Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Críticas a Medios
Eduardo García Gaspar
29 diciembre 2004
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


De las muchas y amplias críticas que se hacen a los medios masivos de comunicación, hay muchas que tienen un fundamento razonable, pero hay otras que no soportan el menor análisis. Una de estas últimas es algo que he oído con bastante frecuencia y que se refiere a los contenidos contradictorios que presentan esos medios.

El argumento de esos críticos va más o menos así. Se quejan, por ejemplo, de que existen mensajes que dicen una cosa y de que junto a ellos haya mensajes que dicen algo opuesto. Por ejemplo, un comercial de un pan dulce dentro de un programa que habla de dietas; una receta de pizza antes de un comercial de pastillas milagrosas para adelgazar.

En esencia es ésta la crítica que ellos exponen, estableciendo eso como una queja: “Por un lado, te dicen una cosa y a los tres segundos te dicen la contraria.”

Visto en la superficie y con un análisis un tanto pedestre, eso suena lógico y se suma a las otras críticas a los medios. La verdad es que esta lamentación acerca de los medios no tiene mucho sentido, aunque tiene la ventaja de sonar bien y dar la apariencia de ser alguien preocupado por cuestiones sociales.

En la vida real, lo cierto es que por todas partes encontramos mensajes contradictorios y no es eso motivo de queja.

Por ejemplo, un partido político propone algo y otros sugieren lo opuesto. Es natural que eso suceda. Saramago dice algo sobre la democracia, pero eso lo niega Popper. Ningún problema, así es esto. Un anuncio en un periódico, para una marca de cigarrillos, en la misma edición en la que hay un reportaje acerca de los peligros de fumar. Normal. No pasa nada.

La entrevista con un experto que habla de la obesidad mexicana en un noticiero en el que se anuncian helados hechos con crema. Por definición, la vida está llena de mensajes opuestos y contrarios entre sí.

Vaya, en las universidades, ningún profesor tiene una opinión idéntica a la de otro. Exigir que los medios sean absolutamente congruentes en sus contenidos es igual que pedir que los partidos políticos tengan todos la misma plataforma.

Esa variedad de mensajes, diferentes unos y opuestos otros, son los que dan variedad y riqueza a nuestra vida y son una manera de encontrar la verdad y lo mejor. No se puede exigir que todos los científicos crean en la misma teoría acerca de la creación del universo.

Sería también ridículo solicitar que todos los medios tuvieran congruencia entre todos los contenidos que transmiten. Incluso ni nosotros mismos como personas somos siempre congruentes en nuestras ideas y acciones. Es fácil solicitar que otros lo sean e ignorar esa misma petición en nosotros.

Pero vayamos más allá para ver las consecuencias de esa crítica de los medios con mensajes incongruentes. Supongamos que por alguna extraña razón se impone la homologación de mensajes en los medios. Podría haber la posibilidad de que todos tuvieran mensajes que promovieran el consumo de licores, sin mensaje alguno sobre los peligros de su consumo excesivo.

Eso daría congruencia, al igual que la daría el otro extremo, el de todos los medios sólo tuvieran contenidos acerca de los peligros del beber en exceso. Y si pedimos congruencia en los medios, no habría razón para exigir congruencia en otras partes. Los medios tendrían que tener mensajes iguales a los de los partidos políticos; la opinión del presidente sería igual a la de los diputados; la de los profesores a la de los medios y la de estos a la de la gente, a la de los libros.

Terminaríamos en una pesadilla totalitaria, en la que estaría prohibido el desacuerdo. Todos tendríamos que pensar igual y hasta vestir igual, para que existiera coherencia de vestimentas. Mi punto es sencillo.

Quise mostrar un caso que me parece típico, el de una crítica social que suele ser sostenida por varias personas, pero que si es explorada un poco más abajo de su superficie, cae por tierra con más facilidad que un castillo de naipes.

Como ésta hay muchas otras observaciones o críticas sociales, que dan la apariencia de ser sesudas elucubraciones, pero que en realidad son falacias aceptadas por fuerza de su repetición. En este caso, es precisamente la diversidad de mensajes, opiniones y posturas lo que nos enriquece y permite progresar. Quitar eso, sería igual que anular toda posibilidad de progreso imponiendo una dictadura sin límites.

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