Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Día Mundial de las Misiones
Textos de un Laico
22 octubre 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera de las lecturas (Isaías 56, 1. 6-7) nos hace un llamado a “practicar la justicia” ante la salvación Duda de Santo Tomásque llegará.

E inmediatamente después, añade un llamado especial a los “extranjeros que se han dado al Señor” para amarlo y servirlo, guardando sus preceptos y perseverando en su alianza, porque a ellos dice Dios mismo, “los traeré a mi monte sagrado, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sus holocaustos y sacrificios.”

Se comienza a ver aquí una idea principal, la universalidad de Dios, quien llama a los extranjeros, a todos los hombres.

La idea se completa con la última frase de esta lectura, que continúa con la voz del Señor diciendo, “porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.” No es un dios de unos pocos, sino lo contrario, es Dios para todos sin excepción.

Esta idea aparece como una semilla que florece en las siguientes lecturas para dejar en nosotros un mandato divino al que no es posible renunciar.

• En la lectura de San Pablo (I Timoteo 2, 1-8), hay una exhortación a que se hagan “oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias” para el bien de todos los hombres y de manera que así podamos tener una vida “tranquila y apacible.” A lo que añade que “Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones.”

Aparece aquí de nuevo, como de pasada, esa universalidad de Dios, en la frase “cualquier lugar.” A lo que Pablo añade la idea central de este domingo, “Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.”

Se trata ahora sí, sin lugar a duda alguna, de un llamado universal, justificado en una realidad. “Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos.” Con un único Dios resulta lógico que sea él a quien debe reconocerse por parte de todos en todas partes.

• La lectura seleccionada de los evangelios para este domingo lleva esta idea a su culminación pues pone frente a nosotros las palabras de Jesucristo. El Evangelio de Mateo (28, 16-20) cuenta la llegada de los once discípulos a un lugar indicado por él, quien los recibe y percibe dudas y vacilaciones en algunos de ellos.

Sin hacer referencia a esos titubeos, Jesús es directo y dice, “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.” A lo que añade un mandato concreto, “Id y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos… y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”

La lectura cierra con una frase que, sin mencionarlas, de nuevo hace referencia a las incertidumbres y dudas. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

• El salmo de hoy (66) resume este llamado, “Que todos los pueblos te alaben.” Dios, en otras palabras, siendo único y verdadero, es para todos, en todas partes, en todos los tiempos y sin excepciones. En el Antiguo Testamento esto se ve con su aceptación abierta de los “extranjeros” a quienes aceptará y llevará con él. E

n Pablo, se usan otras palabras, pero el mismo mensaje central, Dios quiere que “todos los hombres se salven.” En Mateo la expresión es “todos los pueblos.”

Siempre la misma idea. Y, sin embargo, en el evangelio hay un elemento adicional que reconoce las debilidades humanas: Jesucristo nos dan instrucciones directas, al decir que debemos ir y enseñar todo lo que nos ha enseñado, que debemos bautizar a quienes no lo conocen, que debemos en pocas palabras ser sus discípulos, sus apóstoles.

El mandato es claro y sin ambigüedades, pero sin duda vacilaremos. Reconociendo esto, Jesucristo nos hace una promesa que contrarresta esas dudas y debilidades. Dice que él posee poder pleno en la tierra y en el cielo y, más aún, que estará junto a nosotros por siempre.

Será nuestro aliado, no estaremos solos cuando hagamos esa labor misionera para que quienes no lo conocen ahora por nuestro medio lo hagan. Dios omnipotente será nuestro aliado en esta acción. No podemos pedir más.

Todas las lecturas de este domingo nos confirman que cada uno de nosotros es un apóstol o un discípulo de Jesús, que por eso tenemos una obligación, la de ser sus misioneros. Y todo con la certeza de que el mismo Jesucristo estará junto a nosotros fortaleciendo nuestros actos.

La cuestión ahora que todos nos preguntamos es cómo ser sus discípulos, cómo hacer que los demás le conozcan. Esas lecturas nos dan ideas sobre cómo ser sus misioneros.

Por ejemplo, cuando llegan sus discípulos ante Jesús, ellos se postran ante él. Pablo en su epístola habla de hacer oración también. En la primer alectura Dios habla de aceptar los sacrificios de los “extranjeros.”

Esto nos da una clave importante, colocando a la oración como ese primer paso necesario para ser su discípulo, lo que tiene gran lógica puesto que orando es como él estará junto a nosotros y nos dará fuerza. Sin esa oración, nuestra acción misionera no será exitosa.

También, sin duda, la primera imagen que nos viene es la de que si somos sus discípulos y misioneros, nos podemos ver extraviados en alguna aldea perdida en alguna parte alejada de donde vivimos leyendo el evangelio a personas que ni siquiera hablan nuestro idioma.

Puede ser, pero esto de ser discípulos de Jesucristo es algo que podemos hacer dentro de nuestra vida diaria, sin necesidad de ir al otro extremo del mundo. Nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo y nuestras diversiones son ocasión diaria de misión ante los demás.

Podemos incluso pensar en la posibilidad que con sólo tener una existencia recta estaremos dando ejemplo a los demás de esa vida “tranquila y apacible” de la que habla san Pablo. Sí, ese ejemplo dado a los demás ya es una forma de ser su misionero pues quizá para otros eso sea un medio para llegar a Dios. Visto del otro lado, esto significa que si nuestra conducta es errónea y contraria a los mandatos del Señor, lejos de ser sus misioneros estaremos actuando en contra de su mandato.

Por eso es que nuestra conducta es importante. No sólo es ella una serie de acciones que nos acercan o alejan de Dios, sino que es ejemplo para que los demás también se acerquen o alejen. Es una responsabilidad seria y Dios lo sabe, por eso necesitamos a Jesucristo cerca de nosotros y podemos estar seguros que estará, pues nos lo ha prometido. Y hay más.

Nuestra vida es ejemplo para otros, pero podemos y debemos ir más allá de esto, con acciones concretas y sin necesidad de ir a esa aldea alejada de la civilización. Las oportunidades de ser discípulo de Jesús están siempre alrededor nuestro.

Están en la familia que tenemos, en nuestros amigos, en los compañeros de trabajo, Cada caso será diferente, cada acción será distinta, pero con la ayuda de Jesucristo él nos iluminará para saber qué hacer en cada ocasión.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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