Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Aritmética
Eduardo García Gaspar
19 agosto 2004
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Hace buena cantidad de años tuve una gran discusión con una persona que con sinceridad definía a la democracia como un sistema político que se legitimaba por su respeto a la voluntad de la mayoría.

Por mi parte, yo sostuve la idea contraria, la democracia más que el respeto a la voluntad mayoritaria es la defensa de las minorías.

Dentro de un sistema democrático, todos deben ser libres bajo la ley y no sentir miedo de ser atacados porque algún grupo mayoritario lo ha decidido.

El asunto suena abstracto e inútil, excepto por una cosa, es tremendamente práctico. Pongo el ejemplo siguiente muy reciente, el de Venezuela y su referendo, el que fue ganado por Hugo Chávez.

Aceptemos que eso demuestra que una mayoría, siquiera ligeramente superior prefirió a Chávez, pero también prueba que hay un buen número de personas que están en contra de ese gobernante.

¿Es ese resultado una justificación para ir en contra de quienes no votaron a favor del ganador? ¿Da ese resultado electoral una licencia para afectar a las personas que no son de la mayoría que dijo que ese presidente siguiera? Desde luego que no.

Una democracia no puede ser jamás una herramienta para atacar a la minoría que no votó igual que la mayoría. El asunto es un tanto complicado y merece la pena una segunda opinión. Veámoslo organizadamente.

Hay dos maneras de interpretar un voto mayoritario que da un ganador en elecciones. La más obvia y primitiva es la de pensar que hay un grupo social que ganó y otro que perdió y que el que ganó va a imponer su voluntad sobre los desafortunados que no resultaron ser mayoría.

Esta posición es real y en mi experiencia mucha gente la cree cierta, aunque ella sea ingenua y tosca pues utiliza un principio meramente numérico en el que un solo voto puede hacer la diferencia. Bajo ese esquema numérico de perdedores y ganadores, las minorías están perdidas siempre, no importa que sean cuantiosas y lleguen a ser el 49% de las personas; en el caso de Venezuela fue casi el 42% por ciento, un segmento muy grande.

Pero hay otro enfoque un buen tanto más refinado que no declara perdedores y ganadores de manera tan simplista y que está basado en el respeto a ciertos derechos básicos comunes a todos e independientes de los resultados electorales.

Explico esto con un ejemplo. La victoria electoral de un gobernante no puede llevar a un acto de esa persona que imponga tratos preferenciales a quienes votaron por él en perjuicio de quienes no lo hicieron, que es muy posiblemente lo que se haga en Venezuela, donde el voto de las clases más bajas fue literalmente comprado con artificios financieros y subsidios descabellados.

Si el resto de la sociedad venezolana es afectado en sus posesiones en beneficio de la mayoría que ganó, eso no es una democracia sino una dictadura total y absoluta.

La conclusión es clara. El enfoque numérico de la democracia es una distorsión de tal magnitud que la prostituye y convierte en real absolutismo. Porque la democracia, insisto, existe cuando se respetan las leyes que parten del supuesto de una igualdad entre las personas.

El asunto es importante para México porque en el DF se ha dado un hombre público que basa su legitimidad en la compra de votos y eso es una afectación de los derechos de quienes pagan esos gastos.

La democracia es una herramienta muy fina y compleja, que en México hemos tenido unos pocos años, cuatro para ser exactos en el último siglo y es lógico que no seamos duchos en su entendimiento… y que por eso tendamos a verla como la voluntad de la mayoría en un momento dado.

Aún nos falta madurar las nociones democráticas y darnos cuenta que la democracia va bastante más allá de ser una cuestión de sólo ponerse a contar votos. No, la democracia no es aritmética, ni es una rama de las matemáticas. Esto ha sido escrito y señalado desde hace muchos años y debe ser recordado una y otra vez en nuestro país.

La democracia es un mecanismo por el que se preserva la libertad de las personas, independientemente de cómo votaron ellas en una elección y se trata, por tanto, del respeto a la minoría que no ganó la elección, muchísimo más que el hacer la voluntad de quien la ganó. La voluntad mayoritaria es quizá el elemento menos importante de una democracia verdadera.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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