Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ejercicios Mentales
Eduardo García Gaspar
12 febrero 2004
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


Tal vez sea ésta una época en la que se prefieren los ejercicios físicos a los mentales y que por eso sean tiempos intelectualmente muy vacíos.

No lo sé. Lo que sí sé es que todos podemos hacer gimnasias mentales con lo que se nos presente en cada ocasión. Vaya un ejemplo de lo que quiero decir con la misa católica un domingo de este mes.

La idea del ejercicio es encontrar lo que hay de común entre las tres lecturas de ese día, que es lo que me puse a hacer dada la homilía un tanto perdida.

La primera lectura era del profeta Isaías y narra una visión del profeta, que ve al Señor y dice, “¡Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros…”. Me parece claro que se trata de una actitud de humildad, que es precisamente la misma idea que tiene el evangelio de ese día.

En la lectura de San Lucas, se narra la orden de Jesús, quien manda a Simón a echar las redes para pescar. Simón obedece, con mucha fe, pues ya lo ha intentado sin éxito.

El resultado es una pesca abundantísima, que casi hunde las barcas. Ante esto, Simón Pedro dice a Jesús, “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. Otra actitud de humildad sin duda. Isaías y Pedro, cuando están frente a Dios, se reconocen imperfectos e indignos de esa presencia.

Ése es el ejercicio que le invito a hacer cada vez que pueda intentarlo. Después de esas tres lecturas, casi como en un juego, intente usted descubrir lo que tienen en común. A veces es sencillo, otras veces no lo es.

Se trata de entretener la mente y ejercitarla. Es divertido y siempre encontrará alguna lección aplicable a la vida propia. Hay un pero, pues usted ahora me está reclamando algo.

Ya mencioné dos lecturas, pero falta la tercera, la carta de Pablo a los corintios. ¿Tiene ella ese mismo mensaje de reconocimiento de la imperfección propia?

Desde luego, pues en ella escribió. “… Finalmente, se me apareció (Jesús resucitado) a mí también, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol…”

Es decir, la misa de ese domingo está exaltando la humildad frente a Jesús.

Más claro no podría estar. Sin embargo, hay algo que no es muy congruente, al menos en apariencia. Mientras que en Isaías, en Pablo y en Lucas, se menciona esa actitud loable de humildad frente a Dios, la epístola de Pablo tiene una parte que puede verse como lo contrario.

Dice esa parte, “Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia (de Jesús) no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos (los apóstoles)…”

Pablo, aquí, para el descuidado, da una impresión de presumido cuando afirma que ha trabajado más que los demás, una frase común entre quienes no se sienten reconocidos. No deja de tener una dosis de arrogancia decir eso, señalando claramente que los demás quizá no hayan hecho lo que debieran.

Por tanto, si usted se encuentra jugando este juego, debe explicar esta incongruencia. Por mi parte, después de pensar sobre esto, encuentro dos explicaciones.

Una es muy sencilla, la parte de esa misma frase que dice a continuación, “… aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo.” Es decir, Pablo da el mérito total de su trabajo a Dios, otra forma, más refinada, de expresar humildad.

Más aún, a pesar de algunas desavenencias entre ellos, Pablo reconoce a Pedro como la cabeza de la Iglesia, incluso a pesar de la superioridad intelectual de Pablo. Una acción extraordinaria.

En fin, lo que he querido hacer en esta segunda opinión es salirme de los temas de todos los días y sugerirle la idea de un juego intelectual, que es interesante y requiere pensar.

Cuando vaya a misa, después de las tres lecturas, intente encontrar qué cosa tienen en común ellas. Hacer eso es, de cierta manera, hablar con Dios, pues esas lecturas son de Él.

Y suele ayudar cuando la homilía es mala, como me pasó ese domingo. Usted ya me ha leído al respecto, quejándome de algunos sacerdotes bien preparados en todo menos en hacer homilías, lo que en última instancia me produce inquietud por el tiempo desperdiciado.

Hay veces que me digo, “demasiados cantos que distraen, no dejan hablar con Dios y muy poca explicación en las homilías”. En fin, juegue a encontrar el común denominador y le terminará gustando el juego. Se lo garantizo.

Esta columna fue el nacimiento de una serie de columnas posteriores que aparecen en la sección de ASUNTOS cada viernes y que intentan eso: encontrar el común denominador de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo. Y el detonador de todo fue un querido amigo, sacerdote, que me invitó a hacerlo.

Las llamé Textos de un Laico.


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