Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Domingo de la Santísima Trinidad C (2004)
Textos de un Laico
4 junio 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• El Evangelio de hoy (Jn 16, 12-15) repite palabras de Jesús que hacen referencia a las tres personas divinas, Duda de Santo Tomás“Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu Santo, él los irá guiando hasta la verdad plena… Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando.”

A lo que agrega, “Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que (el Espíritu Santo) tomará lo mío y se los comunicará a ustedes.”

Lo que vemos en estas palabras divinas son dos ideas muy claras. Por principio de cuentas, el plan divino no termina con Jesús y su ascensión, sino que continúa con la siguiente etapa, la del Espíritu Santo que nos guía glorificando a Jesús recibiendo de él la revelación.

Y segundo, es clara la igualdad en esas tres personas divinas que son un solo Dios.

Dios vino al mundo en la persona de Jesús y Dios permanece en el mundo en la persona del Espíritu Santo. Sería ilógico que si vino Jesús que es Dios al mundo, se fuera y nos dejara en manos de otro que no fuera Dios también.

• La primera lectura, de los Proverbios (8, 22-31) enriquece esa perspectiva de Dios presente siempre, desde toda la eternidad. Este texto habla de la sabiduría de Dios, la que dice, “Dios me poseía desde el principio, antes que sus obras más antiguas. Quedé establecida desde la eternidad, desde el principio, antes que la tierra existiera…”

Se tiene, por tanto, un panorama muy claro al reunir esas dos lecturas: Dios es eterno y por eso ha estado presente desde siempre. Podemos distinguir las etapas del Dios Padre creador del mundo, de Dios Jesucristo su salvador y de Dios Espíritu Santo su guía. Tenemos un Dios que siempre está con nosotros, que nunca nos abandona.

• En la segunda lectura, una carta de San Pablo (Rm (5, 1-15), él habla a sus hermanos diciéndoles, “… Por (Jesucristo) hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia… (y) podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios…”

Son palabras en las que podemos también ver a Dios Jesucristo como nuestro salvador. Y hacia el final de la lectura dice el apóstol, “… Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.”

Tenemos, por tanto, en las tres lecturas un mensaje sencillo y lleno de esperanza: Dios está siempre con nosotros, nuestro creador nunca nos abandona, está siempre cerca, nunca nos deja solos. De una manera o de otra, tenemos a la Santísima Trinidad muy próxima.

Las tres lecturas nos dicen eso y coinciden entre sí. Dios Padre, nuestro creador, no nos ha abandonado y jamás lo hará.

Este es un gran mensaje de optimismo y de esperanza, sin duda el mayor que tenemos los humanos. Nuestro Padre no nos deserta, ni nos desatiende, pues sería ilógico que un padre abandonara a sus hijos. Tan grande es ese amor que Dios Jesucristo se convierte en nuestro salvador y el mismo Dios, ahora Espíritu Santo, se torna nuestra guía e inspiración.

La idea de la Santísima Trinidad nos deja una señal de amor, la del nuestro creador amándonos siempre, estando siempre junto a nosotros. Sin embargo, para algunos, la Santísima Trinidad presenta una especie de violación de las reglas de las matemáticas, que dice que tres no puede ser igual a uno. Es ésta una forma equivocada de ver a la Trinidad.

Podemos conocer un poco de este misterio Divino si planteamos dos preguntas distintas. Supongamos que estamos solos en una habitación a la que llegan tres personas. A esas personas les podemos preguntar “¿Quién eres?” y si es Dios quien ha llegado, cada una de esas personas nos responderá soy el Padre, soy el Hijo y soy el Espíritu Santo.

Nos darán tres respuestas diferentes si les preguntamos quién eres. Pero si les hacemos otra pregunta diferente, y les decimos “

¿Qué son?”, las tres nos responderán lo mismo, soy Dios. El Nuevo Testamento contiene muchas menciones sobre esto. Por ejemplo, Mateo (11, 27) y Lucas (10, 22), nos hablan de que nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo. En Juan (10, 30) se dice que el Hijo y el Padre son uno.

La bendición mencionada en los evangelios se hace en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También está lo escrito por Juan (14, 8) que repite las palabras de Jesús, quien me ha visto a mí ha visto al padre.

A todo esto debemos añadir lo escrito en el Evangelio de hoy, “Todo lo que viene del Padre es mío. El Espíritu Santo recibirá de mí lo que les vaya comunicando a ustedes”.

Este domingo, sin duda, nos llevamos dentro de nosotros un mensaje alegre y sobre el que no puede haber dudas, Dios sigue con nosotros, está a nuestro lado, nos ama y, por si fuera poco, tenemos al Espíritu Santo, es decir, a Dios mismo como nuestro guía… las 24 horas del día de los 365 días del año, para inspirarnos en nuestra vida, sean momentos de sufrimiento o de alegría.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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