Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Domingo de Ramos C (2004)
Textos de un Laico
2 abril 2004
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• Una breve parte del evangelio de hoy muestra una gran lección para nosotros. Lucas, al narrar la situación de Pedro pinta un maravilloso Duda de Santo Tomásmarco de la conducta humana.

Si ponemos atención esta parte del evangelio, el episodio da comienzo con las palabras de Jesús. “Simón, Simón, Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.

Él le contestó: “Señor preparado estoy para ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”. Jesús le replicó: “Te digo, Pedro, que hoy antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”.

Fácil es imaginarnos en la situación de Pedro prometiendo las mejores intenciones, diciendo que le seguirá hasta el final, que está dispuesto a todo por Él.

Lucas continúa. “Ellos lo arrestaron, se le llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote; Pedro le seguía de lejos. Encendieron fuego en medio del atrio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: “Éste también estaba con Él”. Pero él lo negó diciendo: “No lo conozco, mujer””.

Pedro le sigue algo alejado. No lo deja, ni se retira del lugar. Pero en el momento que alguien dice que Pedro es de los de Jesús, lo niega. Y lo va a negar por tercera vez.

“Después de poco, lo vio otro y le dijo: “tú también eres de ellos”. Pedro dijo: “hombre, no soy”. Lc. 22, 58. Y como después de una hora, otro insistió: “ Sin duda que éste también estaba con Él, porque es galileo”. Dijo Pedro: “hombre, no sé lo de qué hablas”.”

Al igual que las tentaciones de Jesús, tres veces es Pedro puesto a prueba y cae las tres veces. Lucas continúa sin detenerse en la narración con las siguientes palabras. “Todavía estaba hablando, cuando cantó el gallo. El Señor, volviéndose miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho” “Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces””.

Podemos imaginar a Pedro, mezclado entre la muchedumbre, puede ver a Jesús y Jesús a él. El gallo canta mientras Pedro aún no termina de hablar y Jesús no tiene que hablar siquiera, con la mirada le recuerda lo dicho para que el apóstol se retirara a “llorar amargamente”.

Este romper en llanto significa el reconocimiento abierto y sincero de una culpa que se siente en lo más hondo.

El que había sido elegido como piedra de la Iglesia ha mostrado sus imperfecciones en la peor de las situaciones, delante del Señor lo ha negado públicamente, pero comprende lo que ha hecho. Podemos ver al atrio como nuestra vida terrenal, como el sitio en el que vivimos rodeados de muchos.

En ese atrio se nos presentarán las tentaciones, allí sentiremos las presiones del mundo, ante la vista de Jesús. Antes le habremos prometido con sinceridad seguirlo y en el atrio, con gran facilidad, se nos presentarán ocasiones para negar públicamente a Jesús de palabra o de obra.

Cada vez que pasamos por esos trances podemos imaginar que ocupamos el lugar de Pedro en ese atrio, que Jesús nos está viendo, literalmente nos ve. Que debemos resistir las tentaciones porque esa mirada divina es fuente de fortaleza.

Pero que sí caemos en la maldad, una mirada sincera nuestra a ese rostro de Jesús será capaz de hacernos llorar con lágrimas que lavarán nuestra culpa por la gracia divina. Si mientras pecábamos, en Dios había un gesto, con nuestras lágrimas Dios nos dará su sonrisa.

• La lectura de Isaías (50, 4-7) cobra significado ante el evangelio de hoy. Allí se dice: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido…”

Parece hablar de la resistencia ante todos esos que nos presentan tentaciones en el atrio de nuestra vida y ante quienes debemos reaccionar ofreciendo la espalda y la mejilla a sus golpes, dando la cara a los insultos. Es decir, no negando a Dios, al contrario, imitando su conducta en el atrio.

• La lectura de San Pablo (Fil 2, 6-11) termina con una frase que resume esto. Dice textualmente: “… y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor para gloria del Padre.” El mensaje no puede ser más claro y directo para ser entendido por todos.

No basta la conducta interna y la fe que nadie ve y mucho menos el amor de Cristo que ante otros quiere pasar desapercibido.

Pablo habla de reconocer públicamente a Jesús, pública y abiertamente, con valentía ante los golpes y los salivazos que menciona Isaías. Es exactamente lo mismo que narra Lucas en el episodio de Pedro cuando públicamente el apóstol lo niega. Pedro en su interior lo amaba pero cuando se trató de reconocer abierta y francamente que él era uno de los de Jesús… entonces lo niega.

Así, cuando salgamos de este templo después de la misma de este día, deberemos recordar una lección muy clara en las lecturas.

Allá afuera del templo, en el atrio de nuestra vida enfrentaremos situaciones en las que deberemos mostrar abiertamente que somos de los de Jesús y aceptar las consecuencias, algunas de las cuales no serán nada gratas, pero sabiendo que Jesucristo nos está viendo y que cuando lo reconozcamos públicamente con nuestros actos y nuestras acciones podremos volver la cara al cielo y ver una amplia sonrisa en el divino rostro de Jesús… una sonrisa dirigida especialmente a nosotros.

La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

Del LAVALLE NACIONAL para uso del católico MEXICANO Compuesto por el Presbítero D. Julián G. Villaláin Edición Especial Herrero Hnos. Sucs. S.A. México, D.F. 1956

Devoción muy útil al acostarse.

Al acostarse escribe con el dedo pulgar en tu frente estas cuatro letras: J.N.R.J. diciendo entre tanto: Jesús Nazareno Rey de los Judíos, me preserve de mala muerte repentina.

El mismo Cristo dijo a San Edmundo que los que esto hiciesen no morirán en esa noche de muerte súbita. (Surius, Vida de San Edmundo. Devoción aprobada por la Santa Iglesia.).

Gregorio XIII (10 de abril de 1580) concede perpetuamente a los fieles un año de indulgencia por cada vez que al son de la campana en señal de elevación del Santísimo Sacramento, adoren al Divinísimo, en donde quiera que se hallen, hincados de rodillas; y dos años, si esto mismo se practica en la iglesia donde se hace la elevación. Asistiendo a la misa y diciendo al tiempo de alzar la siguiente jaculatoria: Sea alabado y dense gracias a cada instante y momento, al Santísimo y Divinísimo Sacramento; se ganan también 200 días de indulgencias, aplicables también a las almas del purgatorio (Pío VII, decreto de la S.C. de Indulgencias, 7 de diciembre de 1819).





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