Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Campos Mexicanos
Eduardo García Gaspar
1 abril 2004
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Si me preguntan sobre el origen del fracaso en la agricultura mexicana, me parece que tendría yo buenas razones para seleccionar la política proteccionista mexicana de los años 50 en adelante, la que puso toda su atención en la industria y en las ciudades.

Se olvidó del campo. Unos 40 años después con un tratado de libre comercio que lleva 10 años de vigencia, vale la pena echarle un ojo a esto del campo.

Muchos datos vienen de un reporte de Inter Press Service/Global Information Network, del 24 de marzo, el resto es mío.

Más o menos el 25 por ciento de los mexicanos están viviendo en el campo mexicano. La mayoría de ellos en niveles grandes de pobreza. Resulta muy lógico que muchos de ellos vayan a las ciudades huyendo de lo que calculan es una pobreza mayor.

Hay unos 30 millones de hectáreas de tierra cultivada, de las que poco más de 3 por ciento se dedica a cultivos exitosos.

Esos cultivos exitosos son espárragos, mangos, limones, tomates, pepinos y otros que elevaron sus ventas entre 45 y 250 por ciento desde que entró el TLCAN. Esos cultivos exitosos no reciben subsidios, los demás sí.

Este resto de cultivos se dedican a consumo local y no son competitivos en lo global. Ese consumo es primariamente auto-consumo.

Más de un tercio del campesinado cultiva maíz, es decir, compite de frente contra ese mismo cultivo en los EU. El cultivo mexicano de una tonelada de maíz requiere 14 personas, mientras que para el mismo volumen en los EU se requiere 0.14 personas.

La situación clara contrastante pues en el campo hay casos de gran éxito y hay casos de gran fracaso. Para algunos, la parte fracasada es culpa de las políticas “neoliberales” derivadas del tratado de libre comercio.

En los 10 últimos años, el PIB mexicano ha crecido 2.6 por ciento y el PIB del campo 1.7 solamente. Éstas cifras son similares a las que se tuvieron antes del tratado de libre comercio. En los 14 años previos al tratado, el PIB mexicano creció 2.4 por ciento anual y el del campo 1.3.

Es decir, si acaso el libre comercio ha logrado algo en el campo, es elevar su crecimiento de 1.3 a 1.7 por ciento.

Por otro lado, la inversión directa extranjera en el campo mexicano fue el 1.1 por ciento del total en 1993, contra 0.02 por ciento 10 años después. Obviamente, existe algo en el campo mexicano que no es atractivo para el inversionista.

En 1982 importábamos casi 2 mil millones de dólares en comida, para 20 años después importar unos 11 mil millones. Esto prueba que México debió exportar cantidades crecientes, pues de lo contrario no se hubieran tenido divisas para importar.

Volviendo al campo, en 10 años de libre comercio, las exportaciones totales del país crecieron casi 14 por ciento, pero las exportaciones del campo sólo 6.6, con una salvedad, los productos exitosos del campo crecieron más de 11 por ciento.

Las cifras anteriores hablan de dos campos mexicanos. Uno de ellos exitoso y adaptado a los tiempos actuales. El otro, fracasado y culpando de su fracaso a otros, no a sí mismo.

Tenemos sin lugar a duda en el campo mexicano historias de triunfo y situaciones de fiasco. Las situaciones de descalabro han sido la regla desde antes de la apertura de las fronteras comerciales de México, como dije, desde los años 50 con la implantación de políticas económicas de intervencionismo para proteger a la industria y olvidándose del campo.

Esta segunda opinión quiere mostrar eso, la existencia de un campo triunfante en los momentos globales y la subsistencia de un campo fracasado que viene desde antes de la apertura comercial mexicana.

Si es común en el país hablar de “los dos Méxicos”, refiriéndose al la dicotomía entre los urbano y lo rural, ha llegado la hora de hablar de “los dos campos mexicanos”, nombrando a actividades exitosas y fracasadas en una misma actividad.

¿Qué hacer para solucionar la parte fracasada? Todo es una cuestión de sentido común: examinar qué es lo que han hecho los ganadores para pasarle la receta a los perdedores y eso será de mayor utilidad que culpar al TLCAN de las culpas propias, cuando todo indica que esas políticas neoliberales son posteriores al fracaso del campo. De hecho el libre comercio ha producido éxitos en el campo.

Post Scriptum

Quizá el error del campo esté en los expertos que estudian el campo. Una nota de El Financiero reportó el 6 de abril, posterior a esta columna, que el retraso tradicional de las áreas rurales de México, durante décadas, no ha sido remediado “ni por las políticas intervencionistas ni por las políticas de libre mercado” y afirma que eso se debe a que los subsidios dados a las agricultura han sido distribuidos injustamente (esos resultados fueron parte de un estudio encargado por el gobierno a José Romero, del Colegio de México y Alicia Puyama, de La Escuela Latinoamericana de Ciencias Sociales).

Dos consideraciones:

(1) si no ha sido remediado por el intervencionismo ni por el liberalismo surge la gran duda de qué otra cosa sería posible… no se puede ocurrir nada más y

(2) las políticas de libre mercado implican la ausencia de subsidios y si siempre ha habido subsidios, eso significa que no han sido aplicadas las políticas de libre mercado.

Tal vez el error del campo sea encargar estudios con conclusiones que no son lógicas.

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