Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Piezas y Una Tendencia
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2004
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Primero, dos piezas de información.

La primera es el lenguaje común utilizado especialmente por los jóvenes y contagiado a otras generaciones.

La segunda es el lenguaje y el humor utilizado en películas y programas de la televisión.

El común denominador de esas piezas es lo que en resumen puede llamarse lenguaje indecoroso y profano.

En otras palabras, el vocabulario y el humor perteneciente a personas de escasa educación y compostura escasa, considerado como menguado y pobre, está en vías de convertirse en el lenguaje normal. La decencia tradicional del vocabulario está siendo sustituida por la aprobación del uso de palabras soeces, vulgares y de reducida educación.

La cantina ha invadido el hogar y la escuela. Este cambio sustancial, sin duda, tiene una causa en películas y televisión de paga, pero también en televisión abierta y medios escritos.

Ellos han masificado las expresiones que antes eran vistas como reprobables y síntomas de nula preparación. Sin duda, también ha influido la siempre rebelde actitud de la juventud, dispuesta a retar y cuestionar los valores de la generación anterior.

Y, naturalmente, hay otras causas más. Sea lo que sea, tenemos frente a nosotros casos numerosos de uso de lenguaje incontinente e indecente, al menos según los estándares normales aceptados.

Lo preocupante de esto no es en sí mismo el escándalo y las quejas que eso puede producir en algunas personas. Lo preocupante, al menos en una opinión mía, es la consecuencia de esa utilización de malas palabras en el poder de raciocinio de las personas que usan ese lenguaje. Me explico.

Las malas palabras tienen usos múltiples. Un mismo término puede ser empleado de mil maneras diferentes, según el caso, la entonación y la circunstancia.

Esta es una cualidad interesante de las palabras indecentes, pero que ocasiona una pérdida del vocabulario adicional posible de usar. Lo que digo es que el uso de ese vocabulario incontinente puede estar engendrando una pérdida de vocabulario adicional.

Y si se pierde el uso de otras palabras, las no profanas, que son más sutiles y específicas, se dará una merma del poder de expresión y de análisis que requiere el aprendizaje.

Para probar mi punto, acudo a la situación anterior a la actual, cuando ese lenguaje era visto como “propio de carretoneros”, es decir, personas sin preparación; y más aún, el lenguaje de escritores de calidad podía manejar situaciones escabrosas en extremo, sin necesitar del uso de palabrotas.

La conclusión de lo anterior indica que quien usa un vocabulario incontinente pierde inteligencia y razón: no puede expresarse con exactitud, no entiende palabras nuevas, y deja de aprender. Se torna un ser tosco, rústico y burdo, con lo que limita su potencial humano.

Obviamente, esa persona estará en desventaja contra quien sí tiene un vocabulario adicional rico. Y no se trata de coartar la libertad de expresión, sino de señalar una consecuencia probable del uso indiscriminado de las malas palabras.

Las muestras sobran para probar que el tratar temas fuertes y ser gracioso no tiene como requisito obligatorio que el escritor tenga que usar un vocabulario ordinario, ni que el director de cine se vea obligado a usar escenas explícitas.

Peor aún, resulta más sencillo y requiere mucho menos talento, usar un vocabulario extremo para tratar un tema, que el tratar ese mismo tema sin utilizar palabras desmedidas. Esto, por cierto, me parece obvio en los medios masivos, que sufren una tremenda presión para llenar los tiempos de canales muy numerosos.

Es necesario crear tantos programas para llenar esos tiempos que la calidad de ellos debe sufrir. Otra consecuencia del uso indiferente de lenguaje profano es la pérdida de su sentido.

Por ejemplo, cuando prácticamente cualquiera puede merecer el calificativo de pendejo, esa palabra pierde su significado. Pero si ella fuera utilizada con mayor cuidado, el que lo mereciera realmente sería un auténtico y real pendejo.

Sin duda, en este sentido al menos, nuestros tiempos muestran este importante cambio en el lenguaje diario, la proliferación de un vocabulario que, desafortunadamente, está asociado con una educación deficiente.

Post Scriptum

La palabra técnica para describir el fenómeno del lenguaje soez, es coprolalia: kopros, en griego, significa excremento, lalein, balbucear

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