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El sentido de las penas y castigos legales. Si hay leyes eso significa que hay sanciones para quien las viole. ¿Como debe ser esos castigos legales para que cumplan con su meta?

Introducción

Para vivir en sociedad son necesarias las leyes. Si existen leyes, por necesidad lógica, existen castigos para quienes las violen. El estudio de las penas legales es conveniente y útil para mejorar a la sociedad.

Y si ese análisis de las penas se hace con sentido común, habrá aún mayores beneficios para los ciudadanos. 

Los tiempos de Beccaria, el economista italiano más famoso como jurista, eran sin duda tumultuosos. Eran los momentos de A. Smith, de Condorcet, de la Ilustración. De un choque entre visiones diferentes del mundo. 

Para esos tiempos, sin duda, la aportación del autor es una inmediata en el suavizar los terribles castigos dados a los delincuentes. Para nuestra época, la contribución del italiano es la de proveernos con sentido común en la elaboración de nuestras leyes.

La idea que es tema de esta carta es de Beccaria, Cesare, De los delitos y de las penas. Madrid. Alianza Editorial, pp 31, 39, 51, 67, 79 y 115.

La sociedad en sus inicios

Recordar el sentido común de Beccaria es un buen ejercicio actual, en momentos en los que quizá hemos olvidado los principios básicos y lógicos de las leyes.

Las fiebres legislativas de muchos países han ocultado esa lógica sencilla de la ley y sus propósitos al conocer los delitos. Beccaria trae a la mesa el sentido que deben tener las penas y castigos legales.

Al tratar el tema de los delitos y de las penas para esos delitos, Beccaria hace mención del inicio de la sociedad.

En resumen, dice que los hombres estaban cansados de vivir en un sistema de libertad muy difícil de mantener por las constantes guerras, y que decidieron unirse en una sociedad.

Esa es la razón de la pérdida de un poco de su libertad original, por la que pudieron emitir disposiciones para poder vivir en común.

Una ley significa un castigo

Las leyes y su respeto implica necesariamente la existencia de penas para quienes las transgreden.

La misma existencia de una ley supone, por tanto, la existencia de un castigo cuya razón de ser es contener los ánimos e inclinaciones de quienes desean quebrantarlas.

Si existe una ley, esa existencia misma supone la posibilidad de ser violada y esa violación implica necesariamente la existencia de un castigo.

A partir de allí, Beccaria hace una serie de consideraciones sobre las penas legales. Consideraciones que refuerzan el sentido que deben tener las penas y los castigos legales.

Proporcionalidad

Una de las más básicas consideraciones es la proporción entre el delito cometido y la pena. A una contravención grande debe corresponder un castigo correspondiente a su extensión.

Dice Beccaria que la idea es que no existan delitos, desde luego, pero lo que más interesa es que los delitos que más daño causan sean los menos frecuentes.

Objetivo

En otra parte de su pequeño libro, habla de los objetivos de las condenas y sanciones.

Su propósito no es deshacer un delito, ni tampoco afligir a un ser humano. El fin de las penas es impedir que el culpable cause nuevos delitos y apartar a los demás de cometerlos.

Quizá en palabras más actuales, pueda hablarse de las penas como un incentivo negativo de los actos criminales.

Es esta la razón por la que las penas deben ser diseñadas considerando la impresión que ellas producen en el resto de la sociedad, al mismo tiempo que tener el castigo menos doloroso para el delincuente.

Es una especie de equilibrio entre una fuerte impresión causada al ciudadano y el menor daño infligido en el criminal. Parte importante del sentido que deben poseer las penas y castigos legales.

Pronto castigo

Las penas, además, tienen un marco de tiempo importante para su efectividad. La pena es más justa cuanto más pronto es dada.

Igualmente, la razón de esto es el poco desarrollado entendimiento del ciudadano, quien no debe dejarse llevar por los hechizos del delito y a esto ayuda la inmediatez del castigo legal.

Suavidad y certeza

Uno de los apartados de la obra está dedicado a la dulzura de las penas. Es obvio que una preocupación de Beccaria, quien es un opositor de la pena de muerte, es el trato al criminal.

Sobre esto, afirma que el freno a los delitos no es la dureza de los castigos, sino su infalibilidad.

Es decir, importa mucho más la certeza de ser castigado aunque la pena sea benévola, que la existencia de castigos enormes si no existe una seguridad de castigo.

Esa infalibilidad de recibir el castigo hace necesaria la existencia de la vigilancia de los magistrados y la severidad del juez dentro de leyes suaves.

Para tener certeza de recibir un castigo, es lógico requerir una policía efectiva y un sistema de impartición de justicia eficiente, con jueces rigurosos que apliquen preceptos moderados.

Castigos ciertos

De nuevo surge esa idea central acerca del sentido de las penas y los castigos legales.

La percepción por parte del criminal de un castigo cierto por su delito es una mucho más efectiva contención de las transgresiones legales, que la existencia de castigos magnos sin la certeza de recibirlos.

Más aún, la existencia de grandes y crueles castigos es una invitación a la realización de aún mayores esfuerzos para eludir la pena.

Dice el autor que los castigos eficaces sentencian al criminal solo un poco por encima del beneficio que le produjo el delito cometido.

Conclusión

A manera casi de conclusión, Beccaria sostiene ideas de gran sentido común. Las que completan el sentido y la intención de las penas y los castigos legales.

Dice que hay muchas más ventajas en tratar de prevenir los delitos que en castigarlos.

Pero que si se intenta prohibir todo lo que en algún momento puede invitar al crimen, lo que se estaría haciendo es quitar a las personas todos sus sentidos.

La prevención de delitos puede hacerse teniendo leyes que sean claras y simples, que todos entiendan sin confusiones. Así, las personas van a estar más ocupadas en defender esas leyes que es deshacerse de ellas.

Las leyes son lo único que debe temer el ciudadano. Ese temor a la ley es sano en las personas. Pero el temor a otro hombre es fatal en una sociedad.

Y unas cosas más…

En Criminales racionales: crimen y Economía pueden verse más consideraciones sobre la interacción entre la mente del delincuente y la ley.

También, en Dos visiones políticas, el origen de desacuerdos, se trata un tema relevante. La existencia de dos modos de entender al crimen y lo que ello causa.

[La columna fue revisada en 2019-08]