Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuento de no Acabar
Eduardo García Gaspar
15 julio 2004
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay buena cantidad de razonamientos que no tienen fundamentos si se les escarba un poco. Una de esas ideas fue publicada hace pocos días por parte de dos personajes de la política mexicana.

La primera dama mencionó que no le gusta que las mujeres sean el 10 por ciento de las personas en cargos políticos y el congresista Kahwagi afirmó que estuvo dentro de Big Brother para llegar a los jóvenes. Las dos posturas son iguales en dos cosas.

La primera de ellas es que son posiciones sin base y la segunda es que sostienen un cuento de no acabar: ambas creen que la labor de representación de un político sólo puede ser realizada por un miembro del segmento representado.

Por ejemplo, las mujeres únicamente pueden ser representadas por una mujer y los jóvenes sólo pueden ser representados por un joven. La demostración de su falsedad es sencilla reduciendo al absurdo las posibilidades de representación.

Podría argumentarse que la delegación política del grupo de cultivadores de caña de azúcar sólo podría ser hecha por un cultivador de ese producto. Peor aún, los cultivadores de cierta región podrían solicitar, con ese argumento, que su representante fuese de esa misma parte del país y no de otra.

Con el razonamiento usado, por tanto, tendríamos un congreso o un gobierno en el que debería haber políticos representando, por ejemplo, a los economistas vegetarianos de Teocaltiche, Jalisco.

Si eso no basta para anular el razonamiento de la primera dama y de ese diputado, pensemos que hay otra manera de refutar su postura, al mencionar la hipótesis de que en las principales posiciones de gobierno no se encuentren las personas que algunos grupos piensan que los representan.

El caso más obvio es el de creer que si hay una mujer en la presidencia, entonces los hombres no están representados. O el caso de que si en la suprema corte su presidente no es un adolescente punk urbano del sur, ese grupo social verá afectados sus intereses.

El tema se presta a ejemplos exagerados, pero tiene un fondo notable que destruye las posiciones de buena cantidad de gobernantes que piensan equivocadamente y así violan el más mínimo de los sentidos comunes.

La estructura de un gobierno no puede estar basada en la representación de grupos sociales específicos, sino en la idea de la representación global de la ciudadanía por el distrito que eligió a los representantes en el congreso. El resto del gobierno no puede tener cuotas de grupos para justificar la representación de cada grupo.

Una vez aclarado lo anterior, queda por responder por qué a pesar de que es equivocado hacerlo, algunos gobernantes insisten en tornarse representantes de grupos sociales, como la primera dama con su manifestación de que las mujeres no tienen el equivalente de puestos en política del número que tienen en la sociedad.

Debe haber varias razones. Una de ellas es ignorancia y falta de reflexión para comprender que lo que hacen está equivocado de cabo a rabo.

Otra razón es su ímpetu electoral que busca atraer a un número grande de votantes, por ejemplo, a los jóvenes o a las mujeres. Esto es demagogia, refinada, pero demagogia al fin. Pero también puede ser que efectivamente crean lo que están diciendo, lo que preocupa porque muestra que no tienen grandes luces mentales.

Sin embargo, lo peor de todo no es tanto eso, sino la posibilidad real de que una parte del electorado tome esa idea y la crea cierta, que piense que es verdadero eso de que sólo una mujer puede representar a las mujeres, de que sólo un joven puede representar a los jóvenes y de que sólo un gay vegetariano puede representar a esa comunidad.

Al suceder esto, se da un efecto que es terrible. Ese efecto es el crear actitudes de enemistad y rencor entre los diferentes segmentos, pues procederán razonando que si son del grupo de ecologistas protectores de animales y no lo es su diputado, todo lo que haga ese diputado será en contra de su grupo.

Las mujeres verán con recelo a un presidente que es hombre y así, con otro cuento sin acabar. Sin duda es otro caso de tantas ideas que existen y que a fuerza de ser repetidas se llegan a tomar como dogmas de fue cuando su fundamento es igual al de una gelatina en medio de un huracán.

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